La Red Internacional de Ríos es una organización
sin fines de lucro con sede en Berkeley, California en los Estados
Unidos, creada en 1986 por un grupo de hidrólogos, ingenieros
y ambientalistas que buscaban alternativas al uso generalizado de
métodos destructivos para el aprovechamiento y desarrollo
de los ríos. Su objetivo es detener y revertir la degradación
de los ecosistemas fluviales; apoyar a las comunidades locales;
proteger y restablecer el bienestar de la gente, de las culturas
y de los ecosistemas que dependen de los ríos; y promover
alternativas sustentables a la construcción de represas y
a la canalización de los ríos.
El trabajo de esta organización en América
Latina incluye trabajar con grupos de personas afectadas por las
represas, organizaciones de base, grupos ambienta listas y de derechos
humanos, científicos y especialistas, con el propósito
refomentar una mayor comprensión, conciencia y respeto por
los ríos, y apoyar la lucha por la integridad ambiental y
la justicia social. Actualmente trabajan con organizaciones locales
en Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Bolivia, Costa Rica., a través
de la Red Latinoamericana por los Ríos y la Gente, la cual
fue creada por el interés de establecer un intercambio de
experiencias, luchas y visiones entre los grupos de afectados, ambientalistas
y de derechos humanos, organizaciones civiles y grupos de apoyo
técnico.
Además de su activismo ecológico frente
a proyectos de desarrollo no sus tentables que amenazan los ecosistemas
fluviales, vale destacar las iniciativas del equipo multidisciplinario
de la Red Internacional de Ríos en la difusión del
uso de energías alternas como la energía eólica,
la energía solar y el gas natural; y la promoción
en la construcción de pequeñas represas hidroeléctricas
para poblaciones rurales.
En Venezuela, si bien existe una dilatada experiencia
en el manejo y planificación ambiental de los recursos hídricos,
gracias a las políticas desarrolladas por el Ministerio del
Ambiente desde su creación; no por ello han dejado de cometerse
graves daños a los sistemas fluviales del país. La
desviación del río Arauca en la frontera colombiana,
el fiasco de los módulos de Apure, el desastre del Caño
Mánamo, la paulatina destrucción de la Cuenca del
Caroní y el deterioro de las cuencas que alimentan los embalses
que surten las principales ciudades del país, son tan solo
algunos ejemplos de la crítica situación de los ríos
venezolanos.
La confusión política del momento impide
visualizar la orientación definitiva que tomarán las
políticas de desa rrollo del Estado venezolano.
Ante una eventual reedición en la aplicación
de modelos desa-rrollistas que favorezcan mega-proyectos petroleros,
mineros, madereros y fluviales, como el Cristóbal Colón,
la intervención de la Reserva Forestal de Imataca o el Eje
Orinoco-Apure, los ambientalistas venezolanos harían bien
en establecer contactos, desde ahora, con las redes de información
y apoyo internacional que pueden brindar organizaciones como la
Red Internacional de Ríos.
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