Bacterias, tóxicos y sólidos contaminan el río Mucujún
  La guerra por el agua de Mérida      
Medio millón de merideños se verían afectados
 
Ernesto Palacios Prü *
 
El 22 de mayo de 1987 estalló la guerra del Mucujún. El ejército tomó la vecina población de El Playón y el trayecto entre esa localidad y la ciudad de Mérida. Esta primera batalla dejó más de sesenta heridos. Hoy, a más de diez y seis años, las causas que motivaron o que desencadenaron esa guerra, no sólo no se han mitigado sino que por el contrario se han incrementado, a pesar que la capacidad de sustentación de la Cuenca del Mucujún ya estaba sobrepasada para 1987.
     
    En la cuenca del Mucujún, los desarrollos habitacionales continúan con inusitada ferocidad, planes como el de “Sustitución de un rancho por una vivienda digna” para la población endógena, han sido insuficientes y se han descontinuado; la terrofagia de la agricultura tradicional continúa desvastando el bosque nublado y el desarrollo del turismo de cama también se ha incrementado a pesar que la actividad turística en general, ha disminuido en el país. El uso de agroquímicos y de gallinazo continúa con sus efectos nocivos para la salud del lugareño y de los habitantes de Mérida.
    A pesar de los esfuerzos de Aguas de Mérida por potabilizar el agua del río Mucujún y por desarrollar un Plan Piloto de sustitución de sépticos por plantas de tratamiento, la mayoría de las plantas de tratamiento existentes no funcionan o lo hacen mal y los pozos sépticos siguen rebozados,
descargando su negro contenido en las laderas adyacentes al río Mucujún. Como ven, las causas del conflicto de 1987 se han magnificado.
    En la ciudad de Mérida se han incrementado los casos de
 

litiasis renal y de cólicos nefríticos en un 1.545% entre 1980 y 2001. Este incremento es consecuencia del consumo de sólidos suspendidos en el agua, tales como micáceos y caolinitas, que pasan del tubo digestivo a la sangre y se acumulan posteriormente en el riñón, contribuyendo a la formación de las “piedras” renales.
    El incremento de los sólidos suspendidos es una consecuencia directa de la destrucción de las cuencas altas, pues al haber más deforestación se produce mayor arrastre en los suelos de ladera. Por otra parte, desde mediados de 1995 se comenzó a detectar, tanto en el agua del río Mucujún como en el agua de grifo de la ciudad de Mérida, la presencia de Paraquat y de Piridina, este último es un compuesto de degradación del Paraquat.

    Tanto el Paraquat como la Piridina son productos altamente tóxicos, cuya ingesta aguda puede producir graves alteraciones de los tejidos vascular y respiratorio y la ingesta crónica produce neuropatías con degeneración cerebral y según algunos autores, la Piridina además, es un compuesto capaz de producir cáncer.
    De continuar esta situación la fuente más segura de abastecimiento hídrico para la ciudad de Mérida, el agua del río Mucujún, llegará a niveles tales de contaminación que su potabilización será imposible; pero es que además se reducirá progresivamente el caudal disponible para abastecer a la población de Mérida, por el incremento en el uso local en la Cuenca y por la disminución de la capacidad generadora de agua de los bosques mermados.
    Desafortunadamente, casos como el del río Mucujún existen en otras regiones de Venezuela. Todavía nos atormenta el pen-sar que el Lago de Maracaibo es la gran letrina de América del Sur, porque cuando tuvimos la oportunidad de obtener muestras del centro del Lago, nos encontramos que tenía más de 5.000 unidades formadoras de colonias de coliformes fecales, lo cual hace de esta agua, simples aguas negras.
    Pero es que tampoco logramos aceptar la gran cantidad de metilmercurio que se forma en varios cuerpos de agua de la Gran Sabana y del Amazonas, como consecuencia de una minería
atroz, y atrasada tecnológicamente hablando,

y nadie pareciera darse cuenta que ese metil- mercurio produce intoxicaciones mercuriales importantes a gran distancia en las costas de Puerto La Cruz y Barcelona. O los casos de Tacarigua de La Laguna, la Planta Procesadora
de Aldehídos de Boca de Uchire por fortuna ya extinguida por las protestas populares, las toneladas de azufre en El Palito y en Aroa y la persistente construcción de viviendas y palafitos
en las costas marítimas de Venezuela.
    La guerra ambiental en Venezuela tiene
muchos frentes de batalla y creemos que llegado
el momento en el cual, quienes se sienten auténticamente afectados por esta paulatina destrucción de la salud ambiental del venezolano, deben organizarse políticamente y comenzar a asumir responsabilidades en los gobiernos locales, regionales y nacionales. Para acceder a los centros estratégicos de estas responsabili-dades es necesario crear una organización nacional que permita la materialización de este acceso a los poderes decisorios.


*Profesor de la Universidad de los Andes, ex-Director del CONICIT, ex-constituyente

 
 
             

 
inicio