El desafío del agua
El recurso más escaso del siglo XXI
 
       
Luchas y conflictos por el control de los acuíferos
Eudes Zambrano *
    La multiplicidad de uso del recurso agua (consumo humano, doméstico o colectivo, consumo industrial, provisión de energía, navegación, recreo, agricultura y pesca), ha generado una grave crisis presionada por la intensificación de su aprovechamiento, y por ende, la necesidad permanente de arbitrar en la gestión hidráulica relacionada con el orden sectorial (eléctrico, industrial, agrícola, urbano, etc.), o de manera más general, en el marco de los intereses contrapuestos económicos y ecologistas. Otros conflictos surgen o enfrentan a los usuarios aguas arriba o los de aguas abajo. Habida cuenta del incremento de las necesidades y de los cambios tecnológicos, esta complejidad de interferencias mutuas va en aumento.
    Se espera que muchos conflictos surjan en los próximos años, en función de la búsqueda del agua; el control de los acuíferos jugará en lo sucesivo un papel nunca antes visto en la historia de la humanidad. Si las reservas de agua dulce están concentradas en 300 ríos mayores y acuíferos subterráneos,

localizados en regiones afectadas por serios problemas socioeconómicos, es de esperar confrontaciones interestatales que pondrían en peligro la paz y la seguridad mundial. De hecho, se habla de que asistiremos en este siglo que comienza a conflictos geopolíticos jamás imaginados vinculados con el recurso agua.
    En el aspecto cuantitativo, el agua aparece como más escasa con la implantación de nuevos usos, así como con la expansión de unos usos tan tradicionales como por ejemplo la irrigación, cuya área mundial de extensión ha sido ya doblada varias veces desde mediados del siglo XIX, y también con el crecimiento del consumo mundial que se duplica cada 21 años, consecuencia directa de la expansión demográfica. En el aspecto cualitativo se refleja en la degradación del capital hídrico por incremento de los vertidos de aguas residuales sin control a las cuencas y de alterógenos específicos que abarcan desde desperdicios tóxicos (agroquímicos, por ejemplo), hasta las rupturas de equilibrios vinculados con la dinámica inherente a las grandes obras estructurales y la expansión incontrolada de industrias contaminantes.
    Es evidente que por todos los medios hay que estimular el desarrollo de una conciencia colectiva sobre los peligros que se ciernen a nivel planetario como resultado de problemas ambientales (la desertificación, por ejemplo), y socioeconómicos de amplio carácter mundial (como las migraciones hacia las grandes ciudades, debidas entre oras cosas a la escasez del agua). El PNUD (1999) refiere que la polución de las aguas provoca numerosas enfermedades intestinales, diarreas y disentería, especialmente en los 1.300 millones de personas que no tienen actualmente acceso al agua en buen estado; pero también que, de no tomarse medidas adecuadas, para el año 2100 sólo el 20% de los habitantes del planeta contará con el preciado líquido.
    La creación de la Comisión Mundial sobre el Agua para el Siglo XXI (El Cairo, 1999), destinada a sensibilizar a la opinión mundial sobre los riesgos de penuria de agua dulce a corto plazo, constituye un punto de inflexión en la problemática apuntada. La provisión de agua dulce está disminuyendo a ritmo acelerado para la población mundial. Una persona de cada cinco ya no tiene acceso al agua potable. Casi una de cada tres no dispone de medios adecuados de saneamiento. Por el agua, de las diferencias verbales, se pasará cada vez más a cruentos enfrentamientos armados por el control de los acuíferos.
