La advertencia de las

Rafael Cartay *

     
       Vacas Locas
   
 
   
  La tragedia debería servir como advertencia, o, al menos, como una lección para el futuro. En 1986 se registró el primer caso de Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) en Gran Bretaña, conocido  
 

entonces como el mal de la vaca loca, porque el animal afectado iba perdiendo progresivamente su capacidad locomotora y era presa de un agudo nerviosismo.
  La tragedia debería servir como advertencia, o, al menos, como una lección para el futuro. En 1986 se registró el primer caso de Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) en Gran Bretaña, conocido entonces como el mal de la vaca loca, porque el animal afectado iba perdiendo progresivamente su capacidad locomotora y era presa de un agudo nerviosismo. Luego moría. Entonces, se sabía muy poco sobre esa enfermedad: se desconocía el agente infeccioso y su comportamiento, así como la posibilidad de que la enfermedad se transmitiera a los humanos. En realidad, se contaba con pocas pistas al respecto. Se sabía que una enfermedad parecida, el scrapie o tembladera, había afectado a los rebaños de ovinos ingleses hacía más de 200 años. Un antropólogo se había, por su parte, referido a una enfermedad que afectaba a los indígenas del grupo de los Foré, de las tierras altas de Nueva Guinea. Se traba del Kuru o enfermedad de la risa, porque las personas afectadas por ese mal reían hasta morir. Parecía que reían. Pero, en realidad, las víctimas perdían el control de su sistema nervioso y morían. Pasarían sin embargo muchos años para se establecieran las vinculaciones entre esos males y se comenzara a ver claro en el asunto. Los investigadores encontraron que los indígenas afectados eran las mujeres y las niñas, que se encargaban de los sitios funerarios de los familiares muertos. En tales prácticas, ellas comían parte del cerebelo del pariente fallecido, incurriendo en canibalismo. Prusiner, otro investigador, más tarde Premio Nobel de Medicina, descubrió que la enfermedad no era transmitida por un virus o una bacteria, sino por una proteína que llamó "prión". Ahora resultaba más fácil armar las piezas del rompecabezas, para asociar el mal de las vacas locas o EEB a las enfermedad de Creutzfeldt - Jakob y a otras encefalopatías que afectan a los humanos.
  Todas esas enfermedades tienen un punto en común: se manifiestan, sin ningún síntoma, tras un largo período de incubación y son mortales. En el ser humano, los estragos son muy severos, tanto en su fase psíquica (modificación del comportamiento y de la personalidad, y trastornos de la memoria) como en su fase orgánica (postración, demencia, diestesia). El mal de la Vaca Loca viene como consecuencia de la práctica de alimentar al ganado bovino con harinas elaboradas con carne y huesos molidos y otros despojos de animales, tanto de bovinos como de ovinos, algunos de ellos contaminados. Al bovino la enfermedad se transmitía a través de las harinas animales contaminados, y del bovino al hombre por vía oral, por ingestión de carne. Al descubrirse la raíz del mal se tomaron medidas de control sanitario, pero ya era tarde, porque el período en que se incuba la enfermedad es muy largo y puede ser superior a los diez años. Se prohibió, desde 1988, el uso de harinas cárnicas para alimentar a los rumiantes; se realizan tests de detección de la enfermedad en animales mayores de 30 meses; se retiran los materiales específicos de riesgo (cráneo, incluido el encéfalo y los ojos; el intestino completo, etc.). El mal ya estaba hecho: se había eliminado millares de reses, se había gastado mucho dinero en el control de la enfermedad (aún no definitivamente controlada) y se había sembrado la desconfianza en el consumidor con respecto a sus alimentos. Y todo por la falta de control sanitario de parte de los organismos públicos y por esa insaciable sed de enriquecimiento de algunos productores a costo del sufrimiento de los demás, no por maldad sino por ignorancia al modificar las leyes de la naturaleza, en busca de un mayor beneficio económico en un plazo más corto. Pero la tragedia debería habernos servido de advertencia.

* Prof. de Economía de la ULA. Investigador y escritor sobre temas agroalimentarios

 

 
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