Dejarse
acariciar por esta idea tal vez provoque dos tipos de reacciones
existenciales inmediatas y muy diferentes entre sí. La
primera de ellas podría ocasionarnos una sensación
de desamparo y soledad espiritual, insistiendo en seguir con
una vida terrenal pasajera, misteriosa, y en algunas situaciones,
muy dolorosa. Tendríamos que olvidarnos de la anhelada
existencia celestial, colmada de placeres y de tranquilidad.
La otra reacción posiblemente se traduzca en una actitud
más consciente y responsable ante nuestra vida y con
la naturaleza universal.
La primera de estas dos respuestas ha sido la predominante
en el pensamiento filosófico occidental, influenciado
casi en su totalidad por una religión monoteísta
y una visión dualista, que observa por separado al hombre
y a la naturaleza. Esta poderosa mentalidad es, aparentemente,
la que predomina en nuestra época; la causante de la
irracional separación entre el hombre y la naturaleza.
La interrupción de nuestra interdependencia con todo.
El
desarrollo científico y tecnológico sin duda nos
ha brindado importantes utilidades pero sería insensato
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no reconocer que éste
ha sido el resultado de nuestra convicción ingenua,
trágica, que tiene como principio la explotación
ilimitada del entorno natural para la obtención de
un insaciable "bienestar social"
La otra reacción que podríamos experimentar
al plantearnos la idea de la pertenencia absoluta del hombre
a la tierra y al universo se fortalecería si comprendemos
que nuestras acciones no se realizan aisladamente. La unión
y compromiso con nuestra fuente vital natural es ineludible
y permanente. Esta forma de concebir la existencia fue propia
de numerosos civilizaciones, despectivamente denominadas primitivas,
donde la identificación religiosa de estos pueblos
estaba representada por elementos y fenómenos naturales
-el sol, la luna, el trueno la cual permitió que se
desenvolviera una relación armónica y equilibrada
con la naturaleza: con sus vidas. Este fundamento filosófico
es la sustancia medular del taoísmo, doctrina filosófica
que predica la permanencia del equilibrio universal (ying/yang)
y del cambio constante.
Una breve meditación El hombre pertenece a la tierra,
proviene de ella, y su existencia está completamente vinculada
con todas las manifestaciones de la naturaleza. Daniel Márquez
Dejarse acariciar por esta idea tal vez provoque dos tipos
de reacciones existenciales inmediatas y muy diferentes entre
sí. La primera de ellas podría ocasionarnos una sensación
de desamparo y soledad espiritual, insistiendo en seguir con
una vida terrenal pasajera, misteriosa, y en algunas situaciones,
muy dolorosa. Tendríamos que olvidarnos de la anhelada existencia
celestial, colmada de placeres y de tranquilidad. La otra
reacción posiblemente se traduzca en una actitud más consciente
y responsable ante nuestra vida y con la naturaleza universal.
La primera de estas dos respuestas ha sido la predominante
en el pensamiento filosófico occidental, influenciado casi
en su totalidad por una religión monoteísta y una visión dualista,
que observa por separado al hombre y a la naturaleza. Esta
poderosa mentalidad es, aparentemente, la que predomina en
nuestra época; la causante de la irracional separación entre
el hombre y la naturaleza. La interrupción de nuestra interdependencia
con todo. El desarrollo científico y tecnológico sin duda
nos ha brindado importantes utilidades pero sería insensato
no reconocer que éste ha sido el resultado de nuestra convicción
ingenua, trágica, que tiene como principio la explotación
ilimitada del entorno natural para la obtención de un insaciable
"bienestar social" La otra reacción que podríamos experimentar
al plantearnos la idea de la pertenencia absoluta del hombre
a la tierra y al universo se fortalecería si comprendemos
que nuestras acciones no se realizan aisladamente. La unión
y compromiso con nuestra fuente vital natural es ineludible
y permanente. Esta forma de concebir la existencia fue propia
de numerosos civilizaciones, despectivamente denominadas primitivas,
donde la identificación religiosa de estos pueblos estaba
representada por elementos y fenómenos naturales -el sol,
la luna, el trueno la cual permitió que se desenvolviera una
relación armónica y equilibrada con la naturaleza: con sus
vidas. Este fundamento filosófico es la sustancia medular
del taoísmo, doctrina filosófica que predica la permanencia
del equilibrio universal (ying/yang) y del cambio constante.
Finalmente, la poderosa y sabia sentencia que dice: "todo
lo que te pasa es el resultado de tus propias acciones" se
puede proyectar del plano personal e individual a un nivel
poblacional y general, y de esta manera, estar cada vez más
consciente de que los graves daños que presenta nuestro planeta
y por consiguiente nuestra vida, sólo son producto de nuestra
torpeza antropocéntrica y racional.
Finalmente, la poderosa y sabia sentencia que
dice: "todo lo que te pasa es el resultado de tus propias
acciones" se puede proyectar del plano personal e individual
a un nivel poblacional y general, y de esta manera, estar
cada vez más consciente de que los graves daños
que presenta nuestro planeta y por consiguiente nuestra vida,
sólo son producto de nuestra torpeza antropocéntrica
y racional.
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