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En
el caso del trolebús merideño se hace muy difícil
separar el aspecto político del meramente ambiental, por
cuanto ambos han sido protagonistas y lucen responsables de la polémica
que este sistema de transporte masivo ha incentivado entre los merideños. |
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La idea original de la implantación de un sistema
colectivo viene desde los instantes mismos en que la ciudad de Caracas
debatía acerca del metro por los años setenta y de
hecho, reposan en los archivos oficiales una serie de estudios y
documentos que así lo atestiguan.
Quien conoce nuestra ciudad la describe de forma alargada
y angosta con el clásico patrón español de
tablero de ajedrez en su parte colonial. Los sistemas montañosos
de Sierra Nevada y Sierra de La Culata constituyen las principales
barreras a su crecimiento en los lados más alargados hacia
el NW y SE respectivamente, de allí que los nuevos urbanismos
espontáneos o planificados se han estado emplazando hacia
los corredores SW y NE que la actividad geológica y geomorfológica
les han permitido, coincidiendo con las áreas de expansión
hacia Ejido-Lagunillas y Tabay. Tal situación ha impreso
un determinismo geográfico muy acentuado y restrictivo al
crecimiento, incluyendo el diseño de la red vial urbana e
interurbana.
Estudios realizados por las autoridades municipales
del transporte han determinado que la red vial actual tiene una
capacidad operativa de 30 mil vehículos, sin embargo, actualmente
circulan por calles y avenidas cerca de 70 mil, o sea, más
del doble. El caso se agrava progresivamente si anotamos que mensualmente
se incorporan al parque automotor entre 40 y 60 vehículos
y el problema hace crisis, cuando entendemos la triste realidad
del patrón restrictivo del medio físico que impide
por completo el que se adelanten políticas agresivas de construcción
de nuevas vías para ampliar la capacidad operativa. Este
cuadro, nada alentador para las soluciones al transporte masivo,
ha constituido y constituye, un aliciente para que la muy creadora
mente de la ingeniería merideña aporte soluciones,
nada fáciles por cierto, en medio de lo que podríamos
llamar la revolución ambiental que invade todas las facultades
de ingeniería de las universidades del planeta.
Lamentablemente los ingenieros merideños no han
estado a la altura de los cambios en la forma de concebir una obra
de ingeniería acorde con la armonía ambiental del
entorno de la misma, tal como se adelantan en los países
desarrollados y algunos latinoamericanos como nuestra vecina Colombia.
En la decisión final para determinar la ruta
a seguir de la denominada línea uno, la política mal
entendida impartió las directrices a seguir, dado que el
gobernador de turno William Dávila Barrios, impuso como factor
principal a tener en cuenta el que el sistema estuviera a la vista
del gran público elector, de manera de asegurarse dividendos
políticos a la hora de una reelección. Ingenieros
de la Universidad de Los Andes afectos a su corriente política,
adaptaron sus conocimientos de ingeniería de transporte a
las exigencias del gobernador, resultando la tan controvertida línea
uno, la cual se podía realizar en un tiempo muy corto para
producir de inmediato frutos electorales y con bajos costos económicos,
para encontrar a inmediato plazo fuentes de financiamiento, como
de hecho ocurrió. Como comprenderá el lector, si bien
participaron especialistas en materia de transporte, no fueron precisamente
los elementos técnico-ambientales los que prevalecieron,
dando al traste con el histórico momento de realizar la primera
obra de ingeniería en Mérida que tomara en cuenta
el entorno urbano-ambiental. único entre las capitales de
estado en Venezuela.
Los errores partieron del hecho de que ninguno de los
participantes en la escogencia de la ruta tiene experiencia en ese
tipo de trabajo para medios de transporte conforme a los cánones
modernos para la materia que incluyen los impactos ambientales,
limitándose de esa manera, a considerar únicamente
los parámetros referidos al transporte y costos, corrientes
de estudio abandonadas y reemplazadas por los estudios integrales.
Existe una normativa que señala los pasos a seguir
desde el punto de vista ambiental y los requisitos a cumplir en
cada etapa del proceso permisatorio y de la obra que están
plasmados en el Decreto vigente Nº 1257 y los mismos fueron
totalmente saltados a la torera, ignorados o cumplidos parcialmente
fuera del tiempo establecido por ese documento legal. A estas alturas
de la construcción de la obra, no existe ni mucho menos fue
aprobado el obligatorio estudio de impacto ambiental que debió
ser presentado antes de iniciar cualquier movimiento de tierra,
en consecuencia, se ignoran los detalles de los impactos a ser generados
por la obra antes, durante y luego de entrar en funcionamiento.
La única forma de adelantar el sistema en Mérida
sin afectar la ya colapsada red vial es el utilizar el denominado
corredor del Río Albarregas, donde el ingenio ambiental sería
puesto a prueba, dado que se trata de la afectación del único
parque urbano de la ciudad con extensiones de bosque andino. La
naturaleza no le brinda otras opciones al área metropolitana,
o se condena al casco urbano a convertirse en un gigantesco estacionamiento
sin ninguna solución al problema, o se emprende un ambicioso
y pionero proyecto ambiental de ingeniería por el corredor
de El Albarregas, algo para lo cual los merideños estamos
preparados si hacemos equipo interdisciplinario y dejamos a un lado
las anticuadas, obsoletas y destructivas responsabilidades de los
ingenieros del transporte y economistas como únicos protagonistas. |
Veamos algunos otros ejemplos para demostrar el engaño
ambiental:
-La avenida Centenario de Ejido ya fue condenada a no ser ampliada
nunca porque las franjas laterales previstas para ello fueron
robadas por el trolebús, a pesar que ya hizo crisis en
capacidad y esa ciudad no cuenta con un milímetro de
terreno para mitigar el fuerte impacto negativo de graves consecuencias;
de otro lado, los responsables del proyecto no ofrecen ninguna
solución al problema que ellos mismos están creando
con conocimiento de causa.
