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¿Están
los venezolanos mal distribuidos en sus ciudades y regiones?, ¿qué
relación existe entre calidad de vida y concentración
poblacional?, ¿cuáles serán las consecuencias
del nuevo plan de ordenamiento para la organización de la
sociedad venezolana?, ¿cuáles serán sus impactos
ambientales…? |
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Un
nuevo plan con vieja óptica
Si se examina el Primer Plan de Desarrollo Territorial
de Venezuela (1999) se ve la orientación que el gobierno
de Hugo Chávez busca darle a este asunto, a partir de una
evaluación de lo ocurrido en el pasado; es decir, hace
un diagnóstico, quiere corregir unas tendencias y obtener
unos resultados que contribuyan a mejorar la calidad de vida.
La experiencia demuestra que el éxito de estos
objetivos depende, al menos, de tres factores: 1) Que el diagnóstico
sea acertado. 2) Que exista la voluntad real y los recursos para
encarar los planes. 3) Que ellos interpreten con fidelidad los
intereses de los ciudadanos; de lo contrario se pueden causar
daños irreversibles que lesionan el patrimonio ambiental
y refuerzan las desigualdades sociales.
Aquí se analizan las propuestas gubernamentales
de la Quinta República para evaluar sus posibilidades de
éxito. El plan citado parte del siguiente diagnóstico:
En Venezuela se ha generado “...un proceso de ocupación
territorial con marcada tendencia hacia la concentración
de población y de actividades productivas en algunos núcleos
urbanos. Esta desequilibrada ocupación del territorio le
ha restado dinamismo a la provincia y creado graves problemas
en sus principales ciudades” (pp.1).
En algunas partes del plan se atribuye a la excesiva
concentración y a los desequilibrios regionales las causas
de la gravedad de la pobreza y el deterioro ambiental; y se señala
reiteradamente al modelo neoliberal aplicado en los últimos
10 años como el res-ponsable de tan nefastos resultados
(pp. 1-4).
El plan de la revolución bolivariana, consecuente
con su diagnóstico, propone como objetivo “...un
proceso de ocupación territorial más equilibrado...la
extensión de la frontera efectiva de ocupación hacia
el sur, sobrepasando el eje Orinoco-Apure”. Esto se realizará
estimulando tres ejes desconcentradores: el occidental Maracaibo-Guasdualito,
el oriental Margarita- Ciudad Guayana y el Orinoco-Apure. Es decir,
propiciar que quienes viven en Caracas y sus alrededores se trasladen
hasta estos nuevos ejes.
El plan sostiene que es inconveniente que un 40 %
de la población y los más importantes recursos de
capital se concentren en un 2% del territorio (en el centro-norte),
mientras hay despoblamiento y una inmensa cantidad de recursos
naturales en la franja media y sur del país. En consecuencia,
el plan se propone metas de fortalecimiento e incentivos especiales
en |
áreas
de servicios para Barquisimeto, Maracaibo, Barcelona, San
Cristóbal y Ciudad Guayana; mas no para Caracas, Maracay
y Valencia por considerar que ya tienen un dinamismo propio.
(p 12).
El plan señala el fortalecimiento de: Maturín,
El Tigre, Valle la Pascua, Calabozo, Barinas, El Vigía,
La Fría, Machiques, Tumeremo, Santa Elena de cuando
la dinámica Puerto Nutrias-Bruzual, San Fernando de
Apure y Caicara-Cabruta. Se quiere que la gente se vaya a
vivir a esas ciudades, porque allí, dice el plan, están
los recursos y porque hay que equilibrar la ocupación
del territorio. |
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Un
problema de diagnóstico
Es necesario puntualizar que la apreciación
sobre desequilibrio territorial ya formaba parte de los los diagnósticos
anteriores de los planes de la Nación, elaborados mucho
antes de las medidas neoliberales (1989); es decir, el nuevo plan
ratifica esos diagnósticos, pero aduce otra causa del desequilibrio
-el neoliberalismo-, aun cuando éste no existía
para el período que abarcan aquellos planes (1961-1989).
Esos planes recurrieron a las metas “equilibradoras”
y obtuvieron resultados contrarios.
A diferencia de los anteriores, este plan no considera
los efectos que tiene el petróleo en la sociedad venezolana
como causal importante de los resultados socio-territoriales,
pero a semejanza de ellos recurre a una distribución centralizada
del ingreso petrolero para revertir las mismas tendencias de movilización
poblacional que ellos no pudieron frenar. Así que la probabilidad
de que fracase es bastante alta, como fracasaron los otros. Es
más de lo mismo.
