El nuevo Plan de Desarrollo Territorial de Venezuela repite los errores del pasado
El mito del desequilibrio territorial
Consecuencias negativas de una visión centralista  
Andrés Rojas *
 
  ¿Están los venezolanos mal distribuidos en sus ciudades y regiones?, ¿qué relación existe entre calidad de vida y concentración poblacional?, ¿cuáles serán las consecuencias del nuevo plan de ordenamiento para la organización de la sociedad venezolana?, ¿cuáles serán sus impactos ambientales…?  
 

Un nuevo plan con vieja óptica

  Si se examina el Primer Plan de Desarrollo Territorial de Venezuela (1999) se ve la orientación que el gobierno de Hugo Chávez busca darle a este asunto, a partir de una evaluación de lo ocurrido en el pasado; es decir, hace un diagnóstico, quiere corregir unas tendencias y obtener unos resultados que contribuyan a mejorar la calidad de vida.
  La experiencia demuestra que el éxito de estos objetivos depende, al menos, de tres factores: 1) Que el diagnóstico sea acertado. 2) Que exista la voluntad real y los recursos para encarar los planes. 3) Que ellos interpreten con fidelidad los intereses de los ciudadanos; de lo contrario se pueden causar daños irreversibles que lesionan el patrimonio ambiental y refuerzan las desigualdades sociales.
  Aquí se analizan las propuestas gubernamentales de la Quinta República para evaluar sus posibilidades de éxito. El plan citado parte del siguiente diagnóstico: En Venezuela se ha generado “...un proceso de ocupación territorial con marcada tendencia hacia la concentración de población y de actividades productivas en algunos núcleos urbanos. Esta desequilibrada ocupación del territorio le ha restado dinamismo a la provincia y creado graves problemas en sus principales ciudades” (pp.1).
  En algunas partes del plan se atribuye a la excesiva concentración y a los desequilibrios regionales las causas de la gravedad de la pobreza y el deterioro ambiental; y se señala reiteradamente al modelo neoliberal aplicado en los últimos 10 años como el res-ponsable de tan nefastos resultados (pp. 1-4).
  El plan de la revolución bolivariana, consecuente con su diagnóstico, propone como objetivo “...un proceso de ocupación territorial más equilibrado...la extensión de la frontera efectiva de ocupación hacia el sur, sobrepasando el eje Orinoco-Apure”. Esto se realizará estimulando tres ejes desconcentradores: el occidental Maracaibo-Guasdualito, el oriental Margarita- Ciudad Guayana y el Orinoco-Apure. Es decir, propiciar que quienes viven en Caracas y sus alrededores se trasladen hasta estos nuevos ejes.
  El plan sostiene que es inconveniente que un 40 % de la población y los más importantes recursos de capital se concentren en un 2% del territorio (en el centro-norte), mientras hay despoblamiento y una inmensa cantidad de recursos naturales en la franja media y sur del país. En consecuencia, el plan se propone metas de fortalecimiento e incentivos especiales en

áreas de servicios para Barquisimeto, Maracaibo, Barcelona, San Cristóbal y Ciudad Guayana; mas no para Caracas, Maracay y Valencia por considerar que ya tienen un dinamismo propio. (p 12).
  El plan señala el fortalecimiento de: Maturín, El Tigre, Valle la Pascua, Calabozo, Barinas, El Vigía, La Fría, Machiques, Tumeremo, Santa Elena de cuando la dinámica Puerto Nutrias-Bruzual, San Fernando de Apure y Caicara-Cabruta. Se quiere que la gente se vaya a vivir a esas ciudades, porque allí, dice el plan, están los recursos y porque hay que equilibrar la ocupación del territorio.
 

