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Con
una obra fresca, ágil y de fácil lectura, nos
sorprenden positivamente los integrantes del Teatro Rural de
La Azulita, en esta su primera aparición al público,
con su montaje de "Los Urbanos Atacan".
Provenientes de las aldeas del Municipio Andrés Bello
del estado Mérida, esta tropa de teatro voluntario está
conformada por emigrantes urbanos convertidos en colonos del
campo, agricultores y artesanos por voluntad y convicción
propia.
"Los
Urbanos Atacan" es una creación colectiva del Teatro
Rural de La Azulita, a partir de un texto original de Nelson
Arrietti. La obra puede considerarse como expresión de
un incipiente teatro ecológico que busca su lenguaje
a partir de las nuevas realidades políticas, económicas
y sociales que vive Venezuela. Actor y dramaturgo, Arrietti
es conocido en el medio por su amplia experiencia
cinematográfica. Sus películas "Estallido"
y "American Poetry" le han valido premios nacionales
e internacionales, sumado a su trabajo de años como coordinador
de los festivales internacionales de cine
de Leipzig y Damasco. Su
interés por la
lucha
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ambiental
se remonta a la década de los 60, cuando junto aun grupo
de adelantados funda el movimiento ecológico Nueva Era.
Tras ese largo devenir, repleto de símbolos "alternos",
Arrietti experimenta ahora la vida del campo y de allí
surge precisamente "Los Urbanos Atacan".
La acción de la obra gira en torno al pueblo
ecológico de La Azulita, transformado de su realidad
andina y convertido aquí en una suerte de mítico
refugio donde habitan Ios rurales que han aprendido a
convivir armónicamente con la
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naturaleza.
Allí
encontramos a La Maga, el
Doctor Chang, el Doctor Soya y otros personajes que de alguna
manera representan los valores que le dan vida al pueblo ecológico:
la agricultura generadora de alimentos; la naturaleza como
fuente de espiritualidad; los ideales de amor y salud, los
sueños de juventud.
Esta visión idílica es rota abruptamente
por las intervenciones del Discurseador, personaje que a ratos
se nos muestra acusador, denunciando los crímenes contra
la naturaleza y a ratos se nos presenta, entusiasta y eufórico,
aplaudiendo las ocurrencias de los personajes. Tanto el discuseador,
complice del público, como el saxofonista cuya música
hace las veces de telón, preludian cada nueva acción
de la obra, e imprimen una vibración especial a la
atmósfera del espectáculo.

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| Ineludiblemente,
los "rurales" se preparan para resistir la embestida
de los urbanos hambrientos y empobrecidos que intentan penetrar
al pueblo ecológico buscando refugio allí donde
la utopía es posible. Pero no todos pueden ser acogidos.
Los sabios del pueblo se obligan entonces a una selección
de los elegidos, la cual se lleva a cabo sumariamente tras breve
interrogatorio.
El absurdo de la situación, impregnada de humor, no basta
para ocultar las contradicciones de la utopía aislada
del pueblo ecológico. El caos externo termina |
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por
alcanzar a este pueblo
quimérico y la violencia
del mundo arrasa con todos sus
habitantes.
La
acción, que transcurre veloz en el escenario, se mueve
a un mismo tiempo entre el presente y el futuro, lo crudamente
real y lo utópico, el panfleto y la autocrítica.
La debilidad aparente de la traína, centrada en el
devenir de El Pueblo Ecológico, se ve compensa por
la fuerza narrativa de las escenas, dibujadas como cuadros
independientes que van hilvanando una historia donde los personajes
reales representan simbólicamente sus propias vidas.
La dirección del montaje, a cargo de Carlos
Danez y El Zigui Márquez, tiene el mérito de
la paciencia y la capacidad exitosa de una metodología
de trabajo abierta a los aportes de actores no profesionales.
Más allá de las posibles lecturas pragmáticas
filosóficas del texto, "Los Rurales Atacan"
nos impacta porque encontramos aquí el potenciaje para
descubrir nuevos lenguajes y símbolos que interpreten
la realidad particular del campo venezolano de finales del
siglo. Creemos que el trabajo del Teatro Rural de La Azulita
marca pauta para que otros grupos y asociaciones rurales del
país vean en el teatro un instrumento de lucha y reflexión
para el futuro de nuestra agricultura y medio ambiente.
La producción de la obra contó
con el aporte fundamental de la Fundación La Azulita
Pueblo Ecológico y el apoyo de la Casa de la Cultura
Juan Félix Sánchez y la Dirección de
Cultura de la ULA.

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