y
radiación, a objeto de precisar la sensibilidad de las características
hidrológicas de una cuenca o región.
También se requiere evaluar los posibles
efectos, directos e indirectos, de los cambios climáticos
(precipitación, temperatura y otras variables) sobre la evaporación,
evapotranspi-ración y balance hídrico, a objeto de
inferir las posibles consecuencias sobre la vegetación, los
recursos hídricos y la producción agrícola.
Las evaluaciones que se han hecho de los
cambios climáticos globales, resultantes de las actividades
humanas por el uso de combustibles fósiles, deforestación,
actividades agrícolas y empleo de clorofluorocarbonos, se
basan en los estudios realizados por medio de los modelos de circulación
general de la atmósfera (llamados en inglés GCMs).
De acuerdo con el Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos
(IPCC por sus siglas en inglés), los cambios climáticos
conducirán a una intensificación del ciclo hidrológico
global, lo que podría generar importantes impactos sobre
los recursos hídricos. Un cambio en el volumen y distribución
del agua afectaría el suministro de agua subterránea
y superficial, para fines domésticos, industriales, agrícolas,
generación de energía, navegación, ecosistemas
acuáticos, recreación y turismo basados en el recurso
hídrico. Aún, pequeños cambios en la temperatura
y precipitación, junto con las respuestas no-lineales en
la evapotranspiración y humedad del suelo, pueden resultar
en cambios relativamente grandes en el escurrimiento y los caudales,
especialmente en regiones secas.
En un estudio realizado en los Estados Unidos
para analizar la relación entre la escorrentía anual
media y la precipitación anual media (Riebsame, W. E. 1989.
“Assessing the social implications of climate fluctuations.
PNUMA), se plantea que una disminución en un 25% en la precipitación
anual (de 1000 mm a 750 mm), con una temperatura media ponderada
de 10º C, generaría una reducción del 50% en
la escorrentía. Dicho estudio, tomando en cuenta un rango
de temperatura más representativo de la zona tropical, indica
una disminución de la escorrentía en función
de la disminución en la cantidad de precipitación
anual media y de incrementos en la temperatura media ponderada.
Los impactos de los cambios climáticos
sobre los recursos hídricos van a depender de las condiciones
que se tomen como base, de los mismos sistemas hídricos y
de la habilidad de los administradores de dichos sistemas, para
responder no sólo al cambio climático, sino también
al crecimiento de la población y de las demandas, mejoras
en la tecnología y cambios en las condiciones sociales, económicas
y en la legislación. (IPCC, 1996. “Climate Change 1995”,
Cambridge Univ. Press). Con respecto a lo anterior, los países
menos desarrollados presentan serias desventajas en comparación
con los más desarrollados; ya que los costos para enfrentar
los problemas hídricos causados por los cambios climáticos
podrían ser mayores, en el primer caso, e incluso inmanejables.
Los países más desarrollados han implementado sistemas
integrados de manejo del agua, mejores infraestructuras, mejor organización
institucional; a la vez que han promovido eficientes programas de
conservación de aguas, así como de monitoreo y predicción
de inundaciones y sequías.
Entre los enfoques metodológicos
desarrollados recientemente para abordar este problema, se señalan
los siguientes:
1.- Análisis de las variaciones a largo plazo
en la escorrentía y elementos meteorológicos durante
períodos del pasado,
2.- empleo de métodos de balance hídrico
durante un largo período de tiempo,
3.- empleo de los modelos de circulación atmosférica,
y
4.- empleo de modelos hidrológicos deterministas.
¿Cuánta
agua tenemos?
Situación
actual de la disponibilidad natural del agua en Venezuela
La planificación del manejo y gestión de los recursos
hídricos en Venezuela se inicia hacia la década de
los años 1950, y experimenta un desarrollo significativo
en las décadas siguientes, debido principalmente al interés
en incrementar la oferta, básicamente mediante la construcción
de sistemas de presas, embalses e infraestructura de riego. Los
aportes provenientes de la exportación de petróleo,
en una situación de precios ventajosos, permitió que
el Estado hiciera fuertes inversiones en desarrollos de aprovechamiento
hidráulico, algunos, aún hoy en día, no plenamente
utilizados.