    Dentro de estos escenarios cabe preguntarse, ¿cómo manejará Venezuela sus necesidades y disponibilidades del recurso agua, de cara a las crecientes desigualdades que genera el proceso de globalización en intensa competencia y en el medio de los pesados intereses económicos particulares? Aún cuando Venezuela es privilegiada en materia hídrica ya estamos sufriendo consecuencias que vienen incidiendo notablemente en el deterioro del mismo, producto de los patrones de crecimiento poblacional y de las actividades económicas, particularmente sus formas de ocupación del territorio, generando importantes problemas de intervención de los ecosistemas y de abastecimiento de agua apta para el consumo humano, lo cual amerita urgentemente una atención especial donde la participación de la ciudadanía se haga prioritaria en el manejo y administración de dicho recurso.
    Esto quedó reflejado en el sondeo de la percepción de la ciudadanía, cuando en medio de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable (Johannesburgo, 2001), el MARN convocó a un proceso nacional de consulta pública con fines de enriquecer la posición venezolana ante la misma, a través de lo que se denominó un "Perfil de País para Mostrar al Mundo". Entre los principales obstáculos apreciados por la participación ciudadana relacionados con el agua, destaca la violación de los Planes de ordenación Territorial por autoridades regionales y locales, lo que ha conllevado la inadecuada ocupación del territorio nacional, constituyéndose así el principal problema estructural del desabastecimiento del agua, el cual, aparte de la reposición anual de 15% de la red para garantizar la continuidad del servicio, requiere de una alta inversión para satisfacer la creciente demanda del recurso. Por otro lado, también se están presentando conflictos de uso del recurso agua en cuencas eminentemente agrícolas que han derivado en victimas de violencia (caso del Municipio Rangel, Estado Mérida). De este modo, el recurso hídrico está siendo sometido a presiones crecientes a nivel nacional que inciden notablemente en su calidad y disponibilidad.
    A nivel de cooperación internacional en torno al bien más importante de la humanidad, es fundamental esbozar lo resaltado por la esencia normativa de la Carta de la Tierra (Río de Janeiro, 1992), sobre la necesidad de "aceptar que el derecho a poseer, administrar y utilizar los recursos naturales conduce hacia el deber de prevenir daños ambientales y proteger los derechos de las personas". Igualmente, la Conferencia que se celebró el París en 1998, fue un esfuerzo, sin duda, por parte de la comunidad internacional, por hacer un llamado de alerta ante los peligros que se ciernen debido a la disminución de los recursos de agua dulce y a la necesidad de tomar conciencia con el propósito de que la humanidad se apreste, individual y colectivamente, a luchar por la conservación integra del vital recurso, es decir, desde una óptica en la cual la cuenca vertiente aparece a la vez como marco de vida, unidades de gestión, como ámbitos de acción para obtener mejor provecho del mismo y, finalmente, como focos de ósmosis cultural. Todo ello nos lleva a dilucidar que el manejo del recurso agua tiene que ser integral, vinculado con la sustentabilidad de los paisajes geográficos, en su función como generadores de agua, servicio ambiental de primerísima importancia para la sociedad en general.
    Podemos indicar, entonces, que la consecución del fin deseado lejos de ser distante es relativamente sencillo si nos abocamos a ello, mediante la masificación cultural y la voluntad ciudadana y gubernamental por parte de la comunidad mundial en pleno o al menos de las principales organizaciones internacionales, tanto oficiales como no gubernamentales.

* Geógrafo

BIBLIOGRAFÏA:
_Geografía de la Utilización de las Aguas Continentales: Jacques Bethemont. Oikos.tau ediciones. Barcelona, 1980.
_Informe Venezuela Río + 10 : Cumbre Mundial de Desarrollo Sustentable 2001-Johannesburgo.
IFLA ediciones. MARN, Caracas, 2002.
_Una Mirada Al Mundo: Oscar Oramas Oliva. Ediciones Gitanjali-IMC. Mérida, 2003.
REFERENCIAS PERIODÍSTICAS:
_El Nacional: Caracas, 11/04/99. "La agonía de las fuentes", p. E-9
_El Nuevo País: Caracas, 18/03/99. "El agua, poder del futuro", p. 10
_Frontera: Mérida, 18/07/03. "Carta de la Tierra", p. A4


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