Debido
a la crítica situación que vive nuestra caficultura,
sin el apoyo técnico o crediticio del Estado y asediada
por las importaciones de café colombiano, comienza
a gestarse en Los Andes un movimiento organizado que busca
nuevas formas de comercializar el grano. Su objetivo es
penetrar los circuitos de comercio alternativo para productos
biológicos que existen en los países de la
comunidad europea. He aquí alguna de las normas para
lograrlo.
De
manera progresiva se van profundizando y discutiendo las
normas básicas de producción orgánica
del café, tal como fueron propuestas por la "Simon
Level", empresa tostadora holandesa que forma parte
del grupo de empresas torrefactoras que compra y vende café
con los criterios "Max Havelaar" del Circuito
Europeo de Comercio Alternativo.
En general, se acordó que los fines esenciales
de la caficultura orgánica son producir café
de una calidad elevada, en suficiente cantidad y con criterios
ecológicos (no contaminantes y conservadores del
medio ambiente), básicamente sin uso de fertilizantes
químicos y/o agrotóxicos.
Estas normas se traducen en una serie de principios
y recomendaciones muy simples pero fundamentales, que debe
seguir todo caficultor que aspire colocar su producción
en los mercados europeos para productos biológicos:
1. Trabajar con el ecosistema en vez de intentar dominarlo,
alterarlo y contaminarlo.
2. Emplear al máximo los recursos renovables locales.
3. Fomentar y mantener la diversidad ecológica y
genética del sistema de producción y su entorno.
4. Evitar todas las formas de degradación y contaminación
que puedan resultar de las técnicas de producción.
5. Trabajar dentro del espectro más amplio posible
con un sistema cerrado en cuanto a la materia orgánica
y los nutrientes minerales.
6. Procurar obtener mejores beneficios con más ingresos
satisfactorios, un trabajo gratificante en un entorno laboral
saludable y revalorizando el trabajo solidario, como por
ejemplo "la mano 'e vuelta".
Para lograr estos objetivos se incorporan ciertas
técnicas orgánicas que respeten los equilibrios
ecológicos naturales y que permiten evitar productos
como fertilizantes químicos y plaguicidas; o métodos
degradantes, como la eliminación total de bosques
y barzales, que son opuestos a los fines de una agricultura
orgánica.