-El tramo en los alrededores de la denominada Cuesta del Ciego
coincide con la llanura de explayamiento de sedimentos del río
Albarregas, río que aguas arriba escurre sus aguas sobre
un lecho de detritos sueltos que constituyen excelente materia
prima para |
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los desastres naturales de origen hídrico. El hecho es que
se están construyendo muros que restringen peligrosamente
la sección hidráulica del río, a los fines
de crear artificialmente espacios para el trolebús. La experiencia
ha demostrado que todo curso de agua que es domesticado en áreas
de explayamiento de sedimentos vuelve a retomar esa dinámica
causando desastres hasta con pérdidas de vidas humanas. Ese
peligroso impacto, también creado con conocimiento de causa,
no fue motivo de análisis para su mitigación. De haberse
decidido por el corredor aledaño a la urbanización
Campo Claro, no se hubiera atentado contra la dinámica fluvial
del río, pero como ese sector está alejado del gran
elector, se prefirieron los laterales de la avenida interurbana
Mérida-Ejido porque es la entrada principal a la ciudad.
-Ese corredor inicial de Campo Claro hubiera permitido acercar el
trolebús al sector de Los Curos, colectividad con prioridad
número uno a ser atendida por el sistema, respondiendo así
a una de las razones principalísimas de su construcción.
Es así como la ruta principal no le da prioridad al sector
de la ciudad con mayor densidad de población y con mayores
necesidades del sistema de transporte, a cambio, le brinda servicio
a las urbanizaciones de clase media y alta de los laterales de la
vía interurbana donde al menos un miembro de la familia tiene
vehículo propio. Ese corredor de Campo Claro hubiera permitido
el acceder al corredor del Albarregas al que hice mención
anteriormente.
-Todo el trazado afecta de una u otra manera la red vial existente,
ya sea compartiendo canales con el parque automotor, incluyendo
las horas pico, ya sea tomando para sí todos los canales
en un sentido como ocurrirá en las cuadras finales de la
avenida Don Tulio, o tomando sus laterales como sucede con la avenida
Centenario. Está demostrado que un sistema de transporte
masivo no saca de circulación más del 20% del parque
automotor en irremediable aumento y el día de parada es efectivo
inicialmente. Lo único razonable que nos ofrecen los responsables
del proyecto es el poner en servicio rutas alimentadoras de busetas
cambiando totalmente las actuales rutas.
-En los dos cruces de vías más problemáticos
de la ciudad como lo son el empalme de la avenida Andrés
Bello con el viaducto Sur y avenida 16 de septiembre y el empalme
de la avenida Don Tulio con el viaducto del Centro de la ciudad,
el trolebús circulará al mismo nivel que el resto
de vehículos, con la circunstancia agravante de que se instalarán
semáforos inteligentes que le darán prioridad al trolebús
cada 15 minutos, sobre un parque automotor en circulación
que se convertirá en estacionamiento gigante en horas pico.
-En su paso por la avenida 16 de septiembre se le están robando
áreas verdes consideradas como de alta restricción
para el libre carreteo de los aviones al aeropuerto local, dado
que con la superficie disponible no se cumplen con las normas de
seguridad aeronáutica. Aún así, el trolebús
le quitará parte de ese insuficiente y peligroso espacio.
-El centro de la cuidad resulta ser el más neurálgico
en cuanto a congestionamiento se refiere y como señalé
anteriormente, no existen espacios para nuevas vías a donde
desviar los vehículos y mitigar así los graves y no
solucionables impactos que inexorablemente se van a presentar. ¿Qué
sucederá con los flujos vehiculares de las avenidas 2,3,4
y 5 cuando el trolebús tenga prioridad de paso en su intersección
simultánea con las mismas? El congestionamiento y estacionamiento
va a ser total.
-Para mitigar los impactos a ser generados al final de la avenida
Don Tulio donde el trolebús tomará todos los canales
de bajada, el flujo vehicular será desviado hacia la avenida
del Paseo de la Feria, única arteria vial que aun no ha colapsado
en horas pico; de esa manera, le están creando un caos vehicular
a los habitantes del sector sin ni siquiera haber sido consultados
como lo estipula la ley.
-Las consultas obligadas con carácter vinculante a las comunidades
afectadas, tal como lo tipifica el ordenamiento jurídico
venezolano nunca se realizaron y a cambio se efectuaron reuniones
informativas donde se ocultó todo lo relacionado a los impactos
urbano-ambientales, informándose únicamente las bondades
referidas al transporte.
-Las autoridades ambientales de la región nunca fueron garantes
de lo estipulado en las leyes ambientales como es su obligación,
por el contrario, se limitaron a violarlas ellos también
en aras de una colaboración interinstitucional entendida
de manera política acomodaticia.
Es este un apretado resumen de algo que, siendo muy necesario para
la movilización ciudadana, está pasando a ser la gran
pesadilla a corto, mediano y largo plazo para los merideños
por ignorancia ambiental en el quehacer urbano, por posturas políticas
no honradas y por conveniencia personal o grupal de los actores
que han intervenido en el caso. Sirva esta reflexión para
que se entienda que un sistema de transporte masivo para cualquier
ciudad de Venezuela que lo requiera, debe canalizarse a la luz de
realidades muy diferentes y características de cada una y
no extrapolar realidades no extrapolables. Lo que está ocurriendo
con Mérida donde el poder y la irracionalidad se está
imponiendo sobre la razón, debe servir de ejemplo en el resto
del país. Que esta reflexión constituya un alerta.

*Profesor
universitario carmarc@cantv.net |
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