En 1977, se crea el Ministerio del Ambiente
y de los Recursos Naturales Renovables (MARNR), ente que asume gran
parte de las competencias del disuelto Ministerio de Obras Públicas
y de otros organismos como el Ministerio de Agricultura y Cría.
Con la creación del MARNR, tanto la fase de planificación
del aprovechamiento de los recursos hídricos como los aspectos
relacionados con la protección y conservación, quedan
bajo la responsabilidad de un solo ente ministerial.
La disponibilidad natural de agua en Venezuela
está constituida por el balance entre las entradas, representadas
por la precipitación y los aportes laterales provenientes
de Colombia, y las salidas representadas por las pérdidas
por evaporación, evapotranspiración y flujos transfronterizos
hacia Brasil y Guyana.
Precipitaciones
La distribución geográfica
de la precipitación en Venezuela presenta un marcado contraste
latitudinal entre el sur y el cinturón norte-costero. Las
altas precipitaciones de la zona ubicada al sur de los 6º N
es el resultado de la combinación de varios factores meteorológicos,
entre los cuales uno de los más importantes es la llamada
Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) y el tiempo que ella permanece
sobre dicha área. El cinturón norte-costero, presenta
condiciones de sub-húmedas a secas en gran parte de su extensión.
El rango de la precipitación anual es de valores superiores
a los 4000 mm, en el sur del estado Bolívar a 260 mm en La
Orchila.
Evaporación
La variación geográfica de
la evaporación depende de los patrones espaciales de temperatura,
radiación, vientos y de la cantidad de humedad disponible.
La evaporación anual medida en tina (evapo-rímetros
tipo “A”, de los que a partir de 1984 quedaron muy pocos
instalados en el país), presenta una variación geográfica
entre valores un poco menores a 1500 mm, en tierras altas, a más
de 2500 mm en regiones secas con altas temperaturas, donde es mayor
la demanda evaporativa.
Escorrentía
Con relación a la escorrentía,
existen en Venezuela dos grandes vertientes hidrológicas:
la del océano Atlántico, que abarca un 82 % del territorio
nacional y la del mar Caribe, que incluye los ríos que drenan
directamente hacia el mar o indirectamente a través de la
cuenca del Lago de Maracaibo. Estas vertientes están delimitadas
por el arco montañoso de la cordillera de Mérida,
cordillera de la Costa y cordillera Oriental. Las características
de caudal y volumen de agua están señaladas en la
tabla 1.

Un aporte muy importante a las cuencas del
río Orinoco y del Lago de Maracaibo proviene del territorio
colombiano. Entre las salidas transfronterizas, están las
aguas que drenan hacia la cuenca del río Amazonas, a través
del brazo Casiquiare y a la cuenca del río Esequibo. (Tabla
2)

Aguas
subterráneas
Con relación a las aguas subterráneas
la situación es menos conocida que con las superficiales.
Rodríguez-Betancourt y González-Aguirre
en un trabajo sobre el Manejo de los Recursos Hídricos en
Venezuela (IWMI, México, 2000), señalan que en el
país se han podido identificar:
(a) acuíferos de gran potencialidad como los
de la Mesa de Guanipa (estado Anzoátegui), sur de
Monagas, sistema del río Guárico, Llanos de Barinas
y Llanos de Apure;
(b) acuíferos con potencial medio en Barlovento
y Valle de Caracas; y
(c) acuíferos en vías de agotamiento en
el valle de Quibor (Lara) y en Coro (estado Falcón).
Esta información está basada en datos de la Dirección
de Hidrología del MARNR de 1995.
Escenarios del cambio climático en
Venezuela
Como
parte del seguimiento de las recomendaciones de la Conferencia de
las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD),
efectuada en Brasil en junio de 1992, se está llevando a
cabo en todos los países la preparación de las Comunicaciones
Nacionales en Cambio Climático. En este sentido, el Ministerio
del Ambiente y de los Recursos Naturales (MARN) ha venido realizando
junto con otros organismos e instituciones las actividades necesarias
para la preparación de la Primera Comunicación Nacional
de Venezuela en Cambio Climático.
