Opinion
       
¿Un ambientalista infiltrado en la Casa Blanca?
Plan Marshall Ambiental
del vice presidente estadounidense
Alfredo Lascoutx
Se espera que Al Gore y su equipo de asesores impregnará a la administración Clinton un fuerte sello de política ambiental
 
 

  El resultado de las recientes elecciones norteamericanas ha generado un cúmulo de interrogantes respecto a lo que serán las relaciones de América Latina con la nueva administración demócrata. Buena parte de estas expectativas se originan en la reputación del nuevo vice presidente de los Estados Unidos, Al Gore, conocido como activo defensor del ambiente. Para un país petrolero como Venezuela, contribuyente importante en la generación indirecta de gases de «efecto invernadero con una industria agroexportadora caracterizada por un excesivo uso de pesticidas y una industria pesquera insensible a la normativa ambiental, resulta conveniente conocer un poco más a fondo el pensamiento de esta nueva figura política cuya influencia se dejará sentir en diferentes ámbitos de las futuras relaciones bilaterales.

¿Quién es Al Gore?

  Senador por el estado de Tenesse desde 1984, Al Gore ha sido reconocido como el líder de las fuerzas ambientalistas en el congreso estadounidense, donde sirvió durante cuatro períodos en el parlamento antes de ser elegido senador. En 1988 fue precandidato presidencial por el partido demócrata, ganando más de tres millones de votos.
  La reputación de Al Gore como activo defensor del ambiente, sumado a la preparación en tenias de política exterior y seguridad nacional del equipo de parlamentarios que lo apoyaban, decidieron a Bill Clinton en la escogencia de éste compañero de fórmula electoral.
  Pragmáticamente, la estrategia política de Gore se basa en la creencia que existe una nueva manera de pensar entre la población acerca de nuestra responsabilidad por el destino, global del planeta. Así como en Europa y Japón el tema ambiental ha modificado el equilibrio político, Gore comprendió que el electorado norteamericano especialmente los jóvenes comienzan a establecer una relación entre el destino de sus vidas privadas (lo que el norteamericano común llama su "patio trasero") y el futuro del medio ambiente planetario. Quizás esta percepción M medio ambiente como tema político fue lo que influyó para que Gore mantuviera su popularidad muy por encima de los otros candidatos durante la campaña electoral. Una encuesta realizada en octubre por la revista Newsweek situaba a Gore con un 61 % de los votos sobre sus contendores por la vicepresidencia.
  Poco antes de ser escogido como compañero de fórmula por el equipo de Clinton, Al Gore participó activamente en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo realizada en Brasil donde como jefe de la delegación del senado norteamericano, fustigó duramente la política ambiental del presidente Bush y su negativa a firmar los tratados de cambio climático y biodiversidad.

Un mundo en equilibrio

  El nuevo vice presidente norteamericano percibió el factor ambiental como tema político desde mucho antes que se convirtiera en ingrediente obligado de las campañas electorales. Tal como él lo señala, este interés por el destino ecológico del planeta se remonta a sus años de estudiante y, a la influencia que ejerciera en él su profesor Roger Revelle, uno de los primeros investigadores norteamericanos que midieron las concentraciones de Dióxido de Carbono en la atmósfera y sus consecuencias sobre la capa de ozono y el efecto invernadero.
  Al Gore es autor de un libro publicado con éxito a principios de este año, titulado «Mundo en Equilibrio: ecología y espíritu humano».
 Para Gore existe una crisis global que se origina en el choque entre la civilización industrial tal como

actualmente está organizada y el sistema ecológico de la tierra. Tres factores, desde su punto de vista conducen a esta crisis: el aumento desmedido de la población, la revolución científica-tecnológica que ha potenciado la capacidad de afectar el ambiente y nuestra racionalidad producto de la revolución científica, la cual esta basada en la idea que somos un ente separado de la naturaleza. Estos tres factores sumados han creado las condiciones propicias para el proceso de destrucción que hoy amenaza el balance de La Tierra.
 
 

Un Plan Marshall Ambiental

  Una de las propuestas más originales de Gore, recogida en su libro como en sus actuaciones previas a la campaña electoral, se refiere a la necesidad de adoptar un "Plan Marshall global" para salvar el ambiente y promover el desarrollo.
  Luego de la finalización de la guerra fría "afirma Gore" el nuevo principio organizador debe ser nuestro esfuerzo común por salvar el sistema ecológico del planeta, usando capital europeo, japonés y estadounidense para llevar adelante una agenda global de cinco puntos:
1.- Crear condiciones para estabilizar la población, elevar los índices de sobrevivencia infantil, elevar los niveles de educación y alfabetismo, especialmente entre mujeres y un control de natalidad seguro, efectivo y voluntario.
2.- Acelerar el desarrollo de nuevas tecnologías que faciliten el progreso económico sin destrucción ambiental. Transferencia rápida y efectiva de estas nuevas tecnologías a los países en desarrollo sumado al rescate de tecnología indígena.
3.- Implantación de un programa mundial de educación ambiental que involucre a profesores y estudiantes en la tarea colectiva de comprender y vigilar nuestro medio ambiente, poniendo en práctica soluciones para la crisis.
4.- Cambiar las normas de medición económica, como por ejemplo el método para medir el Producto Nacional Bruto, que refuerzan la absurda suposición que los recursos naturales son ilimitados y no necesitan ser controlados.
5.- Una nueva generación de tratados y convenios internacionales, entre todos los pueblos del mundo que logre detener el actual patrón de destrucción e inicie el patrón de regeneración y reconstrucción de una relación saludable entre la civilización y el planeta.
  Durante la conferencia de Eco 92 en Río, Al Gore habló de la necesidad de que este Plan Marshall ambiental buscara la creación de un sistema de "economía inclusiva", que impidiera el rezago de las regiones económicamente deprimidas del planeta, como Africa y buena parte de América.

 

 
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