E D I T O R I A L
Entre la objetividad informativa y el periodismo militante
 
 

  En este momento de extrema conflictividad entre sectores oficialistas y la oposición democrática el tema de la objetividad periodística surge como uno de los aspectos más polémicos de la agenda política venezolana.
  Tanto medios como periodistas son acusados de parcializarse a favor de una u otra tendencia. Se señala que los medios de comunicación y los periodistas están ocupando un espacio que no les corresponde, al convertirse en protagonistas de la actual contienda ideológica. Para sustentar esta aseveración se argumenta que la misión social de los medios es la de informar objetivamente; no la de dar opiniones.
  Sin embargo, muchos de estos argumentos parten de premisas falsas y una confusión de fondo entre los conceptos de objetividad periodística y neutralidad política.

El mito de la objetividad

  Tal y como nos explican los diccionarios especializados, se entiende por objetividad periodística a la propiedad de una información que refleja lo que son los hechos y no las opiniones personales. Así, se entiende por “periodismo objetivo” el tratamiento de la información de actualidad que supone presentar los hechos -en un reflejo fiel de la realidad- tal y como ocurrieron.
  Conviene recordar que la doctrina de la objetividad periodística surge a mediados del siglo XIX con la revolución industrial y la estructuración de la actividad periodística como empresa privada con fines de lucro. Junto a la posibilidad tecnológica de incrementar en miles el tiraje de la prensa, surgió la necesidad de nuevas fuentes de financiamiento a través de la publicidad. Frente a los anunciantes y un universo heterogéneo de lectores la nueva prensa asume la necesidad de presentarse a si misma con una postura imparcial, no comprometida con ningún sector determinado de la sociedad. Es la expresión periodística del liberalismo político fundamentado en la libertad de conciencia y opinión. Si la prensa debía ser objetiva, los periodistas en consecuencia debían informar con objetividad.
  De acuerdo a esta visión de la comunicación, el fiel seguimiento de ciertas técnicas permite que el periodista describa o narre objetivamente los hechos que constituyen la realidad informativa. Así pues la objetividad periodística se presenta como
un dogma que debe obedecer todo comunicador social.
  Sin embargo, acatar esta doctrina supondría aceptar la existencia de una capacidad intrínseca del periodista para ser neutral frente a la realidad. Sin valores u opiniones propias, sin puntos de vista personales -mucho menos prejuicios o estereotipos- el periodista vendría a ser un ente anodino, una suerte de robot con capacidad de percepción aséptica: producir y jerarquizar contenidos informativos, para describir o narrar hechos químicamente puros, con neutralidad de laboratorio.

Desmontando el mito de la objetividad

  Si para las llamadas ciencias “exactas” la objetividad es el ideal de la investigación científica, para las ciencias sociales la objetividad es un problema sin resolver.
  Por eso, resulta irónico que mientras -a nivel mundial- las nuevas tendencias de la ciencia cuestionan el viejo paradigma cartesiano de la objetividad científica, a los comunicadores sociales se le exija el fiel seguimiento de una praxis doctrinaria que se derrumba.
  No solo los teóricos de la comunicación y los periodistas profesionales cuestionan hoy las bases del paradigma de la objetividad. Las voces de científicos sociales provenientes de variadas disciplinas como la antropología, la sociología y la psicología social demuestran que el proceso de percepción de la llamada “realidad” no es ajeno a los factores individuales, sociales o culturales.
  Para los constructores de nuevos paradigmas, la ciencia cartesiana ya no es un modelo a seguir, ni el objetivismo de la física clásica y su causalidad lineal la mejor pauta para abordar la complejidad de los fenómenos sociales. La racionalidad intencional no basta para percibir la realidad.

La Objetividad y el Principio de Incertidumbre

  En el campo de la ciencia moderna la incorporación del Principio de Incertidumbre de Heisenberg -surgido de la física cuántica- describe que el acto mismo de observar cambia lo que se está observando.
  Aplicado a las ciencias sociales, el Principio permite referir el conocimiento como resultado de la interacción entre el observador y el objeto observado.
  Llevado al ámbito del periodismo, el principio indicaría que entre el periodista y el hecho informativo se crea una relación en la que ambos se reflejan: el informador como parte de la información...
  En todo caso, las nuevas tendencias de la ciencia abren
una profunda interrogante sobre la pertinencia de la doctrina de la objetividad aplicada a la praxis de la comunicación social: ¿puede el periodista describir una realidad como si le fuera ajena, cuando es él quien la construye en el mismo proceso de la descripción?

La neutralidad no es un deber

  A diferencia de la objetividad, el concepto de neutralidad es un término llano, sin mayores pretensiones filosóficas. Cercano al ámbito de lo político, la neutralidad se define como la calidad y estado de permanecer sin inclinarse a ninguna de dos partes que contienden.
  Entendida así, la neutralidad puede ser un derecho, pero nunca un deber ciudadano. Tan solo al sector militar se le exigió -en el pasado- asumir una condición apolítica, entendida como neutralidad política. Y entonces, ¿por qué se le exige al periodista la obligación de ser neutral como condición intrínseca a su labor profesional? ¿Por qué se le cuestiona su posicionamiento político haciendo uso del argumento de la objetividad?

Periodismo militante

  En Venezuela existen numerosos ejemplos de medios de comunicación que sirven de voceros a una posición ideológica, filosófica o religiosa, sin que ello signifique necesariamente incurrir en la mentira y la desinformación. El diario La Religión, La Tribuna Popular, o nuestra revista La Era Ecológica, no son ejemplos de neutralidad; al contrario, defienden posiciones bien definidas y enfrentan a sus contrarios construyendo su propia agenda informativa. La posibilidad de jerarquizar los contenidos informativos no es sinónimo de manipulación tendenciosa de los hechos; es, por el contrario, un ejercicio de libertad de información.
  Por ello, así como rechazamos las prácticas deshonestas del periodismo mercenario, la manipulación, la censura, la mentira y la desinformación; abogamos por el derecho ciudadano que asiste a los comunicadores sociales de ejercer un periodismo comprometido en defensa de la democracia y la libertad de expresión.

 
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