Nocturno

Udón es hombre de campo. Siempre lo ha sido, como lo fueron su padre y su abuelo. Pero Udón es de Santa Cruz, y ser de allí es también ser hombre del lago.
Habitante de dos mundos que son uno solo. Peregrino de tierra y agua, "hasta que lo entierren", como tantas veces dice cuando borracho, zarandea noches y espantos en su ir a ningún lado, " "Hasta que lo entierren", como dice su mujer en la penumbra del amor.
  Y es que esta vida se está muriendo. La tierra solo sirve para ser llevada en grandes camiones a la ciudad. Y lo que se recoge, bueno, eso para alimentar los pudrideros, también allá en la ciudad. "Mejor están los locos en el manicomio, a ellos no les tiran la guardia, los abogados, los políticos". Antes no era así. Ahora se gana más como polero, o cualquier otra cosa, que como agricultor, " Y ya ni agua se saca del lago".
  En la garganta, la esperanza se agoga a golpes de alcohol y tristeza.
  Mística friega, sueña, reza, siembra, golpea las horas que el reloj no marca. Mística juega con dar nombres al silencio.
  Caminos de polvo y sol conducen a la salida, a orillas a orillas de la laguna herida de muerte, es la tierra que se llevan al lugar del tiempo medido, del vacío perfectamente cronometrado, es la enfermedad que arrastra raíces y hombres, son las manos resecas de Mística donde aún el amor es excusa para vivir.
  Udón, quejoso, se arranca se arranca cocuyos del cuerpo. En la gallera solitaria, la madrugada se empoza bajo la piel, como huyendole al sueño y a la muerte. Hora en que las horas enmudecen de pura desesperanza.
  Mística roba espejos a la noche desanuda cada palmo de su cuerpo, se ríe de Dios, columpia su mirada en las telarañas del techo, desentierra jadeos y olores mágicos, apura el vino en su sexo.
  Mística es aún una niña y sabe todo sobre el hambre del lecho vacío.
  Está en la casa, esperándome, hoy quiero un hijo, no importa cómo, me hace caso y ya, para eso me ajunté con ella, nada de vainas raras, ni que fuera del gobierno, es mujer o no, al gallo me lo mataron, pa' que se lo voy a decir, sé que hace frío, y nadie que aparece, pero es que estos caminos, en la noche, son los mismos, y esta pesadez en el cuerpo, ya va a saber, ya va a saber, que te creéis.
  Mística rueda alegre entre las sábanas, mañana van a la ciudad, bueni si se vende algo, pero van a ir, el deseo se le enreda entre las manos, aún niña y ya conoce el ardor del sudor en su boca.
  Udón no cree en miedos ni caricias, así fueron su padre y su abuelo, esta noche quiere un hijo, esta noche el viento barre lejanías desde el lago.

Edgar Medrano

 
 
 inicio