Un problema de diagnóstico

  Es necesario puntualizar que la apreciación sobre desequilibrio territorial ya formaba parte de los los diagnósticos anteriores de los planes de la Nación, elaborados mucho antes de las medidas neoliberales (1989); es decir, el nuevo plan ratifica esos diagnósticos, pero aduce otra causa del desequilibrio -el neoliberalismo-, aun cuando éste no existía para el período que abarcan aquellos planes (1961-1989). Esos planes recurrieron a las metas “equilibradoras” y obtuvieron resultados contrarios.
  A diferencia de los anteriores, este plan no considera los efectos que tiene el petróleo en la sociedad venezolana como causal importante de los resultados socio-territoriales, pero a semejanza de ellos recurre a una distribución centralizada del ingreso petrolero para revertir las mismas tendencias de movilización poblacional que ellos no pudieron frenar. Así que la probabilidad de que fracase es bastante alta, como fracasaron los otros. Es más de lo mismo.
¿En qué se sustentan los calificativos de desequilibrio e hiper-concentración de los diagnósticos de todos los planes? A juzgar por lo que aducen pareciera que la concentración es inevitablemente negativa, que sobrepasado un cierto nivel de ella habría que frenarla y revertirla. ¿Cuál es esa medida? En los planes de la nación, ni en la literatura venezolana sobre el tema aparece tratado este aspecto. ¿Es acaso un valor internacional que permite, con respecto a el, definir como hiper-concentrado o desequilibrado a unos ciertos valores de densidad poblacional? No, ese valor no existe. Hay altísimas concentraciones poblacionales tanto en sociedades muy desarrolladas como en países muy pobres.

Concentraciones territoriales

  Todos los países de la comunidad europea tienen densidades superiores a las de Venezuela, salvo Suecia; y la de Estados Unidos es semejante a la de Venezuela (26,4 hab./Km2), mientras que la de Japón es de 333 hab./Km.2 (año 1998). Al menos desde ese patrón no somos demasiados en relación al tamaño de nuestro territorio. ¿Será que, comparativamente, estamos mal distribuidos dentro de el?.
  Japón concentra el 40 % de su población en el 1% de su territorio y es uno de los países con más alto Índice de Desarrollo Humano (IDH); Noruega tiene las 9/10 partes de su territorio deshabitado y está entre los 5 países con mayor IDH (1995). Para 1991, el 33,5 % de la población de Argentina estaba concentrada en el 0,13 % de su territorio y su IDH se ubica entre los de nivel alto. Para 1990 el 28 % de la población de Venezuela se concentraba en un 2,3% del territorio (los estados Carabobo, Aragua, Miranda y el Distrito Federal); su IDH está entre los valores medios. Esta comparación demuestra que Venezuela tiene bastante menos concentración que países con mejor calidad de vida, y también que no hay una relación directa, proporcional entre concentración poblacional y calidad de vida.
  Descartado que sea una comparación internacional, se llega a la conclusión de que los planes venezolanos asumen que no es del todo bueno que viva mucha gente en un área y poca en otras, por lo cual se proponen programas de estímulos e incentivos para que el capital y la población se desplacen: se lograría así una “mejor” distribución de las actividades en el territorio. En el caso específico del plan del actual gobierno se aduce, además, que equipar las áreas de mayor concentración poblacional exige costos económicos insostenibles.

 
Las densidades urbanas

  Una de las causas de logros tan pobres en los planes respecto al equilibrio poblacional en el territorio venezolano tiene más que ver con un diagnóstico errado y menos con la voluntad de los gobiernos que lo han intentado. Otra parte del fracaso proviene también de asumir la dinámica del territorio con una visión centralista, desvinculada de las fuerzas político-económicas locales; es decir, han sido intentos transformadores que manejan el territorio desde y para los objetivos de intereses centralistas, subestimando lo que desde cada sitio se puede hacer con metas mucho más realistas y plausibles. Lo mismo hace el nuevo plan.
  La distribución territorial desigual de la población dentro de cada país es mundial; pero además, los datos venezolanos distan mucho de los valores de elevadísima densidad que presentan muchas zonas del mundo: El Territorio de Delhi en La India, con 9.294 h/ Km2; el área capital de la provincia de Barcelona en España, con 15.310 h/ Km2; el Distrito Federal en México, con
   

6.336 h/ Km2; el estado de Berlín, con 3.862 h/ Km2; Buenos Aires con 14.827 h/ Km2. El valor más alto para Venezuela lo presenta el Distrito Federal con 1.183 h/ Km2.
  Si se analiza el comportamiento histórico de la dinámica poblacional de los estados de Venezuela entre 1950 y el 2001, se encuentra que los más altos valores de la tasa de crecimiento intercensal promedio para todo el período corresponden a los estados Bolívar (58,3%), Miranda (54,9%), Carabobo ( 52,2%), Aragua (52 %). Excluyendo a Bolívar, por estar fuera del área centro-norte, se constata cómo ha persistido la movilización poblacional hacia el centro, a pesar de las medidas de orientación contraria que los planes han implementado.
  A juzgar por los valores anteriores y los que exhibe el Distrito Federal en el período (27,9 %), se puede concluir que en la proporción en que éste ha atenuado su tasa de crecimiento (alcanzó el segundo mayor porcentaje entre 1950 y 1961, y el más bajo en el período 1990-2001) se han beneficiado los estados anteriormente mencionados, que conforman su entorno inmediato. El nuevo plan busca revertir esta tendencia a fuerza de equipar e incentivar el crecimiento poblacional y las actividades económicas en los llamados ejes desconcentradores, haciendo caso omiso de las fuerzas que han movido a la población hacia el centro.

