En peligro los bosques de Guayana
La fiebre del Oro amenaza a Imataca
 
Los yacimientos de oro más grandes de América Latina se encuentran en un territorio selvático al este de Venezuela, conocido como la Reserva Forestal de Imataca.
 
Julio César Centeno*
   
  Imataca cubre 3,5 millones de hectáreas, una superficie mayor que la de Holanda y casi del tamaño de Suiza. Se encuentra al pie del Escudo de Guayana, cubierta en casi su totalidad por ancestrales selvas tropicales, ricas en diversidad genética como pocos lugares en el mundo. Es un territorio rico además en oro, diamantes, hierro, bauxita, manganeso, cobre, agua y energía. Es una de las principales herencias naturales de generaciones futuras de venezolanos.
 
   

El Decreto Presidencial 1850

  La decisión gubernamental para explotar los yacimientos de oro de Imataca se formalizó a través del Decreto Presidencial 1850 del 14 de Mayo de 1997, bajo la presidencia de Rafael Caldera. Inmediatamente generó resistencia en diversos círculos políticos, académicos, científicos y ambientalistas, así como entre organizaciones civiles y comunidades indígenas.
  A través de un conjunto de medidas sin precedente, la Reserva Forestal de Imataca fue repartida entre concesionarios madereros y mineros, usurpando territorios indígenas, violando

el ordenamiento jurídico nacional, y contraviniendo acuerdos internacionales en materia de derechos humanos y de protección ambiental.
  Doce concesiones madereras se reparten cerca del 60% de la reserva, en su mayor parte otorgadas en los años 80. Los contratos de concesión se rigen por planes de manejo con períodos de rotación de 40 años y directrices que, de ser respetados, podrían garantizar la sustentabilidad de la actividad industrial. Sin embargo, el deficiente control de las empresas madereras ha facilitado una actitud depredadora que ha causado serios daños en la mayor parte de las áreas explotadas, aunque la producción oficialmente no exceda un promedio de 5 metros cúbicos por hectárea.
  El Decreto Presidencial 1850 asigna 1.4 millones de
hectáreas, el 38% de la reserva, para la explotación minera en áreas parcialmente superpuestas a las concesiones forestales. Queda además a juicio del Gobierno Nacional el otorgar nuevas concesiones, forestales o mineras, en otros lugares, tales como en la Planicie de Desborde, con el 15% de la superficie, o en la llamada "Zona de Investigación", con el 7% de la reserva.
 

Prisioneros en su propio territorio

  Imataca se encuentra habitada por docenas de comunidades indígenas, pertenecientes a las etnias Warao, Arawako, Kariña, Akawaio y Pemón. El Decreto Presidencial 1850 sorprendentemente no contempla ni reconoce los territorios indígenas. El tratamiento de los derechos de las comunidades indígenas es vergonzosamente deficiente, limitándose a su importancia como “atractivo turístico” y como mano de obra para los “desarrollos” propuestos.
  El Plan de Ordenamiento al que hace referencia el Decreto Presidencial 1850 reparte mas de tres millones de hectáreas para actividades comerciales, incluyendo derechos para el establecimiento de infraestructura para la explotación, procesamiento y comercialización de recursos naturales. Pero a los indígenas, habitantes tradicionales de este territorio, no sólo se les ignoran sus derechos territoriales. Se les impide, explícitamente, la expansión de sus actividades de subsistencia. (Artículo 64 del Plan de Ordenamiento)
  De esta manera, las comunidades indígenas quedan condenadas a convertirse en prisioneros en su propio territorio. Sólo podrían mejorar sus condiciones de vida si se incorporan como mano de obra a los procesos de “desarrollo” concebidos desde Caracas, destinados primordialmente a la explotación forestal y minera.
  La Federación de Indígenas del Estado Bolívar emite un comunicado el 9 de Junio de 1997, en donde establece: “La reciente aprobación en Consejo de Ministros del Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso de la Reserva Forestal de Imataca reafirma una vez más la política discriminatoria y violatoria de los derechos humanos de los pueblos indígenas por parte del Estado Venezolano. Decreto que cambia totalmente la figura de la reserva forestal de Imataca, dándole apertura a la explotación minera, turística, industrial, forestal y poblamiento, sin consulta e información alguna a los principales afectados, que son los pueblos indígenas Warao, Arawako, Kariña, Akawaio y Pemón”.
  En un foro realizado en la Universidad Central de Venezuela el 2 de Julio de 1997, el coordinador de la Federación de Indígenas del Estado Bolívar sentenció, tanto en Pemón como en Castellano: ”El bosque es nuestro hogar, nuestro laboratorio, nuestro hospital, nuestra universi-dad. Es donde nosotros adquirimos los conocimientos para poder vivir. Nuestra lucha contra el decreto es por la defensa de la vida”.

