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instrumentación
de los acuerdos adoptados en Río de Janeiro, en 1992. Esta
reunión se celebrará en Johannesburgo, Sur África,
en junio del 2002, a diez años de la Cumbre de la Tierra.
La oportunidad luce apropiada entonces, para hacer un balance y
adoptar nuevos acuerdos que revigoricen el compromiso de los estados
de trabajar en pro de un desarrollo sustentable.
Entre los que hemos seguido el proceso durante los últimos
diez años, tiende
a prevalecer la impresión que si bien se han alcanzado avances
importantes
en el campo institucional, del derecho ambiental internacional y
sobre to-
do en lograr una comprensión más clara y generalizada,
sobre el signi-
ficado integral de un desarrollo sustentable, estos progresos están
muy lejos de satisfacer las esperanzadoras expectativas que sur-
gieron de Río de Janeiro.
En la instrumentación de la Agenda 21, que fué
uno de los com-
promisos centrales adquiridos por los gobiernos, hablando en
términos concretos, destacan las siguientes fallas:
1. No se han hecho adelantos suficien-tes en la modificación
de
los patrones de producción y consumo, causantes de la crisis
ecológica mundial.
2. La instrumentación del desarrollo sustentable no ha contribuido
a la reducción de la pobreza en el mundo. Al contrario, lo
que se ob-
serva es un agravamiento de esta ominosa situación.
3. Los compromisos adquiridos por los países desarrollados,
en cuanto a
movilizar un flujo de recursos financieros nuevos y adicionales
para adelantar
el desarrollo sustentable en el Tercer Mundo, no cristalizaron.
4. Tampoco han sido honrados los compromisos de facilitar la transferencia
de tecnologías ambientalmente apropiadas, por parte de los
países generadores de ellas.
5 . Mientras tanto, como lo demuestran algunos informes sobre perspectivas
ambientales tales como el Global Environment Outlook, 2000, que
elabora el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA) y otras instituciones como el Instituto de Recursos Mundiales
de los EE.UU. el deterioro de los ecosistemas y el empobrecimiento
de la biodiversidad, continúa a un ritmo preocupante.
Para hacer más pesimista esta situación,
ha comenzado a constatarse a nivel mundial, que el proceso de globalización
económica, supuestamente inductor de un mayor crecimiento
para todos los países, como consecuencia del aumento de los
intercambios comerciales y de la movilización de recursos
financieros adicionales, lo que está generando son mayores
desequilibrios económicos, pobreza y tensiones sociales.
Frente a este cuadro nada auspicioso, aquí someramente
expuesto, la Cumbre de Johannesburgo sobre Desarrollo Sustentable,
puede resultar un gran fiasco internacional, o por el contrario
constituir una oportunidad para que todos los países, los
industrializados y los del Sur, hagan su introspección y
decidan reestablecer los compromisos que no han honrado.
Este es el gran reto que ofrece Johannesburgo, ante
una opinión mundial mucho mas conciente y una sociedad civil
mejor organizada y motivada para lucharpor un desarrollo con el
calificativo de sustentable.
La América Latina y el Caribe se están
preparando para concurrir con redobladas expectativas a Johannesburgo.
Como ha sido expuesto en un documento preparado por un grupo de
persona-
lidades y representantes de organizaciones de la sociedad civil,
para la región las prioridades de cara a Johannesburgo son:
- La erradicación de la pobreza en todas sus
formas
- Un crecimiento económico robusto y sostenido
- La conservación y la utilización sostenida
de la rica biodiversidad que tenemos
- Reformas políticas e institucionales para profundizar
la democracia y la libertad, como vía
para lograr una sociedad civil mejor
organizada y empoderada, que abogue vigorosamente
por la mejora en la calidad de vida de todas
los habitantes
- Mas voluntad política de parte de los gobiernos
para instrumentar las estrategias de
desarrollo sustentable
- La obtención a través de la cooperación
y solidaridad internacional, de la asistencia técnica
y financiera para concretar las estrategias de
desarrollo sustentable.
A Johannesburgo hay que ir con una clara visión
de estas prioridades regionales, de manera que los acuerdos a negociarse
respondan en la medida de lo posible a lo que para nosotros es verdaderamente
importante.
A Johannesburgo
debemos ir pues, sin expectativas desmesuradas, pero abiertos a
participar en todas las alianzas que puedan darse en pro de la causa
del desarrollo sustentable. De dichas alianzas no hay que excluir
anticipadamente a los países industrializados, ya que existen
algunos, como el caso de los países nórdicos, que
han sido mucho mas consecuentes con los acuerdos de Río de
Janeiro, que una buena parte de los países en desarrollo.
Finalmente, en
Johannesburgo hay que lograr que los representantes de los estados
oigan más a las organizaciones de la sociedad civil. La experiencia
está demostrando que la voz de la sociedad civil es mucho
más diáfana y acertada cuando se trata de proteger
el futuro de las próximas generaciones.
* Ingeniero, ex Ministro del Ambiente, Director
de Ecology and Environment.
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