Las medias verdades

  El argumento oficial de la administración bolivariana con respecto a los enormes costos que exigiría el equipamiento de las áreas ya concentradas es una verdad sólo a medias, que deja de decir la otra mitad: lo que costará el equipamiento de las áreas desconcentradas, tal que resulten atractivas para la población que quiera desplazarse. Porque no se trata de un equipamiento mínimo de ellas, sino de uno superior en atractivos al del área de alta concentración, incluida la expectativa de generación de fuentes de empleo equiparables con las que se tienen en ésta.
  Los detalles en cuanto a recursos naturales existentes en las áreas deshabitadas con que los planes pretenden sustentar sus propuestas es otra verdad a medias, pues se deja de decir algo más importante aún: que el tipo de activos existentes en las áreas donde se concentra la población son, para ésta, mucho más necesarios que aquellos que ofrecen los planes como ventajas en las áreas poco pobladas.
  Así, pues, las bases de la propuesta y el diagnóstico de la administración Chávez tienen un asidero tan débil que no se puede esperar resultados aceptables en relación con los gastos en que se incurre. Lo más grave es que se producirá una agresión ambiental y ecológica muy fuerte de áreas que deberían preservarse en grado sumo (sobre todo en el eje fluvial Orinoco- Apure); pues serán los contrabandistas de la madera, las grandes empresas de construcción y

los cobradores de comisiones los que se beneficiarán de las inversiones en equipamiento y vialidad que ha de realizar el gobierno para el logro de un objetivo de movilización poblacional que, al igual que en el pasado, tiene pocas posibilidades de éxito.
  Las estrategias socio-territoriales del actual gobierno convocan a activar nuevos ejes a punta de enormes inversiones, cuando la dinámica distributiva petrolera seguirá atrayendo hacia el centro y cuando la subestimación (por parte del gobierno central) de los gobiernos locales y estadales para desarrollar sus propias iniciativas parece incrementarse. Se exacerba la situación de un territorio sub-equipado, el centro, que actúa como un imán frente a unas áreas poco pobladas que tampoco alcanzarán un equipamiento satisfactorio, pero que, en el intento sufrirán un daño ecológico y ambiental de proporciones catastróficas.
     

Conclusión

  La administración del Presidente Chávez pareciera no considerar las razones reales de la población para ubicarse en un determinado sitio y, respetándolas, desarrollar el equipamiento de esas áreas, a partir de las iniciativas de los propios estados y municipios, aun los de las zonas más apartadas. Esto multiplicaría los activos de todas las áreas. Así actuaría un gobierno que quisiera aplicar al pie de la letra la definición Constitucional de Venezuela como Estado Federal y Descentrali-zado.
  Es esta orientación la que podría garantizar un resultado positivo en términos de desarrollo y sustentabilidad, al margen del tamaño y la ubicación de las ciudades. La ficción del equilibrio territorial sólo ha conducido hasta ahora al cuadro de déficit de servicios que ya conocemos y a ciudades fantasmas como las de la Conquista del Sur, Ciudad Sucre, Ciudad Zamora. La dinámica socioeconómica y la sabiduría popular apuntan en una dirección contraria a la de nuestros gobernantes y planificadores. Sería bueno encausar esas corrientes y optimizar su empuje, no gastar esfuerzos inútiles en revertirlas, dañando nuestro patrimonio ecológico más preciado y reforzando la acumulada pobreza y precariedad de nuestras ciudades.

* Sociólogo. Instituto de Geografía. Universidad de los Andes.
Correo-e: rojasand@forest.ula.ve

Bibliografía
-Montes, J ; Pacheco, J.L ; Travieso, F (1999):Coord. Primer Plan Nacional de Desarrollo Territorial
S/E. Caracas, febrero de 1999. Este plan aparece también incorporado en :Ministerio de Planificación y Desarrollo (2001): Plan de desarrollo Regional 2001-2007. Caracas. Cfr://www.mpd.gob.ve.
-Negrón, M (2003). La Utopía invertida. Artículos de prensa. Ver: Tal Cual, 21-01-03 y 04-02-03. Caracas.
-http://www.ine.es

 
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