Una breve meditación
El hombre pertenece a la tierra, proviene de ella,
y su existencia está completamente vinculada
con todas las manifestaciones de la naturaleza.

Daniel Márquez

 
  Dejarse acariciar por esta idea tal vez provoque dos tipos de reacciones existenciales inmediatas y muy diferentes entre sí. La primera de ellas podría ocasionarnos una sensación de desamparo y soledad espiritual, insistiendo en seguir con una vida terrenal pasajera, misteriosa, y en algunas situaciones, muy dolorosa. Tendríamos que olvidarnos de la anhelada existencia celestial, colmada de placeres y de tranquilidad. La otra reacción posiblemente se traduzca en una actitud más consciente y responsable ante nuestra vida y con la naturaleza universal.
   La primera de estas dos respuestas ha sido la predominante en el pensamiento filosófico occidental, influenciado casi en su totalidad por una religión monoteísta y una visión dualista, que observa por separado al hombre y a la naturaleza. Esta poderosa mentalidad es, aparentemente, la que predomina en nuestra época; la causante de la irracional separación entre el hombre y la naturaleza. La interrupción de nuestra interdependencia con todo.
  El desarrollo científico y tecnológico sin duda nos ha brindado importantes utilidades pero sería insensato
 
 

no reconocer que éste ha sido el resultado de nuestra convicción ingenua, trágica, que tiene como principio la explotación ilimitada del entorno natural para la obtención de un insaciable "bienestar social"
  La otra reacción que podríamos experimentar al plantearnos la idea de la pertenencia absoluta del hombre a la tierra y al universo se fortalecería si comprendemos que nuestras acciones no se realizan aisladamente. La unión y compromiso con nuestra fuente vital natural es ineludible y permanente. Esta forma de concebir la existencia fue propia de numerosos civilizaciones, despectivamente denominadas primitivas, donde la identificación religiosa de estos pueblos estaba representada por elementos y fenómenos naturales -el sol, la luna, el trueno la cual permitió que se desenvolviera una relación armónica y equilibrada con la naturaleza: con sus vidas. Este fundamento filosófico es la sustancia medular del taoísmo, doctrina filosófica que predica la permanencia del equilibrio universal (ying/yang) y del cambio constante.
 Una breve meditación El hombre pertenece a la tierra, proviene de ella, y su existencia está completamente vinculada con todas las manifestaciones de la naturaleza. Daniel Márquez Dejarse acariciar por esta idea tal vez provoque dos tipos de reacciones existenciales inmediatas y muy diferentes entre sí. La primera de ellas podría ocasionarnos una sensación de desamparo y soledad espiritual, insistiendo en seguir con una vida terrenal pasajera, misteriosa, y en algunas situaciones, muy dolorosa. Tendríamos que olvidarnos de la anhelada existencia celestial, colmada de placeres y de tranquilidad. La otra reacción posiblemente se traduzca en una actitud más consciente y responsable ante nuestra vida y con la naturaleza universal. La primera de estas dos respuestas ha sido la predominante en el pensamiento filosófico occidental, influenciado casi en su totalidad por una religión monoteísta y una visión dualista, que observa por separado al hombre y a la naturaleza. Esta poderosa mentalidad es, aparentemente, la que predomina en nuestra época; la causante de la irracional separación entre el hombre y la naturaleza. La interrupción de nuestra interdependencia con todo. El desarrollo científico y tecnológico sin duda nos ha brindado importantes utilidades pero sería insensato no reconocer que éste ha sido el resultado de nuestra convicción ingenua, trágica, que tiene como principio la explotación ilimitada del entorno natural para la obtención de un insaciable "bienestar social" La otra reacción que podríamos experimentar al plantearnos la idea de la pertenencia absoluta del hombre a la tierra y al universo se fortalecería si comprendemos que nuestras acciones no se realizan aisladamente. La unión y compromiso con nuestra fuente vital natural es ineludible y permanente. Esta forma de concebir la existencia fue propia de numerosos civilizaciones, despectivamente denominadas primitivas, donde la identificación religiosa de estos pueblos estaba representada por elementos y fenómenos naturales -el sol, la luna, el trueno la cual permitió que se desenvolviera una relación armónica y equilibrada con la naturaleza: con sus vidas. Este fundamento filosófico es la sustancia medular del taoísmo, doctrina filosófica que predica la permanencia del equilibrio universal (ying/yang) y del cambio constante. Finalmente, la poderosa y sabia sentencia que dice: "todo lo que te pasa es el resultado de tus propias acciones" se puede proyectar del plano personal e individual a un nivel poblacional y general, y de esta manera, estar cada vez más consciente de que los graves daños que presenta nuestro planeta y por consiguiente nuestra vida, sólo son producto de nuestra torpeza antropocéntrica y racional.  
   Finalmente, la poderosa y sabia sentencia que dice: "todo lo que te pasa es el resultado de tus propias acciones" se puede proyectar del plano personal e individual a un nivel poblacional y general, y de esta manera, estar cada vez más consciente de que los graves daños que presenta nuestro planeta y por consiguiente nuestra vida, sólo son producto de nuestra torpeza antropocéntrica y racional.


 
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