El programa Orinoco-Apure o el eje fluvial Apure Orinoco como espina dorsal de una Venezuela remodelada ambientalmente, se ha constituido en una suerte de mito de El Dorado que los habilidosos mandatarios "democráticos" han procurado usar como incentivo electoral populista.
  No olvidemos que Orinoquia fue durante el período colonial la ubicación perfecta del utópico manantial inagotable del oro, con el fin de inducir la codicia conquistadora hacia el extravío. Humboldt y Julio Verne enriquecerían y extenderían la ingeniosa leyenda que ha flotado sobre Guayana.
  Pues bien, en esa tradición imaginativa se han movido los proyectos Orinoco-Apure, nacidos al calor del MARNR... y de PDVSA. Porque, aunque parezca extraño, esos proyectos surgieron como subproductos de los programas petroleros de la Faja del Orinoco, que fue la primera criatura -a la postre monstruosa, pero en sus inicios soñada como milagrosa- de la planificación petrolera corporativa nacional. Infectada de virus transnacional hasta la médula, una de sus debilidades era la ausencia de la dimensión ambiental, lo que concitó la férrea oposición de los ambientalistas, personificada en FORJA y en la Universidad Central de Venezuela. Ante la denuncia, los cuatro "megaproyectos" de la Faja y el inicio de la explotación en Estado Apure obligaron a PDVSA a ocuparse de la zona llanera más próxima al eje fluvial más importante del país. De allí sale la "Oficina Ambiental de la Faja" y el primer esquema de ordenamiento regional territorial tratando de armonizar la economía minera y la utilización de los recursos naturales renovables. Fue un intento conjunto MARNR-PDVSA.
  De allí nace el redescubrimiento del eje Orinoco-Apure como canal de navegación. Ya lo había sido desde el siglo pasado, cuando no sólo Ciudad Bolívar, sino también San Fernando fueron puertos internacionales activos. La exportación de ganado, cueros, serrapia, batata, plumas de garza y tabaco alimentaron el tráfico fluvial que iba a dar a los grandes centros transatlánticos. Pero ahora se trata de usar el canal como elemento de integración nacional, de enlace entre la región andina, la llanera y guayanesa. Sin descartar su desembocadura internacional, incluso reforzada. De allí a la concepción de una Venezuela introvertida, centrada en torno a los dos grandes ríos interioranos, como alternativa al país extrovertido, volcado en la costa marítima, se cae fácilmente en la seducción de un sueño loable para cualquier nacionalista, sobre todo si tiene veleidades ecologistas. Se llegó a idear la ubicación de la nueva capital en las márgenes del padre-río.
  La evaluación de las riquezas minerales bajo la orografía tachirense, en especial el carbón, hizo el resto. De allí nacieron Corposuroeste y Carbosuroeste, sobre todo el Proyecto Orinoco-Apure. La Oficina de la Faja había desaparecido con el derrumbe de los deslumbrantes megaproyectos petroleros de los llanos. Pero allí estaba Corposuroeste, designada por el Ministerio del Ambiente para asumir el relevo de las promesas grandiosas.
  La travesía heroica desde el Táchira hasta el corazón de Guayana por los nuevos Colones mostró la viabilidad técnica del proyecto fluvial, que parecía anunciar el logro de la complementariedad edad carbón-acero y quizá carbón-aluminio, así como una nueva vía de salida para el petróleo. Pero rápidamente el tiempo apagó estos proyectos. El último Congreso de Conservación, promocionado por Corposuroeste en San Cristóbal, y destinado ostensiblemente a reanimar dichos planes, no logró ningún eco efectivo. La imagen de una barcaza vacía de la corporación tachirense encallada en el Orinoco era indicadora de la vigencia de problemas no previstos a la hora siempre eufórica de la planificación. Así también lo son aledañas las instalaciones semi-abandonadas a la represa Uribante-Caparo, el proyecto hidroeléctrico más caro en términos de costo de generación de electricidad del país y aparentemente sobredimensionado. El transporte de carbón vía Lago de Maracaibo, para los volúmenes modestos que se obtienen en Táchira, ha resultado, al parecer, más práctico y barato. La articulación de los sistemas fluviales subsidiarios de los varios afluentes del Apure con el sistema principal y con el sistema orinoquense parece haber resultado más complicado de lo previsto.
  El hecho es que el grandioso proyecto integrador Orinoco-Apure sigue viviendo más en los planos, planes, gavetas e imaginaciones de las instituciones y personas que por nobles motivos o por razones menos nobles lo proclamaron como base de una Venezuela alternativa.


 
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