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La Era Ecológica

como instrumento de una estrategia de comunicación ambiental...

Desde 1986 hasta 1995, la revista La Era Agrícola representó un instrumento informativo y educativo de primer orden dentro del movimiento ambiental de nuestro país. Su meta era contribuir con la gigantesca tarea de formar la conciencia ambiental que requiere la Venezuela del siglo 21.
Hoy, convencidos de la necesidad de dedicar un esfuerzo especial para diseñar una estrategia de comunicación a mediano y largo plazo, renace el proyecto editorial de nuestra fundación con los mismos objetivos y un visión ampliada: la revista La Era Ecológica.
Planteada como medio de comunicación social de audiencia general y diseñada en principio como una publicación regional andina, La Era Ecológica tiene como objetivo llenar el vacío informativo existente en nuestro país respecto a los temas relacionados con ambiente y desarrollo.
En razón a ello, y gracias a la experiencia acumulada por La Era Agrícola, la nueva revista La Era Ecológica abre un segundo frente de expansión, dirigido esta vez a penetrar el hermetismo de la opinión pública urbana e influenciar la óptica de los centros de poder central, desde donde parten las políticas públicas y privadas que determinan el desarrollo de la nación.
El objetivo de esta estrategia no puede ser otro que el de incorporar al mayor número de personas posibles a este gigantesco proceso de transformación social, económica y científica planteada por la nueva relación ambiente y desarrollo. Al igual que hace siete años, la revista La Era Ecológica lucha hoy por mantener su filosofía de comunicación: informar, educar y concientizar, al hombre del campo y la ciudad, sobre los graves problemas agroalimentarios y ambientales que padece la Venezuela actual.

Antecedentes de La Era Ecológica
Breve reseña de la revista La Era Agrícola

La revista La Era Agrícola es fundada en la ciudad de Mérida, Venezuela, en 1986, por un grupo independiente de profesionales de diferentes disciplinas. Su formato ágil y el variado contenido de su información logran calar rápidamente en un público heterogéneo, ávido de "una visión alternativa" para el desarrollo nuestro país.
En 1988 se crea la Fundación La Era Agrícola, con la misión de promover y utilizar los medios de comunicación social como instrumento de desarrollo rural y educación ambiental. El proyecto editorial de la Fundación se consolida con los aumentos en el tiraje de la revista y la edición de manuales de educación agroecológica, que junto al calendario lunar, se anexan a las diferentes ediciones de La Era Agrícola.
A partir de 1991, gracias al reconocimiento internacional que logra la revista, la Fundación se inserta en el proceso preparatorio de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo, a través de la participación en numerosos eventos nacionales e internacionales. Durante la Eco 92 (Rio de Janeiro) la revista La Era Agrícola juega un papel primordial como difusor del trabajo que realizan las organizaciones ambientalistas no gubernamentales venezolanas.
A nivel nacional, la revista se transforma en foro abierto a las ideas y experiencias del movimiento ambiental, a la vez de convertirse en un instrumento de denuncia de los delitos tipificados en la ley penal del ambiente. La revista se hace acreedora en Mérida al Premio Municipal de Periodismo Tulio Febres Cordero 1991.
A finales de 1992, el Estado venezolano, a través del Programa de Desarrollo Regional del Conac, otorga un primer subsidio a La Era Agrícola, el cual se logra incrementar progresivamente en los dos años siguientes. Tambien en 1992, la revista La Era Agrícola recibe el apoyo de la fundación alemana Friedrich Naumann, por representar "un instrumento concreto de promoción del desarrollo sustentable".
Entre 1992 y 1993, la publicación alcanza un período de estabilidad económica que le permite llegar a un tiraje de cinco mil ejemplares y una frecuencia trimestral, gracias a una política de autogestión basada en la captación de una cartera de patrocinates publicitarios. De hecho, los ingresos provenientes de la revista permiten sostener otros proyectos de la Fundación, como el Centro de Documentación e Información Arturo Eichler y la Estación Rural Educativa. Durante este período la revista recibe el reconocimiento del Programa de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) siendo galardonada por su aporte a la educación rural ambiental .
A través de su Programa de Canje y Donaciones, la revista La Era Agrícola logra mantener un intercambio informativo y documental con numerosas instituciones oficiales y de investigación y organizaciones no gubernamentales de diversa índole, tanto a nivel nacional como internacional, en beneficio del Centro de Documentación e Información de La Era Agrícola, el cual cuenta en la actualidad con más de 5.000 títulos sobre agricultura, ambiente y desarrollo.
Sin embargo, para finales de 1993, la agudización de la crisis política y económica del país, repercuten negativamente en la captación de recursos económicos provenientes de la publicidad o de subsidios del Estado e instituciones privadas. La contracción económica obliga a la Fundación a una reducción de personal en áreas claves para el desempeño de la revista. Por otra parte, el aumento acelerado de los costos de producción limita aún más las posibilidades de edición.
Bajo este panorama deficitario, la revista La Era Agrícola edita un número especial en 1994, alcanzando un total de 19 ediciones desde su aparición hasta la presente fecha. Precisamente ese año se hace acreedora -en Mérida- al Premio Regional de Periodismo Emilio Menotti Sposito.

