Cultura
 
Precedentes del teatro rural y ecológico
Los Urbanos Atacan
Una pieza teatral apocalíptica
de humor fresco y anhelos de utopía

David Ruiz

 
 
  Con una obra fresca, ágil y de fácil lectura, nos sorprenden positivamente los integrantes del Teatro Rural de La Azulita, en esta su primera aparición al público, con su montaje de "Los Urbanos Atacan".
Provenientes de las aldeas del Municipio Andrés Bello del estado Mérida, esta tropa de teatro voluntario está conformada por emigrantes urbanos convertidos en colonos del campo, agricultores y artesanos por voluntad y convicción propia.
  "Los Urbanos Atacan" es una creación colectiva del Teatro Rural de La Azulita, a partir de un texto original de Nelson Arrietti. La obra puede considerarse como expresión de un incipiente teatro ecológico que busca su lenguaje a partir de las nuevas realidades políticas, económicas y sociales que vive Venezuela. Actor y dramaturgo, Arrietti es conocido en el medio por su amplia experiencia cinematográfica. Sus películas "Estallido" y "American Poetry" le han valido premios nacionales e internacionales, sumado a su trabajo de años como coordinador de los festivales internacionales de cine de Leipzig y Damasco. Su interés por la lucha
ambiental se remonta a la década de los 60, cuando junto aun grupo de adelantados funda el movimiento ecológico Nueva Era. Tras ese largo devenir, repleto de símbolos "alternos", Arrietti experimenta ahora la vida del campo y de allí surge precisamente "Los Urbanos Atacan".
  La acción de la obra gira en torno al pueblo ecológico de La Azulita, transformado de su realidad andina y convertido aquí en una suerte de mítico refugio donde habitan Ios rurales que han aprendido a convivir armónicamente con la
 

naturaleza. Allí encontramos a La Maga, el Doctor Chang, el Doctor Soya y otros personajes que de alguna manera representan los valores que le dan vida al pueblo ecológico: la agricultura generadora de alimentos; la naturaleza como fuente de espiritualidad; los ideales de amor y salud, los sueños de juventud.
  Esta visión idílica es rota abruptamente por las intervenciones del Discurseador, personaje que a ratos se nos muestra acusador, denunciando los crímenes contra la naturaleza y a ratos se nos presenta, entusiasta y eufórico, aplaudiendo las ocurrencias de los personajes. Tanto el discuseador, complice del público, como el saxofonista cuya música hace las veces de telón, preludian cada nueva acción de la obra, e imprimen una vibración especial a la atmósfera del espectáculo.

  Ineludiblemente, los "rurales" se preparan para resistir la embestida de los urbanos hambrientos y empobrecidos que intentan penetrar al pueblo ecológico buscando refugio allí donde la utopía es posible. Pero no todos pueden ser acogidos. Los sabios del pueblo se obligan entonces a una selección de los elegidos, la cual se lleva a cabo sumariamente tras breve interrogatorio. El absurdo de la situación, impregnada de humor, no basta para ocultar las contradicciones de la utopía aislada del pueblo ecológico. El caos externo termina
 
 

por alcanzar a este pueblo quimérico y la violencia del mundo arrasa con todos sus habitantes.
  
La acción, que transcurre veloz en el escenario, se mueve a un mismo tiempo entre el presente y el futuro, lo crudamente real y lo utópico, el panfleto y la autocrítica. La debilidad aparente de la traína, centrada en el devenir de El Pueblo Ecológico, se ve compensa por la fuerza narrativa de las escenas, dibujadas como cuadros independientes que van hilvanando una historia donde los personajes reales representan simbólicamente sus propias vidas.
  La dirección del montaje, a cargo de Carlos Danez y El Zigui Márquez, tiene el mérito de la paciencia y la capacidad exitosa de una metodología de trabajo abierta a los aportes de actores no profesionales. Más allá de las posibles lecturas pragmáticas filosóficas del texto, "Los Rurales Atacan" nos impacta porque encontramos aquí el potenciaje para descubrir nuevos lenguajes y símbolos que interpreten la realidad particular del campo venezolano de finales del siglo. Creemos que el trabajo del Teatro Rural de La Azulita marca pauta para que otros grupos y asociaciones rurales del país vean en el teatro un instrumento de lucha y reflexión para el futuro de nuestra agricultura y medio ambiente.
   La producción de la obra contó con el aporte fundamental de la Fundación La Azulita Pueblo Ecológico y el apoyo de la Casa de la Cultura Juan Félix Sánchez y la Dirección de Cultura de la ULA.

 

 
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