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en el corazón mismo del territorio que conocemos como Sur
del Lago, estos títulos, a campesinos pobres, que han esperado
por años un pedazo de tierra para trabajar, según
él mismo lo expresó. En esta entrega de títulos,
el gobierno de Chavez afirma que está superando dos graves
fallas del período de la IV República: el reparto
de tierras sin el respaldo jurídico (la titularidad asignada)
y el abandono de los "beneficiarios" a su suerte, sin
créditos, asistencia técnica y oportunidades de mercado.
Este último aspecto se estaría cubriendo con la puesta
en marcha de una propuesta denominada "los fundos zamoranos",
como parte de la recientemente creada zona especial de Desarrollo
Sustentable.
Este artículo plantea que los bien intencionados
repartos de tierra en el Sur del Lago de Maracaibo, corren el riesgo
de conducir a un fracaso los objetivos de justicia social, si no
se incorpora una dimensión mucho más compleja a la
acción gubernamental en esta región: la de una justicia
ecológica.

¿En manos de quién están las tierras del Sur
del Lago?
Comencemos
por puntualizar algunos aspectos que están en la base de
la interpretación del problema. Quienes conocen bien los
procesos de ocupación y transformación de las originarias
selvas tropicales del Sur del Lago de Maracaibo, saben que estos
ocurrieron en el contexto de la Venezuela petrolera y que su situación
actual no es una herencia directa de las formas coloniales de explotación,
como los hatos ganaderos llaneros ó las haciendas. Verdaderamente,
la imponente complejidad de una selva tropical, con árboles
emergentes de hasta 60 metros de altura, fué un muro de contención
inexpugnable, para los recursos materiales y humanos con los que
contaron tanto la colonia, como luego las sucesivas repúblicas,
para intentar la empresa de "domesticar" una naturaleza
tan ferozmente húmeda y palúdica, como la que dominó
el Sur del Lago, hasta la primera mitad del Siglo XX. La sed de
tierras de los terratenientes y de los campesinos desplazados, fué
saciada en otras regiones, más accesibles y dóciles
para su ocupación.
No obstante, bajo el estímulo de la agroindustria
lechera instalada en 1945, entonces bajo dominio de la transnacional
Nestlé, se alentó un proceso de ocupación de
tierras en el Sur del Lago, que contó, inicialmente, con
la mano de obra semi esclava, reclutada de la etnia Wayú.
Posteriormente el proceso de deforestación y fundación
de fincas se nutrió del contingente de hombres y mujeres
dispuestos a trabajar a cambio de muy poco, que provenientes de
Colombia se refugiaron en este lado de la frontera, huyendo de la
tragedia del hambre y el terrorismo político desatado por
las rivalidades conservadoras y liberales de aquel entonces.
En esta colonización relativamente reciente de
las selvas del Sur del Lago, participaron agentes sociales de muy
diversa índole: piragüeros, muleros y revendedores zulianos,
ligados a las pocas actividades comerciales que para entonces se
desarrollaban a lo largo de las vías de trenes que el régimen
de Guzmán Blanco había osado construir en medio de
aquellas selvas para apuntalar la economía cafetalera en
Los Andes. También se sumaron campesinos andinos, que buscaban
mejores oportunidades que las inequidades reinantes en las tierras
altas andinas, y por supuesto, intervinieron igualmente empresarios
cafetaleros andinos y otros con neocapitales acumulados gracias
a la generosa renta petrolera en manos del Estado. Todo este conjunto
diverso de invasores se lanzaron en una empresa, para entonces considerada
heroóica y del más alto beneficio, como fué
el derribo de la indómita selva, su "saneamiento"
para la conversión en tierras agropecuarias y productivas.
Quedaron excluidos y marginados de este proceso los indígenas
Bari, que tenían parte de su territorio vital en el Sur del
Lago de Maracaibo y por el contrario fueron desterrados a sangre
y fuego hacia las tierras altas de la Sierra de Perijá, donde
hoy subsisten muy lejos de toda opción de justicia.
Son estos algunos
antecedentes, que deben tomarse en cuenta la hora de comprender
cómo se construyó la actual vocación cultural
ganadera y platanera en la región, como una impostura histórica
frente a su estridente vocación natural forestal. Por lo
tanto, no puede hablarse de campesinos o de latifundistas, en el
sentido que tradicionalmente implican, sino más bien de ocupantes,
con distintas capacidades para acaparar tierras indígenas
y baldíos del Estado, lanzados a conquistar en forma rudimentaria
un ecosistema complejo y desconocido.

La
ocupación del Sur del Lago de Maracaibo:
¿una transformación productiva?