Codicia y corrupción

  El Decreto Presidencial 1850 desencadenó una avalancha de solicitudes para el otorgamiento de concesión para la explotación de oro en Imataca. Una investigación de la Comisión de Ambiente y Ordenamiento Territorial del Congreso Nacional (hoy Asamblea Nacional) desenmascaró una impresionante maraña de intereses y corruptelas asociadas a entes gubernamentales y empresas transnacionales del oro.
  La avalancha de solicitudes por concesiones mineras en Imataca vino acompañada por un proceso asombrosamente eficiente y ágil para su aprobación por parte del Ministerio de Energía y Minas y del Ministerio del Ambiente. Docenas de concesiones fueron otorgadas en pocos meses, mientras otros denunciaban la ilegitimidad e inconstitucionalidad del otorgamiento de concesiones para la explotación de oro en ese territorio.

Inconstitucionalidad e ilegalidad

  La investigación de la Comisión de Ambiente y Ordenamiento Territorial concluyó en la introducción de una solicitud de nulidad por parte del Congreso Nacional (hoy Asamblea Nacional) contra el Decreto Presidencial 1850 ante la Corte Suprema de Justicia (hoy Tribunal Supremo de Justicia). El pronunciamiento de la Oficina de Asesoría Jurídica del Congreso establece que existen suficientes motivos para dudar de la legalidad y constitucionalidad de dicho decreto.
  Casi simultáneamente fueron introducidas otras dos solicitudes de nulidad del Decreto Presidencial 1850 ante la Corte Suprema de Justicia, una por el Colegio de Sociólogos y Antropólogos de Venezuela y grupos ambientalistas, y otra por las comunidades indígenas de la región.
  El 9 de Junio de 1997 la Federación de Indígenas del Estado Bolívar emite un comunicado en donde se denuncia el Plan de Ordenamiento de la Reserva Forestal de Imataca y solicita la derogatoria del Decreto Presidencial 1850.
  El 14 de Junio, la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Los Andes emite un pronunciamiento en el que le solicita al Presidente de la República la revocatoria del Decreto Presidencial 1850.
  El 1° de Julio, caciques y delegados de las comunidades indígenas de Waramasen, San Antonio de Morichal, Maurak, Agua Fría, Monte Bello, Paraitepuy de Roraima, San Francisco de Yuruaní, San Rafael de Kamoirán, Tuaukén, Kanayeutá y Kamarata, así como representantes indígenas de núcleos radicados en centros urbanos de Bolívar, consignaron un documento ante el Congreso donde rechazan el Decreto Presidencial 1850.
  El 13 de Julio la Conferencia Episcopal Venezolana le solicita directamente al Presidente de la República la revisión del Decreto Presidencial 1850. El 28 de Julio la Comisión de Ciencia y Tecnología del Congreso Nacional solicita la moratoria del Decreto 1850.
  El 2 de Agosto de 1997 la Corte Suprema de Justicia finalmente admite el recurso de nulidad del Decreto Presidencial 1850.

Manipulación de intereses

  Ante el evidente repudio público a las decisiones del presidente Rafael Caldera y su Consejo de Ministros para la explotación de oro en Imataca, el Gobierno Nacional se compromete públicamente a modificar el Decreto 1850 a través de un debate público, en cumplimiento de preceptos constitucionales y disposiciones explícitas de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial.
  Hasta ahora esto no ha ocurrido, mientras que tanto el decreto como las concesiones otorgadas mantienen su vigencia.
  El caso ha permanecido en aparente estado de letargo durante mas de 5 años, mientras se concreta una manipulación de intereses a espaldas de la sociedad venezolana, con el propósito de explotar las riquezas naturales de la Reserva Forestal de Imataca para el beneficio de una minoría, independientemente de los costos ambientales y sociales en que se incurra.

 

Suministro de electricidad

  La explotación de oro en Imataca depende de la disponibilidad de grandes cantidades de electricidad. En los contratos de concesión con las principales empresas transnacionales y sus subsidiarias en el país, se establece el compromiso expreso del Estado Venezolano de construir un tendido eléctrico desde el complejo hidroeléctrico formado por las represas del Guri y Macagua para suministrar 170 kilovoltios (kV) a través de una estación localizada en Las Claritas, en la esquina sur de la Reserva Forestal de Imataca.
  Cuando el escándalo por el Decreto Presidencial 1850 irrumpió ante la opinión pública en 1997, la construcción del tendido eléctrico que suministraría energía para el funcionamiento de las empresas mineras se encontraba en sus etapas iniciales. Hoy es una realidad. En Agosto del

