Cuando el peligro viene en el empaque

El uso de las bandejas de corcho blancas de poliestireno representa un riesgo toxicológico para el consumidor

Manuela S. Giusti

 

Un peligroso hábito se alojó en los consumidores de alimentos que a diario visitan panaderías, carnicerías y fruterías. Nos referimos al uso masivo de las bandejas de poliestireno, también conocidas como bandejas de “corcho blanco”. Tanto comercios como consumidores se sienten psicológicamente más “protegidos” usando este nocivo material para empaquetar alimentos. Pero esa idea de que la plastificación de los productos garantiza la seguridad del consumidor está en entredicho por diversas razones.

El poliestireno es un plástico que se obtiene por la polimerización del estireno, compuesto orgánico volátil y tóxico que la Agencia de EEUU para la investigación del cáncer considera como "sustancia cancerígena probable". Los trabajadores expuestos a los vapores de estireno pueden sufrir trastornos respiratorios y nerviosos. La fabricación de poliestireno es un proceso que implica no sólo impacto ambiental sino un riesgo para la salud de los trabajadores; por ello, su empleo debería evitarse.

El poliestireno  no sólo utiliza sustancias cancerígenas en su producción, como el benceno, sino que requiere Cloro-Fluoro-Carbonos (CFC), e Hidro-Cloro-Fluor-Carbonos (HCFC). Estas sustancias (utilizadas también en sistemas de refrigeración y aire acondicionado,  aerosoles, espumas plásticas, disolventes, y extinguidores,) son moléculas muy estables que pueden durar hasta 150 años en la atmósfera, una sola molécula de Cloro puede destruir hasta 100,000 moléculas de Ozono. Los CFC, HCFC y HFC  son gases que contribuyen enormemente con el recalentamiento planetario.

Menos conocido es el fenómeno llamado migración, que ocurre en diferentes medidas con todos los plásticos. La migración implica la liberación de sustancias químicas del plástico al alimento, proceso que ocurre lentamente, pero se acelera si se calienta el plástico (en el microondas por ejemplo). Una de las consecuencias más graves del fenómeno de la migración, señala la Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de Andalucía (FACUA), es la contaminación hormonal, por la que muchos aditivos de los plásticos son capaces de funcionar en el organismo como hormonas, potenciando su efecto o bloqueando su acción. Así, este proceso puede desencadenar alteraciones en el desarrollo sexual, feminización y masculinización, infertilidad, insuficiencias hormonales o cáncer.

Se han descrito hasta diez grupos de sustancias que se comportan como estrógenos (hormonas femeninas), muchas de ellas de uso habitual en procesos industriales y agrícolas (detergentes, plásticos, cosméticos, anticonceptivos, insecticidas...). Los estudios científicos apuntan a que el incremento de mortalidad por cáncer de mama, ovario o próstata en las últimas décadas se debe a la contaminación por estas sustancias. Los efectos de estos aditivos pueden manifestarse mucho tiempo después de su incorporación y hasta en la descendencia, al pasar a ésta durante el embarazo y la lactancia.

Muchos organismos y asociaciones han instado a las Administraciones Públicas a demostrar la inocuidad de los compuestos artificiales antes de autorizar su comercialización y a abandonar el concepto de toxicidad tolerable (es decir, envenenarnos poco a poco) y las dosis máximas admisibles, que deben ser cero para las sustancias tóxicas.

Como derivado del petróleo, el poliestireno es un compuesto sintético no biodegradable cuya producción resulta muy contaminante. Además, su incineración produce sustancias altamente tóxicas que generan graves problemas de contaminación y salud. Sin embargo, el mayor peligro es el que genera este material al entrar en contacto con los alimentos o bebidas y los juguetes infantiles.

La necesidad de que las industrias se avoquen a fabricar y utilizar materias biodegradables se hace urgente a medida que el hombre avanza en el desarrollo tecnológico. Utilizamos productos no biodegradables diariamente con profusión, sin percatarnos de las consecuencias que acarreamos al medio ambiente cuando nos deshacemos de ellos. Cuando vamos al supermercado y nos llevamos la compra a casa en bolsas de plástico; cuando adquirimos la carne o el fiambre envasado en bandejas de poliestireno, estamos colaborando en la producción de residuos no biodegradables que terminarán engrosando los vertederos, salvo que se siga un adecuado proceso de selección, reciclado y reutilización.


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