problemática,
se llegan a conclusiones y se exige su aplicación inmediata,
pero la crisis continúa avanzando a pasos agigantados
y todo parece que se agudizará al acercarnos al tercer
milenio o año 2000.
El enfoque de esta crisis es puesta sobre el tapete
de las consideraciones bajo la premisa económica, soslayando
de esta manera una solución a la misma, surgida y propuesta
en la Edad Media y la época de la ilustración.
La solución, basada en su totalidad en el Humanismo,
considera al hombre o ser humano por sobre todo estamento
económico y por mismo rampante y de esa sed de querer
tener todo y que inconscientemente nos ha llevado a profesar
una religión secreta a escondidas que varios estudiosos
llaman "la religión industrial y cibernética"
generadora del carácter mercantil que se basa en considerarnos
corno mercancías en el fatuo mercado de personalidades,
tan en boga en nuestra sociedad en general.
Además, y esto parece estar muy claro hoy,
para el sistema capitalista y su alienante economía
de mercado, cualquier ser humano tiene un valor supeditado
a su capacidad de consumo y no al valor que como hombre le
corresponde. En esto, y según muchos pensadores contemporáneos,
estriba al problema que genera la crisis económica
y éste, a su vez, al gran caos sociopolítico
que impera hoy en todas las regiones de nuestro planeta.
El cuestionamiento
Industrial
El mismo
movimiento en favor del Humanismo ataca directamente la producción
industrial. Lo hace porque la misma industrialización,
además de propiciar el consumismo alienante, profundiza
la brecha entre ricos y pobres y genera el grave daño
ecológico que padece la Tierra y que cada día
se acentúa al disminuir peligrosamente la capa de Ozono,
y también porque deja un sin número de desechos
tóxicos que amenazan a los países subdesarrollados
por ser considerados como naturales y eventuales centros de
almacenaje de los mismos, a cambio de préstamos para
que continuemos en el citado consumismo.
Esta propuesta humanista también fue enfocada
en su tiempo desde el lado marxista, produciendo lo que se
llamó el humanismo radical, denunciando la alienación
de la sumisión a las máquinas. Esta propuesta
degeneró en un ensayo que creó la industrialización
del estado y su estrecha secuela del consumismo porque se
persiguió también que todos tuvieran de todo.
Sin embargo, el enfoque que hiciera Karl Marx no difiere mucho
de pensadores católicos de la talla de Franz Von Baader
y de algunos líderes políticos que trataron
el mismo problema, tal vez haciéndose eco de un planteamiento
que tiene base estricta en el Humanismo Cristiano y filosófico
planteado en la Edad Media, basado obviamente en ese Humanismo
sin mácula plasmado en los Evangelios y que hoy, a
dos mil años de haber sido escuchado, quedó
o yace en la letra muerta, pero que propuso liberar a los
humanos del egoísmo y la codicia, actitudes que en
sus manifestaciones producen la más abyecta deshumanización
conocida por los hombres. Vale aquí acotar la siguiente
cita de Karl Marx en su libro Manuscritos Económico-Filosóficos,
texto que fuera execrado por los líderes del comunismo
capitalista que se implementara en la antigua URSS la cita
es la siguiente: "Cuando menos seas y cuando menos
expreses tu vida, tanto más tienes y más alienada
está tu vida... " y Todo lo que el economista
te quite en la forma de vida y de humanidad, te lo devuelve
en forma de dinero y riqueza».
Dentro de la misma tónica de la protesta
humanística, otro filósofo alemán de
más reciente data, Albert Schweitzer, en un libro editado
en 1923 y cuyo título es "Verfall und Wiedersufbau
del Kultur" criticaba ásperamente el sistema capitalista
basado en el carácter mercantil en un proceso de autodestrucción
cultural, "la capacidad del hombre moderno a disminuido
porque las circunstancias que lo rodean lo han mermado y lo
han dañado psíquicamente".
Este mismo pensador fue más lejos al señalar
que el individuo producto de nuestra sociedad, la sociedad
industrial, es un ser «no libre... disperso... incompleto...
en peligro de perder su humanidad», y más
adelante puntualiza certeramente que: "Como la sociedad
con su desarrollada organización ha ejercido hasta
ahora un poder desconocido sobre el hombre, la dependencia
de éste ha aumentado a tal grado que casi ha dejado
de tener una existencia espiritual propia... Para ello hemos
entrado en una nueva Edad Media. Mediante una acto general
de voluntad, la voluntad de pensamiento ha desaparecido porque
muchos han renunciado a pensar como individuos libres, y se
guían por la colectividad a la que pertenece... Con
el sacrificio de la independencia del pensamiento hemos perdido
(y ¿cómo podría ser de otra manera?)
la fe en la verdad".
Lapidaria es también otra sentencia de
Schweitzer cuando afirma que "durante dos o tres
siglos muchos individuos han vivido solos como trabajadores
y no como seres humanos". Quizás, por esas
ideas es que se afirma que hoy la sustancia humana es sofocada
y la educación de los hijos por esos padres cibernéticos,
sin auténtico desarrollo psíquico, carece de
valor esencial para el desarrollo humano. No resulta vano,
entonces, la opinión de Schweitzer de que por lo mismo
los hombres y las mujeres de hoy recurren más y más
a las necesidades de distracciones superfluas, a la pasividad
absoluta, a distraer la atención y olvidándose
de sí mismos.
El mismo autor concluye sus vaticinios señalando
que la actual crisis acentuada a niveles que él mismo
no intuyó a comienzos del presente siglo nos lleva,
luego de la casi debacle total, al surgimiento de un Renacimiento
más grande que el antiguo y que debemos renovarnos
con creencias y aptitudes si no queremos perecer. "Confío
en que estas resoluciones ocurrirán si decidimos en
con vertimos en seres humanos pensantes", concluye.

Conclusiones
Aunque
resulte obvio que nuestra crisis actual está imbricada
en un contexto acentuadamente socioeconómico, resulta
ineludible señalar que el desbarajuste económico
es también consecuencia directa de la falta de ética
humanista entre nuestros líderes nacionales e internacionales,
por sustentar la idea de que la producción industrial
y su inmediato consumo será la acción que nos
llevará a un estado de paz y felicidad para toda la
humanidad; estadio que se logra cuando, a través de
conciencia humanística, lleguemos a la conclusión
que lo más importante en nuestro mundo es un ser humano
deslastrado de la codicia, el odio y la avaricia que precisamente
nos crea la sociedad industrial, cuya meta es empujarnos a
una competencia compulsiva y sin sentido. Sin otro ideal que
el «tener» en menoscabo de «ser».
Cuando esta dicotomía social se disipe,
cuando miremos a lo espiritual o psicológico dentro
de nosotros mismos, llegaremos a ese oasis de paz que la humanidad
toda anheló desde que conoció la razón.