2001, los presidentes Chávez de Venezuela y Cardozo de Brasil inauguraron una línea de transmisión de 400 kilovoltios (kV) desde Macagua, cerca de Ciudad Guayana, hasta una estación localizada en Las Claritas. A partir de allí continúa una línea de 230 kV, cruza La Gran Sabana con destino a Santa Elena de Uairén y Boa Vista, en Brasil, cumpliendo así con el acuerdo binacional suscrito en 1997 por los presidentes Caldera y Cardozo, de Venezuela y Brasil respectivamente. El tendido eléctrico Venezuela-Brasil se construyó a un costo de 400 millones de dólares, con una longitud de 680 kilómetros, de los que 480 km se encuentran en territorio venezolano (desde Macagua hasta Santa Elena de Uairén) y 200 kilómetros en Brasil, desde Santa Elena de Uairén hasta Boa Vista.
  Una línea paralela de transmisión eléctrica parte de la central hidroeléctrica de Macagua y culmina en El Callao, para suministrar 115 kV de energía. Allí se descubrió recientemente un depósito compacto de oro de 3 millones de onzas,uno de los mas ricos del mundo, con un valor de mas de mil millones de dólares a precios actuales.
 

Refugio de inversionistas

  En 1997, el precio del oro se encontraba en uno de sus niveles históricos más bajos. Sin embargo, ha venido ascendiendo como consecuencia del derrumbe de los mercados mundiales de valores desde el 2000 y los ataques terroristas del 11 de Septiembre del 2001 contra el World Trade Center y el Pentágono.
  El oro ha surgido como un importante refugio de inversionistas ante las convulsiones económicas internacionales. En Septiembre de 1999 el oro se cotizaba a US$ 256 la onza. En enero del 2002 aumentó a 273 dólares la onza. Para diciembre había aumentado casi un 27% adicional, para cerrar el 2002 en aproximadamente US$ 346 la onza. Mientras que las acciones en las principales bolsas de valores se desplomaron estruendosamente. El índice Dow Jones pérdió el 20% de su valor sólo en el año 2002, mientras que el índice Nasdaq perdió mas del 40% de su valor en el mismo período.