Entre los objetivos de la Comunicación
Nacional está la evaluación de los posibles impactos
de los cambios climáticos sobre los recursos hídricos
del país; trabajo que actualmente se está ejecutando
y que debe generar una visión preliminar hacia las próximas
décadas, de las tendencias con relación a la disponibilidad
de agua -para distintos usos- en las diferentes regiones del país.
Escenarios
de cambio climático
A pesar de los grandes avances que han experimentado
las ciencias atmosféricas en las últimas décadas,
aún no estamos en capacidad de hacer predicciones del clima
futuro. Los modelos de circulación general de la atmósfera
o modelos climáticos, nos permiten hacer proyecciones hacia
el futuro, en forma de escenarios basados en premisas de condiciones
actuales y en hipótesis de crecimiento demográfico,
de comportamiento económico de los diferentes países
y de la efectiva implementación de medidas de mitigación.
Una proyección del clima es la respuesta
del sistema climático a escenarios de emisión de gases
de efecto invernadero y aerosoles, que resultan de proyecciones
del crecimiento demográfico, económico y tecnológico
en las distintas regiones del mundo; proyecciones que están
sujetas a diferentes grados de incertidumbre.
Los escenarios de cambio climático,
que para Venezuela, se han generado en dicho proyecto, han seguido
los lineamientos impartidos por el IPCC. Los resultados generales
indican cambios en la precipitación anual entre -2,0 y -8,7
% para los años 2020, 2040 y 2060, y cambios en la temperatura
media anual entre 0,5º y 1,8º C para los mismos años.

Posibles
impactos sobre los recursos hídricos
La parte del Proyecto relacionada con los
posibles impactos de los cambios climáticos sobre los recursos
hídricos en Venezuela, aún está llevándose
a cabo en el Centro Interamericano de Desarrollo e Investigación
Ambiental y Territorial (CIDIAT). En él se plantea la simulación
de la escorrentía en cuencas seleccionadas, el análisis
y evaluación de las respuestas hidrológicas a cambios
en la precipitación y temperatura, producidos por el forzamiento
del cambio climático, así como una evaluación
preliminar de los posibles efectos sobre los almacenamientos subterráneos
y la variación en la oferta en función de los diferentes
usos del recurso.
De manera preliminar, se pueden señalar
algunas apreciaciones relacionadas con la parte de impactos. En
primer lugar, el problema hay que dividirlo en dos grandes aspectos:
el uso consuntivo y el uso no-consuntivo del agua.
Entre los renglones de uso consuntivo del
agua, la destinada para la agricultura reviste cierta importancia,
ya que en Venezuela la demanda de agua para riego es cada vez mayor.
En un estudio realizado por González (González, A.
2000. “Infor-me Nacional sobre la Gestión del Agua
en Venezuela”. Caracas), se indica que la demanda agregada
nacional alcanzaba a 11.907 Mm3, para finales de la década
de 1990. A pesar de que existe una importante superficie del país
dotada de infraestructura de riego, muchos de los sistemas, instalados
hace ya varias décadas, requieren cuantiosas inversiones
para su eficiente funcionamiento.
Los efectos del cambio climático
sobre los recursos hídricos para uso consuntivo, requieren
ser analizados junto con los efectos directos e indirectos sobre
los cultivos, que incluyen rendimientos agrícolas, pestes
y enfermedades y cría de animales. Sobre estos aspectos se
ha hecho un importante progreso en diferentes regiones del mundo,
pero muy poco en Venezuela. Las zonas más vulnerables son
las que experimentan importantes fluctuaciones pluviométricas
interanuales (zonas de transición entre climas subhúmedos
y secos), donde la menor cantidad de humedad disponible, junto a
mayores pérdidas por evaporación pueden reducir la
capacidad de producción. En el caso de agricultura de secano,
los efectos pueden conducir a una disminución de la superficie
bajo cultivo, y en el caso de agricultura bajo riego, si no se aumenta
su eficiencia, se pueden ver afectados los rendimientos o incluso
el área sembrada; ya que de acuerdo con los escenarios propuestos
habría una disminución significativa de la cantidad
de agua disponible y un incremento de las pérdidas por evaporación.
