posiciones políticas e ideológicas. Dentro de
esta globalidad, la postura que los individuos tienen en la
sociedad, los niveles de desarrollo económico y social
alcanzados por cada país y sus regiones determinan
una percepción diferente y una forma distinta de jerarquizar
los problemas ambientales.
Vemos así, entonces, que mientras para
los países industrializados y prósperos del
norte el problema se centra en la cuestión general
de la calidad de vida, amenazada por los propios problemas
ambientales globales, originados en sus modelos de industrialización
y consumo; para los países en desarrollo, en muchos
de los cuales las necesidades básicas de la gran mayoría
de la población están lejos de satisfacerse,
más aún, donde el número de desposeídos
y subalimentados aumenta, el problema fundamental es cómo
utilizar racionalmente los recursos ambientales para superar
la pobreza, permitir el crecimiento sostenido de la economía
y alcanzar el desarrollo, sin menoscabar, destruir o arriesgar
las capacidades del sistema natural, el cual, finalmente,
constituye la base sobre la cual se sustenta el sistema social,
determinando sus posibilidades de sobrevivencia.
Ya en 1993 no existen dudas de que la sociedad
mundial es un sistema cuyas interdependencias son cada vez
más evidentes. La flagrante contradicción entre
un centro industrializado próspero, que busca en la
diversidad la creación y la satisfacción de
nuevas necesidades, y una periferia que lucha cotidianamente
por sobrevivir, implica una gran inestabilidad del sistema.
Las contradicciones y conflictos que surgen de esta diferencia
de bienestar y desarrollo están en el centro mismo
de una potencial crisis del sistema.
La urgencia de la humanidad por resolver esta
nueva crisis, desarrollada por los problemas ambientales y
del desarrollo, exige ahora una información adecuada
que permita movilizar la opinión pública y sea
capaz de influenciar las decisiones de los gobiernos. Esto
sólo será posible a través de un proceso
que le dé relevancia en los sistemas educativos al
componente ambiental y desarrollo, para impulsar cambios de
valores en la sociedad.
El desarrollo sustentable, que ha sido concebido
como la vía más efectiva para superar los problemas
ambientales a que están sometidas nuestras sociedades,
exige promover aceleradamente cambios actitudinales individuales
y colectivos que propicien modificaciones sustantivas en los
estilos y patrones de vida de los países desarrollados,
y mejoramiento de las condiciones de salud, vivienda y alimentación
en los países en desarrollo. En tal sentido, se ha
planteado un programa mundial para el desarrollo sustentable.
Es en este proceso, que no debiera ser utópico, le
corresponde un nuevo papel histórico al periodismo.
Pero están los medios de información
listos, como formadores de una conciencia ecológica,
para asumirla responsabilidad que le han asignado los estrategas
de la educación ambiental. He aquí el gran dilema
que debemos resolver, ya que numerosas evidencias, sobre todo
en los países de América Latina, demuestran
lo contrario.
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