¿En qué se sustentan los calificativos de desequilibrio
e hiper-concentración de los diagnósticos de todos
los planes? A juzgar por lo que aducen pareciera que la concentración
es inevitablemente negativa, que sobrepasado un cierto nivel de
ella habría que frenarla y revertirla. ¿Cuál
es esa medida? En los planes de la nación, ni en la literatura
venezolana sobre el tema aparece tratado este aspecto. ¿Es
acaso un valor internacional que permite, con respecto a el, definir
como hiper-concentrado o desequilibrado a unos ciertos valores
de densidad poblacional? No, ese valor no existe. Hay altísimas
concentraciones poblacionales tanto en sociedades muy desarrolladas
como en países muy pobres.
Concentraciones
territoriales
Todos los países de la comunidad europea tienen
densidades superiores a las de Venezuela, salvo Suecia; y la de
Estados Unidos es semejante a la de Venezuela (26,4 hab./Km2),
mientras que la de Japón es de 333 hab./Km.2 (año
1998). Al menos desde ese patrón no somos demasiados en
relación al tamaño de nuestro territorio. ¿Será
que, comparativamente, estamos mal distribuidos dentro de el?.
Japón concentra el 40 % de su población
en el 1% de su territorio y es uno de los países con más
alto Índice de Desarrollo Humano (IDH); Noruega tiene las
9/10 partes de su territorio deshabitado y está entre los
5 países con mayor IDH (1995). Para 1991, el 33,5 % de
la población de Argentina estaba concentrada en el 0,13
% de su territorio y su IDH se ubica entre los de nivel alto.
Para 1990 el 28 % de la población de Venezuela se concentraba
en un 2,3% del territorio (los estados Carabobo, Aragua, Miranda
y el Distrito Federal); su IDH está entre los valores medios.
Esta comparación demuestra que Venezuela tiene bastante
menos concentración que países con mejor calidad
de vida, y también que no hay una relación directa,
proporcional entre concentración poblacional y calidad
de vida.
Descartado que sea una comparación internacional,
se llega a la conclusión de que los planes venezolanos
asumen que no es del todo bueno que viva mucha gente en un área
y poca en otras, por lo cual se proponen programas de estímulos
e incentivos para que el capital y la población se desplacen:
se lograría así una “mejor” distribución
de las actividades en el territorio. En el caso específico
del plan del actual gobierno se aduce, además, que equipar
las áreas de mayor concentración poblacional exige
costos económicos insostenibles. |
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Las
densidades urbanas
Una de las causas de logros tan pobres en los
planes respecto al equilibrio poblacional en el territorio
venezolano tiene más que ver con un diagnóstico
errado y menos con la voluntad de los gobiernos que lo han
intentado. Otra parte del fracaso proviene también
de asumir la dinámica del territorio con una visión
centralista, desvinculada de las fuerzas político-económicas
locales; es decir, han sido intentos transformadores que manejan
el territorio desde y para los objetivos de intereses centralistas,
subestimando lo que desde cada sitio se puede hacer con metas
mucho más realistas y plausibles. Lo mismo hace el
nuevo plan.
La distribución territorial desigual de
la población dentro de cada país es mundial;
pero además, los datos venezolanos distan mucho de
los valores de elevadísima densidad que presentan muchas
zonas del mundo: El Territorio de Delhi en La India, con 9.294
h/ Km2; el área capital de la provincia de Barcelona
en España, con 15.310 h/ Km2; el Distrito Federal en
México, con |
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6.336 h/ Km2; el estado de Berlín, con 3.862 h/ Km2; Buenos
Aires con 14.827 h/ Km2. El valor más alto para Venezuela
lo presenta el Distrito Federal con 1.183 h/ Km2.
Si se analiza el comportamiento histórico de
la dinámica poblacional de los estados de Venezuela entre
1950 y el 2001, se encuentra que los más altos valores
de la tasa de crecimiento intercensal promedio para todo el período
corresponden a los estados Bolívar (58,3%), Miranda (54,9%),
Carabobo ( 52,2%), Aragua (52 %). Excluyendo a Bolívar,
por estar fuera del área centro-norte, se constata cómo
ha persistido la movilización poblacional hacia el centro,
a pesar de las medidas de orientación contraria que los
planes han implementado.
A juzgar por los valores anteriores y los que exhibe
el Distrito Federal en el período (27,9 %), se puede concluir
que en la proporción en que éste ha atenuado su
tasa de crecimiento (alcanzó el segundo mayor porcentaje
entre 1950 y 1961, y el más bajo en el período 1990-2001)
se han beneficiado los estados anteriormente mencionados, que
conforman su entorno inmediato. El nuevo plan busca revertir esta
tendencia a fuerza de equipar e incentivar el crecimiento poblacional
y las actividades económicas en los llamados ejes desconcentradores,
haciendo caso omiso de las fuerzas que han movido a la población
hacia el centro.
