Opinión
 

¿Cuánto vale
la vida silvestre?

Diego Díaz

  Si bien es cierto que la ecología tradicional no es valorada en términos económicos, muchos intentos han sido realizados para asignar un precio a los innumerables recursos que ofrece la naturaleza. Es así como casi un millón y medio de especies animales y vegetales que han sido identificadas hasta el presente, encuentran un lugar en los sistemas de mercado que valoran su potencialidad, en concordancia con una serie de factores cuyo centro neurálgico descansa en su utilidad o beneficio para las poblaciones humanas.
  Muchos métodos han sido diseñados para lograr ese objetivo. Tal multiplicidad obedece a la dificultad que va implícita en el proceso de valoración, pues los beneficios derivados de la vida silvestre para un determinado propósito, pueden ser medidos por métodos que no necesariamente son apropiados para otros fines. Es por ello que la forma de valorar un recurso puede no ser la misma para otro.
  Un claro ejemplo de lo anterior puede apreciarse en la importancia que puede tener un bosque para diferentes profesionales. Mientras un economista puede valorarlo en términos del volumen de madera aprovechable, un empresario turístico quizás podría apreciar se ecosistema como un atractivo para la recreación y el esparcimiento. Probablemente un Biólogo lo perciba como un reservorio de material genético o como un elemento regulador del clima, en tanto que un Economista bien podría detenerse a cuantificar los beneficios de tal formación vegetal en términos monetarios, fundamentado en la oferta y demanda de productos forestales.
  En líneas generales, el valor de la vida silvestre puede ser expresado en términos del beneficio social que es percibido de su aprovechamiento, o de su sola existencia. Una vía no monetaria de estimar la importancia de los recursos naturales es analizar sus usos para el hombre, bien sea para la obtención de alimentos, medicinas o energía, como estabilizadores de los ambientes naturales o intervenidos, como señal de perturbaciones externas, como reservorios genéticos, o como indicadores de la calidad del ambiente. Su función para el desarrollo de la vida humana recorre el horizonte de los valores estéticos, ecológicos, recreativos, religiosos, culturales, científicos, artísticos y éticos, donde la escala de valores del individuo que lo percibe, marca la pauta a seguir hacia su preservación, uso adecuado a perpetuidad o destrucción.
  Desde el punto de vista económico, es ampliamente aceptado que el valor de los recursos naturales puede ser directo o indirecto. El primero está relacionado con el disfrute o satisfacción recibida directamente por el consumidor del recurso, lo cual permite una asignación de precios, en tanto que el segundo se estima principalmente tomando en consideración las funciones de los ecosistemas.
  Los valores directos pueden ser determinados por la producción y el consumo, siendo un ejemplo de ello algunas de las especies animales silvestres comerciales en Venezuela, así como el comercio intensivo e irracional de nuestras orquídeas, que ha llevado a nuestra flor nacional a su casi extinción. En cuanto a los valores indirectos, los mismos pueden ser de naturaleza no consumista de recursos, como el ecoturismo, permitiéndose en esta categoría incluir los valores de riesgo, asignados a la incertidumbre de saber si en el futuro un recurso natural determinado puede o no ser útil para la sociedad. Otro tipo de valor indirecto está relacionado con los valores de la vida de las especies y sus hábitats, dejando a la consideración de la presente generación el disfrute de la naturaleza para nuestros descendientes.
   Al evaluar la utilidad de las especies silvestres, vale citar la importancia que ha tenido para el hombre en distintos campos como la elaboración de calzados, el control biológico de plagas, la construcción de viviendas, el desarrollo de algunos deportes al aire libre, la investigación científica, y hasta como símbolo de culturas y países, como el Aguila americana o el León británico.
  Mención especial merece la utilización de la vida silvestre en el desarrollo de la industria textil como la lana, el lino, el algodón y la seda, tejidos que encuentran su origen en el cultivo y aprovechamiento de especies silvestres.
  Una de las mejores y más efectivas formas de valorar la vida silvestre es reconociendo su vital importancia para la propia supervivencia del hombre. Cada día, 2 billones de personas utilizan madera de áreas silvestres para calentarse y cocinar sus alimentos, y probablemente más de 1000 especies de plantas de los bosques tropicales del mundo puedan servir para producir medicamentos que permitan curar cáncer.
   Nadie puede determinar hoy en día cual especie será más valiosa mañana. Por ahora, lo más inteligente sigue siendo explorar el maravilloso milagro de la vida expresado en su naturaleza.
  El valor de la vida silvestre aún está por ser descubierto.

  Biol. Diego Díaz-Martín. Coordinador General de Proyectos FUDENA.


 
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