Por ejemplo, una disminución de la precipitación en
el orden del 10%, acompañada por un incremento en la evapotranspiración
del 15%, podría inducir a una disminución de hasta
30% de la superficie bajo riego, si no se toman medidas adecuadas
de mitigación y adaptación.
Además de los posibles efectos, antes
señalados, las alteraciones en el patrón de las lluvias
(variación temporal) pueden afectar el calendario de las
actividades agrícolas; por ejemplo, pueden obtenerse menores
rendimientos en zonas semiáridas donde los cambios en las
precipitaciones, temperatura y evaporación, reduzcan la cantidad
de agua disponible para los cultivos.
Otros
usos consuntivos del agua
Entre estos el más demandado es el
suministro de agua para uso doméstico, municipal, industrial
y generación de energía. El informe del IPCC antes
citado, señala un incremento mundial en la demanda per-cápita
del 21% para el período 1991 - 2021, con un aumento adicional
del 5% debido al efecto del calentamiento global.
Sobre el uso industrial del agua, los diferentes
estudios indican que las repercusiones directas podrían ser
despreciables, ya que la mayor parte de las actividades industriales
no dependen tanto del clima; o en aquellos casos en que hay cierta
influencia se pueden encontrar soluciones tecnológicas, por
ejemplo a través de la climatización de los espacios
de trabajo.
En Venezuela, alrededor del 70% de la electricidad
se genera en centrales hidroeléctricas. Setenta y cinco por
ciento de la hidroelectricidad proviene de los sistemas instalados
en las cuencas de los ríos Caroní y Caura, 17% se
hace a través de los sistemas instalados en Los Andes y 8%
en la región de la Sierra de Perijá. Reducciones en
la precipitación (como las señaladas en los escenarios
antes indicados) podrían afectar los caudales de las cuencas
en las que se encuentran instalados estos sistemas hidroeléctricos.
Uso
no consuntivo del agua
En el informe sobre “Cambio Climático
y Gestión del Agua en América Latina y El Caribe”
(CEPAL, 1993), se indica que ante un escenario de mayores temperaturas
del agua y menores caudales, los problemas de contaminación
de este elemento se agravarán y se requerirá la adopción
de normas más estrictas de tratamiento de aguas residuales
para mantener los niveles de calidad del recurso. Entre los aspectos
que se verían afectados están: la proporción
de oxígeno disuelto, sedimentos en suspensión, coliformes
fecales, efluentes químicos tóxicos, nitrógeno,
fósforo, así como el grado de salinidad y acidez.
Los caudales bajos, son un aspecto preocupante
en nuestro país, ya que prácticamente la mayor parte
de los desechos humanos e industriales se vierten a los cursos de
agua, sin tratamiento previo, y una parte importante de la población
no tiene acceso al agua potable.
Otros cuerpos de agua, como lagos, lagunas y ciénagas podrían
disminuir sus volúmenes y debido al aumento de temperatura
se intensificaría el crecimiento de algas.
Comentarios
finales
Venezuela
presenta un marcado contraste entre la distribución de la
población, concentrada principalmente en el norte, y la de
la oferta de agua, muy abundante en la franja sur del territorio.
Ante este panorama, los efectos adversos del cambio climático
podrían agravar, aún más, la situación
de presión que sobre los recursos hídricos ejercen
otros factores, aunado al hecho de que el problema no es sólo
de la oferta del recurso, sino también su calidad.
La adopción de adecuadas medidas
de adaptación y mitigación, frente al cambio climático,
podrá garantizar que podamos armonizar el crecimiento demográfico
y económico de las próximas décadas con las
limitaciones que se puedan presentar en la oferta de agua. En este
sentido, se deben implementar planes de manejo de los recursos hídricos,
que sean el resultado de una interacción bien planeada y
concebida entre la tecnología, la sociedad, la economía
y las instituciones, con el pro-pósito de balancear la oferta
y la demanda del recurso, ante escenarios de ocurrencia de extremos
hidrológicos.
*
Profesordel Instituto de Ciencias Ambientales y Ecológicas
(ICAE). Facultad de Ciencias. Universidad de Los Andes. |