Las
medias verdades
El argumento oficial de la administración bolivariana
con respecto a los enormes costos que exigiría el equipamiento
de las áreas ya concentradas es una verdad sólo
a medias, que deja de decir la otra mitad: lo que costará
el equipamiento de las áreas desconcentradas, tal que resulten
atractivas para la población que quiera desplazarse. Porque
no se trata de un equipamiento mínimo de ellas, sino de
uno superior en atractivos al del área de alta concentración,
incluida la expectativa de generación de fuentes de empleo
equiparables con las que se tienen en ésta.
Los detalles en cuanto a recursos naturales existentes
en las áreas deshabitadas con que los planes pretenden
sustentar sus propuestas es otra verdad a medias, pues se deja
de decir algo más importante aún: que el tipo de
activos existentes en las áreas donde se concentra la población
son, para ésta, mucho más necesarios que aquellos
que ofrecen los planes como ventajas en las áreas poco
pobladas.
Así, pues, las bases de la propuesta y el diagnóstico
de la administración Chávez tienen un asidero tan
débil que no se puede esperar resultados aceptables en
relación con los gastos en que se incurre. Lo más
grave es que se producirá una agresión ambiental
y ecológica muy fuerte de áreas que deberían
preservarse en grado sumo (sobre todo en el eje fluvial Orinoco-
Apure); pues serán los contrabandistas de la madera, las
grandes empresas de construcción y |
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los
cobradores de comisiones los que se beneficiarán de
las inversiones en equipamiento y vialidad que ha de realizar
el gobierno para el logro de un objetivo de movilización
poblacional que, al igual que en el pasado, tiene pocas posibilidades
de éxito.
Las estrategias socio-territoriales del actual
gobierno convocan a activar nuevos ejes a punta de enormes
inversiones, cuando la dinámica distributiva petrolera
seguirá atrayendo hacia el centro y cuando la subestimación
(por parte del gobierno central) de los gobiernos locales
y estadales para desarrollar sus propias iniciativas parece
incrementarse. Se exacerba la situación de un territorio
sub-equipado, el centro, que actúa como un imán
frente a unas áreas poco pobladas que tampoco alcanzarán
un equipamiento satisfactorio, pero que, en el intento sufrirán
un daño ecológico y ambiental de proporciones
catastróficas. |
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Conclusión
La administración del Presidente Chávez
pareciera no considerar las razones reales de la población
para ubicarse en un determinado sitio y, respetándolas,
desarrollar el equipamiento de esas áreas, a partir de
las iniciativas de los propios estados y municipios, aun los de
las zonas más apartadas. Esto multiplicaría los
activos de todas las áreas. Así actuaría
un gobierno que quisiera aplicar al pie de la letra la definición
Constitucional de Venezuela como Estado Federal y Descentrali-zado.
Es esta orientación la que podría garantizar
un resultado positivo en términos de desarrollo y sustentabilidad,
al margen del tamaño y la ubicación de las ciudades.
La ficción del equilibrio territorial sólo ha conducido
hasta ahora al cuadro de déficit de servicios que ya conocemos
y a ciudades fantasmas como las de la Conquista del Sur, Ciudad
Sucre, Ciudad Zamora. La dinámica socioeconómica
y la sabiduría popular apuntan en una dirección
contraria a la de nuestros gobernantes y planificadores. Sería
bueno encausar esas corrientes y optimizar su empuje, no gastar
esfuerzos inútiles en revertirlas, dañando nuestro
patrimonio ecológico más preciado y reforzando la
acumulada pobreza y precariedad de nuestras ciudades.
* Sociólogo.
Instituto de Geografía. Universidad de los Andes.
Correo-e: rojasand@forest.ula.ve
Bibliografía
-Montes, J ; Pacheco, J.L ; Travieso, F (1999):Coord. Primer Plan
Nacional de Desarrollo Territorial
S/E. Caracas, febrero de 1999. Este plan aparece también
incorporado en :Ministerio de Planificación y Desarrollo
(2001): Plan de desarrollo Regional 2001-2007. Caracas. Cfr://www.mpd.gob.ve.
-Negrón, M (2003). La Utopía invertida. Artículos
de prensa. Ver: Tal Cual, 21-01-03 y 04-02-03. Caracas.
-http://www.ine.es |
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