El
agua, uno de los elementos más importantes del a naturaleza,
cae del cielo en forma de lluvia y fluye por la superficie de
la tierra creando arroyos, ríos y lagunas. El agua, en
constante movimiento, fluye de a cuerdo a la topografía
por donde se desliza. De esta manera, el agua viaja siguiendo
la trayectoria que le marcan los suelos, los declives, las quebradas
y hondonadas, formando lo que llamamos una cuenca.
Una
cuenca hidrográfica es entonces la superficie de drenaje
natural, donde
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convergen las aguas
que fluyen a través de valles y quebradas, formando
de esta manera una red de drenajes o afluentes que alimentan
a un desagüe principal, que forma un río.
Las cuencas son áreas naturales que recolectan
y almacenan el agua que utilizamos para el consumo humano
y animal, para los sistemas de riego agrícola, para
dotar de agua a las ciudades y hasta para producir la energía
eléctrica que alumbra nuestros hogares. Por eso, la
preservación de las cuencas hidrográficas es
un factor importantísimo para el desarrollo integral
de nuestra vida.
¿Cómo
funciona una cuenca?
El funcionamiento de una cuenca se basa en los
principios del ciclo del agua y sus relaciones con suelos
y aguas. Por eso, hablar de cuenca hidrográfica es
hablar del comportamiento del agua.
En la naturaleza existen dos fuentes de agua hacia
la atmósfera: La evaporación de superficies
de agua, como son los mares, ríos y lagos; y la evaporación
de suelos cubiertos con vegetación.
En este último caso, la evaporación
de agua del suelo y la transpiración de las plantas
envían simultáneamente el vapor de agua hacia
la atmósfera. Una vez en la atmósfera, el vapor
regresa a la tierra en forma de lluvias. Las lluvias, que
varían en intensidad de acuerdo al lugar y época
del año, alimentan la red de drenajes de la cuenca.
Aún cuando no siempre llueve por igual sobre toda la
extensión de la cuenca, observamos que el cauce principal
presenta variaciones que son el reflejo de las lluvias ocurridas
en las subcuencas.
En las zonas lluviosas, el bosque es la formación
vegetal que ofrece mejor defensa del suelo contra la erosión,
ya que las hojas de los árboles detienen el impacto
de las gotas de lluvia y ayudan a almacenar temporalmente
el agua, regulando los caudales de los ríos. A esta
intercepción de la lluvia por la capa vegetal, le sigue
un proceso de infiltración del agua hacia dentro del
suelo. Este proceso de infiltración forma las corrientes
o ríos subterráneos, que ayudan a mantener la
humedad del suelo y proveen de agua a los ríos superficiales
durante el verano.
Sin embargo, no toda el agua de lluvia se filtra
hacia el subsuelo, pues llegado cierto momento la tierra se
satura de agua, dando paso a la escorrentía, el agua
fluye por la superficie de la tierra hacia los cauces de los
ríos, aumentando su volumen a medida que llega el agua
de las partes m{as lejanas.
Si en la cuenca no existe vegetación suficiente
para frenar la velocidad de las aguas de escorrentía,
la fuerza de esta agua tiende a provocar desbordamientos e
inundaciones en los ríos y procesos de erosión
que destruyen los suelos agrícolas de la zona.
El ciclo del agua termina donde empezó,
es decir, con la transpiración de agua por las plantas
que habitan los bosques y la evaporación del agua del
suelo y de los ríos que forman la cuenca hidrográfica.
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