Comunicación, Participación y Desarrollo Sustentable.

El tema de la "Participación de la Sociedad" está vinculado prácticamente con todas las áreas relacionadas al medio ambiente y desarrollo y aparece presente no solo en los tratados de la Eco 92 (Conferencia Oficial y Foro Global), sino tambien se hace presente en los documentos resultantes de los numerosos encuentros ambientales previos y posteriores a la Conferencia de Río.
En todo proceso de desarrollo, la cantidad y calidad de la participación de la sociedad marca el estilo y modelo de ese desarrollo. En todo caso, no podemos hablar de una verdadera democracia o un verdadero socialismo, sin la participación de la sociedad. A nuestro modo de ver el problema radica en que generalmente se presupone la existencia de sociedades bien informadas y organizadas para la participación. Para los efectos del concepto de Desarrollo Sustentable, la participación de la sociedad es un elemento fundamental en la estrategia de su propia construcción..
Tal como lo plantea el documento latinoamericano de Nuestra Propia Agenda, cuando se refiere al tema de la Organización y Movilización de la Sociedad democrática y su potencial capacidad para manifestar demandas sociales y transformarlas en demandas políticas:
"Una democracia de participación, requisito ineludible para promover un desarrollo sustentable, se caracteriza, entre otras condiciones, porque en su seno deben proliferar múltiples organizaciones, cuyo papel es la intermediación entre el Estado y la sociedad civil. Son instituciones que integran ciudadanos con intereses comunes sobre ciertos asuntos y que sirven de instrumento para canalizar la participación en la consecución de determinados fines." (3) Nuestra Propia Agenda. BID. PNUD. 1991.
De igual manera la Agenda 21 -aprobada durante la Conferencia de Río como el programa oficial de acción ambiental para el desarrollo mundial en el siglo XXI, y quizás el documento más representativo de lo que pudieramos llamar "la intencionalidad ambiental de los gobiernos"- plantea la necesidad de educar, capacitar y concientizar a todos los sectores de la sociedad a escala mundial y a la mayor brevedad posible, partiendo del supuesto de la participación ciudadana.
(4) Agenda 21: Declaración de Río: Principio 10º. Tomo I.- Capítulo 7: Fomento de Recursos Humanos p.92. Tomo I.- Capítulo 14 Agricultura y Desarrollo Rural Sustentable: Participación Popular p. 72. La Información p. 77. Tomo II.- Capítulo 36 Fomento a la Educación, Capacitación y Toma de Conciencia. p. 69. Tomo III.-Capítulo 40: Información para la adopción de decisiones p. 102.- Naciones Unidas. Ginebra 1993.

Tal como lo expresa el décimo principio de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, firmada por todos los gobiernos del planeta:
"El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corrresponda. En el plano nacional, toda persona deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente de que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los Estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos..."
Si bien es cierto que de la lectura de estos documentos se intuye la evidente relación entre la información, la comunicación y la participación activa de la sociedad en los planes de acción ambiental; no es menos cierto que no encontramos en estas propuestas indicaciones o directrices que pudieran interpretarse como estrategias de comunicación, sea para posicionarse a nivel de los grandes medios masivos, sea para crear nuevos medios de comunicación social alternativa.
De nuestro interés resulta observar que el tema de la participación y la movilización ciudadana se presenta generalmente vinculado a la necesidad de contar con sistemas de información, realización de campañas de divulgación, realización de programas de educación no formal y a la creación de redes de comunicación. De alli que tambien podamos inferir, a manera de ecuación que:
a) Sin información no hay comunicación. Sin comunicación no hay participación. Sin participación no existe la plataforma política necesaria para un proceso de transformación social y democrático. Sin una base social y democrática no existe desarrollo sustentable.
O dicho de otra manera;
b) No podemos hablar de un verdadero desarrollo sustentable sin una base social y democrática que lo soporte. No podemos hablar de democracia sin la participación activa de la sociedad. No podemos hablar de participación de la sociedad sin que existan mecanismos de comunicación entre los diferentes niveles que la conforman. No podemos hablar de comunicación social si no existe un acceso continuo y confiable a las fuentes de información.
Para los que trabajamos desde el campo de acción de la comunicación, en favor del medio ambiente y el desarrollo, se nos plantea como objetivo el encontrar los puntos claves donde nuestra labor informativa puede potenciar y multiplicar la efectividad de las nuevas ideas y experiencias que pregona interdisciplinariamente la ecología, desde su perspectiva biológica, física y social.
Desde nuestro punto de vista, el interés por promover las ideas y experiencias sobre ecología forma parte de una estrategia más amplia, que busca en definitiva una transformación paulatina y radical hacia un nuevo modelo de desarrollo, partiendo de los parámetros que rigen nuestra actual civilización.
Surge entonces un primer gran objetivo de trabajo para los sistemas de información y los medios de comunicación social en general: poner a disposición de todos los ciudadanos ese inmenso potencial tecnológico de la informática y las telecomunicaciones, sumado al inmenso poder de penetración de los medios de comunicación social, a fin de informar, educar y concientizar al conjunto de la sociedad humana sobre la crisis ambiental y agroalimentaria que padecemos.