
Si bien
es cierto que la ecología tradicional no es valorada en
términos económicos, muchos intentos han sido realizados
para asignar un precio a los innumerables recursos que ofrece
la naturaleza. Es así como casi un millón y medio
de especies animales y vegetales que han sido identificadas hasta
el presente, encuentran un lugar en los sistemas de mercado que
valoran su potencialidad, en concordancia con una serie de factores
cuyo centro neurálgico descansa en su utilidad o beneficio
para las poblaciones humanas.
Muchos métodos han sido diseñados para
lograr ese objetivo. Tal multiplicidad obedece a la dificultad
que va implícita en el proceso de valoración, pues
los beneficios derivados de la vida silvestre para un determinado
propósito, pueden ser medidos por métodos que no
necesariamente son apropiados para otros fines. Es por ello que
la forma de valorar un recurso puede no ser la misma para otro.
Un claro ejemplo de lo anterior puede apreciarse en
la importancia que puede tener un bosque para diferentes profesionales.
Mientras un economista puede valorarlo en términos del
volumen de madera aprovechable, un empresario turístico
quizás podría apreciar se ecosistema como un atractivo
para la recreación y el esparcimiento. Probablemente un
Biólogo lo perciba como un reservorio de material genético
o como un elemento regulador del clima, en tanto que un Economista
bien podría detenerse a cuantificar los beneficios de tal
formación vegetal en términos monetarios, fundamentado
en la oferta y demanda de productos forestales.
En líneas generales, el valor de la vida silvestre
puede ser expresado en términos del beneficio social que
es percibido de su aprovechamiento, o de su sola existencia. Una
vía no monetaria de estimar la importancia de los recursos
naturales es analizar sus usos para el hombre, bien sea para la
obtención de alimentos, medicinas o energía, como
estabilizadores de los ambientes naturales o intervenidos, como
señal de perturbaciones externas, como reservorios genéticos,
o como indicadores de la calidad del ambiente. Su función
para el desarrollo de la vida humana recorre el horizonte de los
valores estéticos, ecológicos, recreativos, religiosos,
culturales, científicos, artísticos y éticos,
donde la escala de valores del individuo que lo percibe, marca
la pauta a seguir hacia su preservación, uso adecuado a
perpetuidad o destrucción.
Desde el punto de vista económico, es ampliamente
aceptado que el valor de los recursos naturales puede ser directo
o indirecto. El primero está relacionado con el disfrute
o satisfacción recibida directamente por el consumidor
del recurso, lo cual permite una asignación de precios,
en tanto que el segundo se estima principalmente tomando en consideración
las funciones de los ecosistemas.
Los valores directos pueden ser determinados por la
producción y el consumo, siendo un ejemplo de ello algunas
de las especies animales silvestres comerciales en Venezuela,
así como el comercio intensivo e irracional de nuestras
orquídeas, que ha llevado a nuestra flor nacional a su
casi extinción. En cuanto a los valores indirectos, los
mismos pueden ser de naturaleza no consumista de recursos, como
el ecoturismo, permitiéndose en esta categoría incluir
los valores de riesgo, asignados a la incertidumbre de saber si
en el futuro un recurso natural determinado puede o no ser útil
para la sociedad. Otro tipo de valor indirecto está relacionado
con los valores de la vida de las especies y sus hábitats,
dejando a la consideración de la presente generación
el disfrute de la naturaleza para nuestros descendientes.
Al evaluar la utilidad de las especies silvestres,
vale citar la importancia que ha tenido para el hombre en distintos
campos como la elaboración de calzados, el control biológico
de plagas, la construcción de viviendas, el desarrollo
de algunos deportes al aire libre, la investigación científica,
y hasta como símbolo de culturas y países, como
el Aguila americana o el León británico.
Mención especial merece la utilización
de la vida silvestre en el desarrollo de la industria textil como
la lana, el lino, el algodón y la seda, tejidos que encuentran
su origen en el cultivo y aprovechamiento de especies silvestres.
Una de las mejores y más efectivas formas de
valorar la vida silvestre es reconociendo su vital importancia
para la propia supervivencia del hombre. Cada día, 2 billones
de personas utilizan madera de áreas silvestres para calentarse
y cocinar sus alimentos, y probablemente más de 1000 especies
de plantas de los bosques tropicales del mundo puedan servir para
producir medicamentos que permitan curar cáncer.
Nadie puede determinar hoy en día cual especie
será más valiosa mañana. Por ahora, lo más
inteligente sigue siendo explorar el maravilloso milagro de la
vida expresado en su naturaleza.
El valor de la vida silvestre aún está
por ser descubierto.
Biol. Diego Díaz-Martín.
Coordinador General de Proyectos FUDENA.
