¿Qué
tanta importancia pueden tener, en una sociedad como la nuestra,
los temas relacionados con el ambiente?. ¿ De qué
le sirve al hombre de ciudad saber de la contaminación
de algún lejano río?. ¿En qué lo
afecta la destrucción de un bosque remoto, poblado de
árboles anónimos? ¿Qué puede importarle
que se exterminen tortugas, osos o delfines...?
Quizás para muchos estas interrogantes puedan
parecer un tanto peregrinas; algo así como llover sobre
mojado.
Convencidos de las evidentes relaciones entre ambiente
y desarrollo, muchos argumentaran sobre los avances positivos
de nuestro país en aspectos de educación ambiental,
legislación, áreas protegidas y otras cosas más.
No obstante, en un país predominantemente
urbano como el nuestro, resulta difícil medir la verdadera
importancia que pueda tener para sus habitantes los temas relacionados
con el ambiente y los recursos naturales.
Si entendemos por ambiente al conjunto de condiciones
o factores externos que rodean a los seres vivos, es decir,
clima, suelo, vegetación, fauna, etc., encontramos que
las grandes ciudades, dadas sus características «artificiales»
son los sitios menos propicios para que el ser humano perciba
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totalidad
el medio natural que lo rodea.
Esta reflexión viene al caso,
cuando intentamos explicarnos la aparente apatía y el
evidente desconocimiento, por parte de una población
mayoritariamente urbana, respecto a los graves problemas ambientales
que enfrenta el país y su relación directa, en
causa y efecto, con el origen de la crisis que vivimos.
Todos sabemos hoy día, que los medios de
comunicación representan el principal escenario de confrontación
de los «generadores de opinión» y la principal
fuente de información de donde se nutre la «opinión
pública». En una buena medida, los grandes temas
de discusión nacional son inducidos a la población
por la acción de los medios de comunicación.
Desafortunadamente
la ecología y el ambiente continúan siendo aspectos
marginales dentro del temario que maneja «la opinión
pública» venezolana; conformada en este caso no
solo por obreros, amas de casa, oficinistas 6 desempleados,
sino también por profesionales, empresarios y dirigentes
políticos. |
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Revertir esta situación implicaría
la presencia constante de un «mensaje» ambiental
de amplio espectro, capaz de confrontar y penetrar ese temario
«cerrado» que alimenta a la opinión pública
tradicional. Pensamos que esto puede lograrse en la medida que
existan medios de comunicación especializados y comercializables,
que logren competir con sus propuestas en el amplio mercado
de la información.
Dentro de esa abstracción real que representa
la opinión pública de un país, los ambientalistas
venezolanos no tienen aún ni voz ni voto. Por ello el
reto planteado por los medios de comunicación continua
vigente. |
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