La lucha por el oro

  La avaricia por el oro de Imataca ha generado serios enfrentamientos políticos, financieros y sociales. Los pequeños mineros, en su mayor parte de carácter artesanal, reclaman haber sido desplazados por las grandes empresas multinacionales, condenándolos a la miseria.
  Varias transnacionales del oro han protagonizado cruentos enfrentamientos por el control del oro de la región. Uno de los casos mas emblemáticos es la disputa entre Vannessa Ventures y Crystallex International por la explotación de uno de los principales yacimientos de oro de Imataca: la mina Las Cristinas, cuyos yacimientos se estiman en 11 millones de onzas de oro, con un valor a precios actuales de aproximadamente 4.000 millones de dólares.
  Las Cristinas se encuentra adyacente al proyecto Brisas, de Gold Reserve, cuyos yacimientos se estiman en 10 millones de onzas adicionales. El costo operativo de ambos proyectos se estima en US$ 120 por onza. El complejo Brisas - Las Cristinas incluye además yacimientos de cobre estimados en 900.000 toneladas.
  El proyecto para la explotación de oro en Las Cristinas contempla una inversión de 500 millones de dólares en un lapso de 8 años, para el procesamiento de 40.000 toneladas métricas diarias de mineral aurífero con el fin de extraer aproximadamente 500.000 onzas de oro por año durante 20 años.
  A finales del 2000, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y Crystallex International firmaron un contrato para la explotación del yacimiento aurífero de Las Cristinas. El contrato contempla el pago de menguadas regalías al Ministerio de Energía y Minas, equivalentes a sólo 3% de los beneficios de la operación, según la Ley de Minas venezolana. Adicionalmente, Crystallex se compromete a cancelarle a la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) una regalía adicional que varía con el precio del oro. Si el precio se mantiene por debajo de los US$ 280/onza, la regalía es de 1%. Para un precio entre US$ 280 y US$ 350, la regalía es de 1.5%. Para un precio entre US$ 350 y US$ 400/onza, la regalía es de 2%, y si el precio del oro sobrepasa los US$ 400 por onza, la regalía sería del 3%. Crystallex se reserva el control total de los recursos y del proyecto.
  Este contrato ha generado una enorme controversia y enfrentamientos en tribunales. Crystallex le canceló 15 millones de dólares a la CVG por la infraestructura y los activos existentes, así como por los estudios de exploración realizados. Pero la empresa Minera Las Cristinas (MINCA), subsidiaria de Vannessa Ventures, reclama haber invertido mas de 170 millones de dólares en la exploración y comprobación de la existencia de 11 millones de onzas de oro en el sitio, de acuerdo con un convenio previo entre MINCA y la CVG para la explotación de los recursos auríferos de Las Cristinas. MINCA argumenta que es la legítima poseedora de los derechos para la explotación de oro en Las Cristinas, que la CVG ha procedido de manera ilegal y que Crystallex no cumple con los ordenamientos del Código de Comercio de Venezuela sobre corporaciones extranjeras.
  La explotación de Las Cristinas había sido originalmente acordada entre la CVG y la empresa canadiense Placer Dome, hace mas de 10 años, para cuyo fin se creó un joint-venture: MINCA. Vannessa Ventures compró la participación de Placer Dome en MINCA en el 2001 por un valor simbólico de US$ 50, en una operación descrita por el presidente de la CVG como “un serio fraude a la Nación Venezolana”. La CVG rehúsa reconocer los presuntos derechos de Vannessa Ventures en MINCA, argumentando que la transacción requería del consentimiento previo del Estado Venezolano. El presidente Chávez anuló los derechos de MINCA sobre Las Cristinas en Mayo del 2002, a través del Decreto Presidencial 1757. El conflicto fue sometido a consideración de la Corte Suprema de Justicia. MINCA ha amenazado con someter el caso a arbitraje internacional, de acuerdo con el Convenio de Protección de Inversiones suscrito entre Venezuela y Canadá.
  La controversia se ha visto agravada por la invasión de docenas de pequeños mineros a la zona, obteniendo de 3 a 4 gramos de oro por tonelada de tierra procesada. En su mayor parte utilizan bombas portátiles de agua de alta presión, causando un enorme impacto sobre los ecosistemas de la región. El uso de mercurio en el proceso de separación genera serios problemas adicionales de contamina-ción de las aguas.
  La empresa transnacional HECLA se ha visto en la necesidad de llegar a un acuerdocon cooperativas de mineros independientes para la explotación de los yacimientos de oro del bloque B de la empresa estatal Minerven en El Callao. Los pequeños mineros se limitarán a la explotación de oro en las capas superficiales, mientras que HECLA concentra sus actividades en galerías profundas, su especialidad. La empresa planea invertir cerca de 25 millones de dólares en la zona.
  HECLA también maneja la mina de oro La Camorra, produciendo 86.000 onzas en el primer semestre del 2002, a un costo de US$ 130 la onza.
  Conflictos similares se presentan en toda la región. La pobreza y desesperación de sus habitantes se ha combinado con la improvisación y la corrupción de los entes públicos, mas la avaricia e irresponsabilidad de empresas transnacionales, para convertir a la minería de oro en Imataca en una sería amenaza a la estabilidad de los recursos naturales de este territorio, y por ende al establecimiento de sistemas efectivamente sostenibles de desarrollo en esta convulsionada región del país.
  La supervisión y control de las actividades de las transnacionales del oro en territorios selváticos es alarmantemente deficiente, mientras que los estándares que utilizan en sus operaciones en el país son mucho mas “flexibles” que los que aplican en sus países de origen.
Venezuela corre el inminente peligro de sacrificar uno de los principales legados naturales de generaciones futuras, a cambio de paupérrimos beneficios económicos a corto plazo.


* Especialista forestal venezolano. Fue uno de los principales negociadores del Acuerdo Internacional de la Madera Tropical, sirviendo como vocero de los países tropicales. Asesor de la Secretaría de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo [UNCED 92]. Director Ejecutivo del Instituto Forestal Latino Americano. Profesor del Centro de Estudios Forestales de Postgrado de la Universidad de Los Andes. Representante de Venezuela en negociaciones internacio-nales sobre bosques y cambios climáticos. Investido por el Príncipe Bernhard de Holanda con la Orden del Arca Dorada. Miembro del primer Consejo Directivo del Forest Stewardship Council (FSC). Miembro del Consejo Directivo de SGS-Forestry in Oxford, Reino Unido. Vicepresidente de la Fundación TROPENBOS en Holanda (1994-2000). Profesor visitante del Departamento de Política y Economía Forestal de la Universidad de Viena, Austria (1999). Miembro del Comité Asesor para Ambiente y Desarrollo de PDVSA-BITOR.

Apartado 750, Mérida - Venezuela.
Tel/fax: Intl+58-274-2713814
Tel/fax: Intl+58-274-2714576

Correo-e: Jcenteno@telcel.net.ve
http://www.ciens.ula.ve/~jcenteno/

 
 
inicio