| Un
peligroso hábito se alojó en los consumidores de alimentos que
a diario visitan panaderías, carnicerías y fruterías. Nos referimos
al uso masivo de las bandejas de poliestireno, también conocidas
como bandejas de “corcho blanco”. Tanto comercios como consumidores
se sienten psicológicamente más “protegidos” usando este nocivo
material para empaquetar alimentos. Pero esa idea de que la plastificación
de los productos garantiza la seguridad del consumidor está en
entredicho por diversas razones.
El poliestireno es un plástico que se obtiene por la
polimerización del estireno, compuesto orgánico volátil y tóxico
que la Agencia de EEUU para la investigación del cáncer considera
como "sustancia cancerígena probable". Los trabajadores
expuestos a los vapores de estireno pueden sufrir trastornos respiratorios
y nerviosos. La
fabricación de poliestireno es un proceso que implica no sólo
impacto ambiental sino un riesgo para la salud de los trabajadores;
por ello, su empleo debería evitarse.
El poliestireno no sólo utiliza sustancias cancerígenas
en su producción, como el benceno, sino que requiere Cloro-Fluoro-Carbonos
(CFC), e Hidro-Cloro-Fluor-Carbonos (HCFC). Estas sustancias (utilizadas
también en sistemas de refrigeración y aire acondicionado, aerosoles,
espumas plásticas, disolventes, y extinguidores,) son moléculas
muy estables que pueden durar hasta 150 años en la atmósfera,
una sola molécula de Cloro puede destruir hasta 100,000 moléculas
de Ozono. Los CFC, HCFC y HFC son gases que contribuyen enormemente
con el recalentamiento planetario.
Menos conocido es el fenómeno llamado migración, que
ocurre en diferentes medidas con todos los plásticos. La migración
implica la liberación de
sustancias químicas del plástico al alimento, proceso que ocurre
lentamente, pero se acelera si se calienta el plástico (en el
microondas por ejemplo). Una de las consecuencias más graves del fenómeno
de la migración, señala la Federación
de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de Andalucía (FACUA),
es la contaminación hormonal, por la que muchos aditivos de los
plásticos son capaces de funcionar en el organismo como hormonas,
potenciando su efecto o bloqueando su acción. Así, este proceso
puede desencadenar alteraciones en el desarrollo sexual, feminización
y masculinización, infertilidad, insuficiencias hormonales o cáncer.
Se han descrito hasta diez grupos de sustancias que
se comportan como estrógenos (hormonas femeninas), muchas de ellas
de uso habitual en procesos industriales y agrícolas (detergentes,
plásticos, cosméticos, anticonceptivos, insecticidas...). Los
estudios científicos apuntan a que el incremento de mortalidad
por cáncer de mama, ovario o próstata en las últimas décadas se
debe a la contaminación por estas sustancias. Los efectos de estos
aditivos pueden manifestarse mucho tiempo después de su incorporación
y hasta en la descendencia, al pasar a ésta durante el embarazo
y la lactancia.
Muchos organismos y asociaciones han instado a las Administraciones
Públicas a demostrar la inocuidad de los compuestos artificiales
antes de autorizar su comercialización y a abandonar el concepto
de toxicidad tolerable (es decir, envenenarnos poco a poco) y
las dosis máximas admisibles, que deben ser cero para las sustancias
tóxicas.
Como derivado del petróleo, el poliestireno es un compuesto
sintético no biodegradable cuya producción resulta muy contaminante.
Además, su incineración produce sustancias altamente tóxicas que
generan graves problemas de contaminación y salud. Sin embargo,
el mayor peligro es el que genera este material al entrar en contacto
con los alimentos o bebidas y los juguetes infantiles.
La necesidad de que las industrias se avoquen a fabricar
y utilizar materias biodegradables se hace urgente a medida que
el hombre avanza en el desarrollo tecnológico. Utilizamos productos
no biodegradables diariamente con profusión, sin percatarnos de
las consecuencias que acarreamos al medio ambiente cuando nos
deshacemos de ellos. Cuando vamos al supermercado y nos llevamos
la compra a casa en bolsas de plástico; cuando adquirimos la carne
o el fiambre envasado en bandejas de poliestireno, estamos colaborando
en la producción de residuos no biodegradables que terminarán
engrosando los vertederos, salvo que se siga un adecuado proceso
de selección, reciclado y reutilización.
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