De esta ocupación
y conversión de un vasto sistema de riquísima y productiva
selva tropical en fincas agropecuarias, aun no se han hecho sino
balances cualitativos muy generales, de los costos y beneficios
de tal proceso. A pesar de que cada vez con mayor fuerza la noción
ecológica de productividad cuestiona profundamente, este
tipo de transformación a gran escala en los ambientes del
trópico húmedo, todavía navegamos en aguas
turbias, llenas de desconocimiento y lugares comunes, donde los
discursos políticos y sociales están impregnados el
viejo paradigma de la productividad del colono, que destruye lo
que le es desconocido, volatilizando el capital natural, a cambio
de un uso y una cosecha comercializable, sostenible gracias a enormes
subsidios, económicos, sociales y ecológicos.
En la región
del Sur del Lago, los subsidios ecológicos son todos las
pérdidas, o en el lenguaje de los economistas, "las
externalidades" ambientales que ha ocasionado la devastación
de las selvas originarias y que no son repuestos por el sistema
productivo de reemplazo. Allí entran los servicios ambientales,
la biodiversidad, los productos de origen animal y vegetal, además
de las maderas y los múltiples usos forestales. Los subsidios
económicos son todas las inversiones del Estado: desde aquellas
dirigidas a "sanear" la región, desvío de
cursos de agua, drenajes, vías de comunicación, campañas
antipalúdicas, hasta los créditos que por distintas
vías fueron otorgados a un cierto grupo de ganaderos, sin
que redundaran en mayores progresos productivos. Los subsidios sociales
son los aportes del empleo barato que se imbrican en un sistema
incapaz de sostener el costo social de la reproducción de
su mano de obra: ausencia de impuestos nacionales y locales, poca
intervención e inversión social de los agentes y unidades
de producción.
Por tanto, la distribución regresiva de la tierra,
que ciertamente se verifica en el Sur del Lago, no es sino uno de
los aspectos que denotan un uso desequilibrado e inapropiado de
esta región. No es la base, ni el origen fundamental de los
problemas centrales a resolver allí. El problema de los pobladores
rurales pobres que se han ido acumulando en esta región,
tiene que resolverse, en el marco de un reordenamiento de su uso
y de su revalorización agroecológica.
¿Superando
los viejos enfoques?
Los "fundos zamoranos", que idealmente plantea
el presidente Chavez, como una superación de viejos esquemas
puntofijistas, desatan sospechas acerca de una visión anclada
en la escala de la pequeña finca, que desagrega una imprescindible
visión regional, o más bien ecoregional, integradora
de problemas y de soluciones. En esta escala de la parcela y del
fundo zamorano, vamos a encontrar casos de buenos y malos productores,
de finqueros grandes y pequeños, eficientes e ineficientes.
Pero no son los casos los que nos interesan, a la hora de definir
una política para una región. No se trata de añadir
nuevos casos, de que se sumen unos campesinos más al uso
irracional que se está haciendo de una de las regiones más
ricas de Venezuela. Diríamos que se trataría más
bien, en el marco de la democracia participativa y protagónica,
de recoger y aprender de la historia de ocupación
social y transformación ecológica reciente del Sur
del Lago, convocando a los agentes sociales que hoy conforman esa
amalgama de ocupantes, a un proceso de reorientación productiva
sustentable para esta región. Este proceso tiene varios componentes,
algunos de los cuales me permito proponer en este artículo:
- La revalorización ecológica del Sur del Lago. No
toda la región es susceptible de ser usada para fines agrícolas
y pecuarios. Existen claramente una zonificación ecológica
y ambiental que reclama por la regeneración del bosque, proceso
que es posible, aunque sea parcialmente, a partir de los parches
y remanentes de selvas que subsisten en medio de los pastizales.
- La puesta en marcha de incentivos económicos que estimulen
el esfuerzo de restauración de bosques: por ejemplo los llamados
"créditos verdes", descuentos de impuestos en favor
de la restauración, etiquetas ecológicas para los
productos de las fincas regeneradoras y protectoras de selva, son
algunos mecanismos.
- Impulsar el potencial de diversificación productiva que
tiene la región y su orientación hacia mercados especializados
y en ascenso como son las frutas tropicales, maderas, especies,
dirigidas al consumo nacional, al procesamiento industrial y la
exportación. En este marco de diversificación, reorientar
el modelo ganadero actual, hacia uno más eficiente, que aproveche
la experiencia ganada en algunos sistemas exitosos de doble propósito
(carne y leche)
- Promover cadenas agroproductivas especializadas, alrededor de
cultivos como el cacao criollo fino o de aroma, con ventajas comparativas
y nichos agroecológicos insustituibles en el Sur del Lago
de Maracaibo.
- Valorizar las áreas actuales de bosque natural remanente
y las que puedan recuperarse en el futuro, como áreas de
servicios ambientales: reguladoras del CO2 atmosférico, como
barreras y reguladoras de la circulación del viento (para
manejar el problema de los chubascos que arruinan las plataneras)
y como sitios explotables para el turismo ecológico y científico.
Son estas algunas ideas que pueden discutirse e impulsarse
con diferente intensidad y probabilidad de éxito. Sin embargo,
poco o nada de esto es posible si la discusión se centra
en un enfrentamiento entre "latifundistas" y "campesinos",
que no explica suficientemente la realidad del Sur del Lago.
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