Protesta Humanista
Pedro Plaza
 
  La gran crisis económica, política y social que en su entorno étnico sacude a esta nave sideral en que viajamos por el espacio infinito y que llamamos Tierra, sigue amenazando seriamente la raza humana en su totalidad. Pese a que esta amenaza no es nada nueva, porque ella es la continuación de un deterioro general detectado y denunciado muchos años atrás por personas estudiosas del devenir humano, hoy los líderes del mundo están tratando de solucionarla apurados por el agudo incremento de la misma crisis que extendió sus tentáculos siniestros hasta la misma naturaleza y su sistema ecológico, fuente ahora agotable de la misma vida. En este empeño y buscando soluciones, los humanos ensayan diversos métodos o proposiciones que engloban todos los organismos sociopolíticos y convocan conferencias como la de Las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo recién celebrada en Río de Janeiro, o llaman a consideraciones sobre el mismo caso en el Parlamento Europeo, el Club de Roma y tantos otros. En cada uno de ellos se radiografía la
 
 

problemática, se llegan a conclusiones y se exige su aplicación inmediata, pero la crisis continúa avanzando a pasos agigantados y todo parece que se agudizará al acercarnos al tercer milenio o año 2000.
  El enfoque de esta crisis es puesta sobre el tapete de las consideraciones bajo la premisa económica, soslayando de esta manera una solución a la misma, surgida y propuesta en la Edad Media y la época de la ilustración. La solución, basada en su totalidad en el Humanismo, considera al hombre o ser humano por sobre todo estamento económico y por mismo rampante y de esa sed de querer tener todo y que inconscientemente nos ha llevado a profesar una religión secreta a escondidas que varios estudiosos llaman "la religión industrial y cibernética" generadora del carácter mercantil que se basa en considerarnos corno mercancías en el fatuo mercado de personalidades, tan en boga en nuestra sociedad en general.
  Además, y esto parece estar muy claro hoy, para el sistema capitalista y su alienante economía de mercado, cualquier ser humano tiene un valor supeditado a su capacidad de consumo y no al valor que como hombre le corresponde. En esto, y según muchos pensadores contemporáneos, estriba al problema que genera la crisis económica y éste, a su vez, al gran caos sociopolítico que impera hoy en todas las regiones de nuestro planeta.

El cuestionamiento Industrial

  El mismo movimiento en favor del Humanismo ataca directamente la producción industrial. Lo hace porque la misma industrialización, además de propiciar el consumismo alienante, profundiza la brecha entre ricos y pobres y genera el grave daño ecológico que padece la Tierra y que cada día se acentúa al disminuir peligrosamente la capa de Ozono, y también porque deja un sin número de desechos tóxicos que amenazan a los países subdesarrollados por ser considerados como naturales y eventuales centros de almacenaje de los mismos, a cambio de préstamos para que continuemos en el citado consumismo.
  Esta propuesta humanista también fue enfocada en su tiempo desde el lado marxista, produciendo lo que se llamó el humanismo radical, denunciando la alienación de la sumisión a las máquinas. Esta propuesta degeneró en un ensayo que creó la industrialización del estado y su estrecha secuela del consumismo porque se persiguió también que todos tuvieran de todo. Sin embargo, el enfoque que hiciera Karl Marx no difiere mucho de pensadores católicos de la talla de Franz Von Baader y de algunos líderes políticos que trataron el mismo problema, tal vez haciéndose eco de un planteamiento que tiene base estricta en el Humanismo Cristiano y filosófico planteado en la Edad Media, basado obviamente en ese Humanismo sin mácula plasmado en los Evangelios y que hoy, a dos mil años de haber sido escuchado, quedó o yace en la letra muerta, pero que propuso liberar a los humanos del egoísmo y la codicia, actitudes que en sus manifestaciones producen la más abyecta deshumanización conocida por los hombres. Vale aquí acotar la siguiente cita de Karl Marx en su libro Manuscritos Económico-Filosóficos, texto que fuera execrado por los líderes del comunismo capitalista que se implementara en la antigua URSS la cita es la siguiente: "Cuando menos seas y cuando menos expreses tu vida, tanto más tienes y más alienada está tu vida... " y Todo lo que el economista te quite en la forma de vida y de humanidad, te lo devuelve en forma de dinero y riqueza».
  Dentro de la misma tónica de la protesta humanística, otro filósofo alemán de más reciente data, Albert Schweitzer, en un libro editado en 1923 y cuyo título es "Verfall und Wiedersufbau del Kultur" criticaba ásperamente el sistema capitalista basado en el carácter mercantil en un proceso de autodestrucción cultural, "la capacidad del hombre moderno a disminuido porque las circunstancias que lo rodean lo han mermado y lo han dañado psíquicamente".
  Este mismo pensador fue más lejos al señalar que el individuo producto de nuestra sociedad, la sociedad industrial, es un ser «no libre... disperso... incompleto... en peligro de perder su humanidad», y más adelante puntualiza certeramente que: "Como la sociedad con su desarrollada organización ha ejercido hasta ahora un poder desconocido sobre el hombre, la dependencia de éste ha aumentado a tal grado que casi ha dejado de tener una existencia espiritual propia... Para ello hemos entrado en una nueva Edad Media. Mediante una acto general de voluntad, la voluntad de pensamiento ha desaparecido porque muchos han renunciado a pensar como individuos libres, y se guían por la colectividad a la que pertenece...   Con el sacrificio de la independencia del pensamiento hemos perdido (y ¿cómo podría ser de otra manera?) la fe en la verdad".
  Lapidaria es también otra sentencia de Schweitzer cuando afirma que "durante dos o tres siglos muchos individuos han vivido solos como trabajadores y no como seres humanos". Quizás, por esas ideas es que se afirma que hoy la sustancia humana es sofocada y la educación de los hijos por esos padres cibernéticos, sin auténtico desarrollo psíquico, carece de valor esencial para el desarrollo humano. No resulta vano, entonces, la opinión de Schweitzer de que por lo mismo los hombres y las mujeres de hoy recurren más y más a las necesidades de distracciones superfluas, a la pasividad absoluta, a distraer la atención y olvidándose de sí mismos.
  El mismo autor concluye sus vaticinios señalando que la actual crisis acentuada a niveles que él mismo no intuyó a comienzos del presente siglo nos lleva, luego de la casi debacle total, al surgimiento de un Renacimiento más grande que el antiguo y que debemos renovarnos con creencias y aptitudes si no queremos perecer. "Confío en que estas resoluciones ocurrirán si decidimos en con vertimos en seres humanos pensantes", concluye.

Conclusiones

  Aunque resulte obvio que nuestra crisis actual está imbricada en un contexto acentuadamente socioeconómico, resulta ineludible señalar que el desbarajuste económico es también consecuencia directa de la falta de ética humanista entre nuestros líderes nacionales e internacionales, por sustentar la idea de que la producción industrial y su inmediato consumo será la acción que nos llevará a un estado de paz y felicidad para toda la humanidad; estadio que se logra cuando, a través de conciencia humanística, lleguemos a la conclusión que lo más importante en nuestro mundo es un ser humano deslastrado de la codicia, el odio y la avaricia que precisamente nos crea la sociedad industrial, cuya meta es empujarnos a una competencia compulsiva y sin sentido. Sin otro ideal que el «tener» en menoscabo de «ser».
  Cuando esta dicotomía social se disipe, cuando miremos a lo espiritual o psicológico dentro de nosotros mismos, llegaremos a ese oasis de paz que la humanidad toda anheló desde que conoció la razón.

 

 
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