Recital al lado del río
   
  Antonio Urdaneta *  
 
    Los majestuosos ríos y torrentes de la historia
de las culturas, y los arroyos íntimos y aldeanos,
vienen a ser uno y múltiple paradigmas, fuentes
nutritivas, corporales, poéticas, filosóficas. ¿Qué
es el río, dice Yeats, sino alma generada?. Nada
de ello le es realidad al ímpetu desacralizador.
Es inconcebible unirse al río, a su actividad
verbal, fluir...

    La suma de la titánica contranaturaleza está a la vista. Las aguas dulces, símbolos del amor, escasean en el mundo. El pequeño río Barquisimeto, llamado el Turbio, ahora es un fantasma o un espanto. Es el río ancestral y vena de sustentación de un histórico valle de Venezuela. Las imágenes soñadoras que ha inspirado a poetas, pintores, músicos, coreógrafos, lo son no porque trasuntaron sus primores de ayer o su horror de hoy al paso por la ciudad de los crepúsculos, sino porque revelaron el efluvio creador unigénito del río que es un adagio de oro.
    Nace en las montañas de Cubiro, fecunda la aldea de San Miguel de Quibor, en cuyas serranías el legendario Hermano Nectario María desenterró, reconstruyéndolo, un megaterio, rodea tierras volcánicas, baja a Barquisimeto, dándole nombre al espacioso valle agrícola habitado en tiempos aborígenes por una veintena de poblados kaketíos, sembrados de maizales y yucales. Hoy predominan en el valle del Turbio los cañamelares. El welser alemán Federman, el primer europeo que lo vio crecido lo llamó “ gran río “. El aventurero Florentino Galeotto Cey, en plena conquista española, contempló en sus riberas una constelación de princesas hermosísimas, probablemente de la misma estirpe que las bellas damas del valle de Bararida, en el rumbo hacia el Yaracuy. La religión del reino de Manaure, jefe caketío, las ofrecía a las cenicientas aguas.
    Territorio de églogas ecológicas, de dueños protectores del Reino, espacio de imágenes afloradas en la tradición ágrafa o escrita de la crónica, en la pintura de la llamada Escuela Larense de Paisaje, Rafael Monasterios, Arístides Arenas..., en la música melodiosa del romanticismo barquisimetano, o en los golpes recios y ebrios de los rapsodas del cocuy y del chimó.
    Región de historias no pocas veces dolorosas a partir de la fundación del primer Barquisimeto Hispano en Buría (1552), antiguo paso etérico de los muertos al trasmundo.
    Tras la aventura y el martirio del Negro Miguel y el cierre al maravilloso de las minas de oro, sobrevino la tragedia de Aguirre el Tirano, aquel que sacrificaría a Elvira, su hija. No entró Aguirre al panteón de Sorte, la montaña mágica, física y etérica que hizo puente con Buría: su cabeza corre vuelta bola de fuego a lo largo del Turbio. Parece mentira pero se han organizado serias exploraciones en búsqueda de un tesoro del Tirano, más se ha oído decir que tal tesoro no es otro que el mismo valle.
    Escenario mítico centrado en el culto de la Gran Madre, la transcultural María Lionza, reina de las cosechas. Aquí y allá, como también en el resto de Lara, hacia sus arideces se habla de aquel trasmundo a donde vuelan las almas. Fue en Barquisimeto, nos decía Gilberto Antolínez, en donde oí hablar del hijo de María Lionza, el Niño de Oro. La reina de la Danza de las Turas es la misma reina ancestral, devenida, expresión coreográfica serpentina al pie de un árbol de la vida, imagen materna en la bailanza mágica entre los descendientes ayamanes, hermanos de caketíos y gayones, en una común mitología del maíz.
    Silenciosa o torrencial corriente surcada todavía, antes de contaminarse en Barquisimeto, por varias especies de peces, sardinas, cascarrones, bagres. En las zonas altas sobrevive el Oso Frontino Salvaje, raptador de doncellas, y la famosa Danta, cabalgadura de la Reina. Por aquí vuela el Cardenalito, rojo y negro, ave heráldica y olímpica, y corre en la fábula, como dice Antolínez, el venado Filosófico, el ciervo Cantalicio, marido de la Madre.
    Entre entrecruzadas quebradas y ríos negros, tintos, claros y turbios de piedras azules, florece la Turiara, excelsa panacea, conocida también como Don Diego, Prodigiosa, Libertadora, Colombiana. Está asociada a un oráculo extraviado en la zona de las Tres Potencias, Lara, Falcón y Yaracuy. Y nace aquí el Barikí, que, de acuerdo a Renato Agagliate es el verdadero origen de la palabra Barquisimeto, especie tintorea, vigorizante rojo a la hora del amor o de la guerra, identificado con el Bejuco Mulato, de Pittier. Unida la expresión Barikí a la palabra Simetu ( útero, mujer, chamana, dulce, bien, vigor), el nombre de la ciudad viene a reiterar un gran complejo materno prehispánico que en verdad se extiende continentalmente. Más allá de Lara el Turbio es el río Cojedes Caimanero, en dirección al Portuguesa hasta el Orinoco rumbo al Océano Atlántico.
    He aquí, en compendio, la mito historia de un río, su valle y sus pueblos. Sigámoslo ahora a través de una síntesis de poemas a él volcados, lo que constituiría el principio de una serie de recitales al lado del río, si fuera posible de todos los ríos, a donde lleváramos, como diría Rafael Michelena Fortoul, y recorriéramos en cada uno de ellos su antología creciente, el Árbol Fluvial.

* Poeta, mago y fabulador de imágenes.
Crebar Albores, El Milagro de Pablera

 

 
inicio