En efecto, el criollísimo vocablo “conuco”
es presentado en la mencionada ley como un paradigma de productividad
agrícola, además de atribuírsele la grave responsabilidad
de ser “fuente histórica de la diversidad agraria”
nacional.
Podemos suponer las buenas intenciones que motivaron
a los redactores de esta metáfora agroecológica referida
al “conuco” (propia de un programa de extensión
agrícola y no de un texto legal), sin embargo pensamos que
ello no solo es insuficiente, sino que además da pie a polémicas
estériles, soslayando la fundamentación científica
que debe respaldar los argumentos jurídicos de quienes pretendan
legislar sobre manejo agrícola y cuestiones agrarias.
Ciertamente, la voz indígena –Konuko- es
un venezolanismo rico en significados culturales dentro del contexto
de una sociología vernácula. Sin embargo, como concepto
operativo, el “conuco” es un término demasiado
vago y ambíguo para definir jurídicamente un sistema
de producción agrícola. La imprecisión queda
evidente cuando intentamos definir y caracterizar un modelo agrícola
a través de la noción popular que se tiene del conuco
criollo: ¿es el conuco makiritare la pauta a seguir?, ¿es
acaso el conuco andino?, ¿ O será entonces el conuco
costeño?.
Estas simples preguntas nos inducen a pensar entonces
que no existe un solo tipo de “conuco”, sino que, por
el contrario, éste puede ser definido de diversas maneras
de acuerdo a las características culturales y ambientales
de cada región y de cada país.
Tendremos que reconocer entonces que los elementos fundamentales
que constituyen la esencia del conuco venezolano son comunes a otras
culturas campesinas del mundo. La noción general del conuco
confluye en una parcela de terreno dedicada al cultivo de especies
vegetales
y cría de animales domésticos, con el objeto de asegurar
los alimentos que constituyen la dieta básica diaria de una
familia de agricultores que trabaja dicha parcela, ubicada por lo
general en un área cercana a su residencia. Todos los otros
elementos que pueden agregarse a esta noción general corresponden
a expresiones de regionalismos culturales y a la utilización
particular de técnicas de manejo agrícola, sean buenas
o malas, tradicionales o modernas.
De allí que para resolver el falso dilema ideológico,
creado en torno la idoneidad del conuco como alternativa de política
agraria, es necesario modificar la perspectiva del análisis.
Se trata, ante todo, de situar la palabra “conuco” en
su justo contexto. Para ello, bien valdría la pena utilizar
el término castellano, que no es otro que el de huerto casero
o huerto familiar.
Desde la perspectiva de la ecología social, el
estudio de los huertos caseros como sistema productivo es un campo
de investigación particular dentro del estudio de los ecosistemas
agrícolas. Dado el interés de la agroecología
por comprender los niveles de interacción entre hombre y
naturaleza, los estudios sobre huertos caseros no se limitan a consideraciones
biológicas, sino que persiguen, a su vez, una comprensión
de la estructura social, económica y política que
caracteriza a este sistema de producción tradicional. Por
otra parte, las inves-
tigaciones recientes han profundizado el estudio de la agroecología
tropical, razón por la |