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El concepto de agricultura sustentable
se originó en 1972, cuando la Federación Internacional
de Movimientos de Agricultores Orgánicos (lFOAM) se funda
con el objetivo de promover "prácticas o métodos
agrícolas biológicos, económicos y socialmente
sustentables". Su primera conferencia científica en
1977 IFOAM la tituló "hacia una agricultura sustentable".
Posterior a esta iniciativa, una serie de documentos han sido publicados.
Gips, de la Alianza Internacional de Agricultura Sustentable, realiza
una exhaustiva revisión bibliográfica sobre el tema
en mención; encontrando que muchas definiciones sobre agricultura
sustentable presentan limitaciones, especialmente son conceptos
aislados, como por ejemplo: economía, producción,
ecología y cultura. Pareciera que estos intentos no presentan
niveles de integración entre los conceptos emitidos. Es el
propio Gips y su equipo de trabajo quienes se aproximan a definir
que "la agricultura sustentable es ecológicamente sana,
económicamente viable, social y humanamente justa".
En esta definición, entendemos, que se recogen objetivos
y metas a lograr en los diversos desarrollos de la agricultura sustentable
a impulsar.
También la definición de Gips nos proporciona
una base o plataforma común a las diversa prácticas
agrícolas que deben cumplir a cabalidad los cuatro criterios
que conforman la definición evaluada.
Algunos de los sistemas agrícolas más
comunes que tienden a cumplir en alguna medida los cuatro criterios
de sustentabilidad en las nuevas agriculturas a impulsar son: la
orgánica, la alternativa, la biológica, la natural,
la regenerativa, la ecológica, la permacultura, la biodinámica
y la de bajos insumos. Es importante aclarar que ya algunos de estos
sistemas están funcionando cabalmente en otras latitudes.
Los sistemas agrícolas anunciados se han desarrollado y consolidado
en función de personalidades, historias, intereses políticos
y mercantilistas, localidades geográficas y diversas expresiones
geográficas. Algunas de ellos presentan concepciones epistemológicas
y filosóficas.
Dado el auge indetenible de estas prácticas de
agriculturas sustentable en Europa y Estados Unidos, uno de los
aspectos delicados en el desarrollo de estas agriculturas son los
diversos problemas que se relacionan con la certificación
de los productores, su mercadeo, comercialización y distribución.
Algunos países como Suecia, Alemania, Francia parecen haber
superado esta situación. Algunos productores ecológicos
se han visto obligados a crear mercados alternativos con éxito,
otros se han visto obligados a negociar sus productos con empresas
de mercadeo y distribución. Por otra parte, por la eficiencia
de sus sistemas de control en la cadena agroalimentaria han; entrado
en el negocio orgánico algunas empresas transnacionales de
alimentos que de una u otra forma han contribuido a consolidar monopolios
y oligopolios en el intercambio de alimentos a nivel internacional.
Actualmente algunas multinacionales de alimentos, de
agroquímicos, entre otras, comienzan a usar el término
de agricultura sustentable con fines puramente comerciales y agroindustriales.
Las Industrias de Jacobs Suchard en Europa controlan
el comercio de café y chocolates. La Nestlé posee
el comercio mundial de¡ café soluble, del chocolate
y sus derivados; compite por la compra de café para hacerlo
orgánico con otras multinacionales, como por ejemplo: la
Philips Morris (25%) (indica cantidad de compra de café),
Nestlé (17%); Procter & Gamble (7%); Rothfos (12%); Volkart
(10%); Cargill (8%), EDF Man (6%); Sara Lee (6%). La Sandoz busca
entrar en el mercado de productos orgánicos.
Nos comentaba un productor de café en Rondonia,
Brasil, que las ganancias de un 1 kg. de café orgánico
se distribuyen de la siguiente forma: supermercados (20%); gobierno
(17%); publicidad (14%); torrefactoras (13%); empresas o fundaciones
comercializadoras (12%); productores (10%) y agroindustria (4%).
Sin contar los precios de los productos orgánicos que los
obligan a elevarlos, del esquema de ganancias observamos que los
productores siguen teniendo la peor parte, las ganancias son bajas,
sin que ellos realmente puedan conocer cómo es el manejo
de la importancia de los alimentos orgánicos en los mercados
internacionales.
La incursión de las multinacionales agroindustriales
en la agricultura sustentable, especialmente a través de
su promoción en Asia, África y Latino América,
está ocasionando otro tipo de problemas a niveles regionales
y locales, por ejemplo: la calidad, la certificación de los
productos y su relación con el proceso productivo, el manejo
de los medios de producción tienen estrecha relación
con el modo de producción. Hoy día un monocultivo
orgánico es técnicamente criticado por no ser una
práctica ecológicamente sustentable. Al no tener un
suelo biológicamente sustentable, no tendremos una planta
fisiológicamente fuerte y saludable, y será atacada
por las plagas, permitiendo seguir con la dependencia de insumos
curativos para el desarrollo de las plantas, por lo cual no podremos
tomar medidas preventivas para la protección de los cultivos.
Con ello nos preguntamos, ¿cómo podemos
producir un alimento de buena calidad? Las particularidades tratadas
también se relacionan con la organización social que
asume la responsabilidad de la producción. Se da una dispersión
y confusión en el hecho de no producir o hacer de la agricultura
una actividad más integral, más acorde con las necesidades
locales, y los valores sociales y culturales de la comunidad.
Es aquí donde debemos hacer una reflexión
con relación a los cambios que debemos impulsar en nuestra
agricultura nacional.
Tenemos el deber y derecho de promover e investigar sobre nuestro
tipo de agricultura, necesaria para nuestras latitudes tropicales.
No podemos volver a cometer el histórico error de promover
otros tipos de agriculturas no aptas para nuestro medio, como lo
pueden ser algunos de los sistemas agrícolas sustentables
que anunciamos con anterioridad. Estos no tienen el arraigo cultural,
social y productivo establecido en nuestra región tropical.
Acorde con las cifras de Altieri aproximadamente 13
millones de unidades comunales en Latinoamérica practican
una agricultura que durante milenios ha ganado una práctica
de integración, en la que se conjugan el manejo del suelo,
la vegetación diversa y el agua. Estas tecnologías
populares superan las limitaciones que nos presenta la naturaleza,
definiendo los objetivos referidos a la organización social
y de la producción, los cuales a su vez están estrechamente
relacionados con los valores culturales y religiosos de la localidad.
Es importante aclarar que no estamos proponiendo ir
al pasado e impulsar nuestros medios tradicionales de producción
como base de un desarrollo económico agrícola nacional.
Nuestro aporte trata de integrar los conocimientos más avanzados
de las ciencias agrícolas y ecológicas con el vasto
conocimiento inmerso en nuestros sistemas tradicionales de producción,
los cuales preservan el ambiente con el uso de tecnologías
populares.
En este sentido, vale la pena considerar el papel de
la agricultura tropical en el contexto de las tecnologías
populares. Para el Instituto para la Producción e Investigación
de la Agricultura Tropical (IPIAT), la agricultura tropical es la
agricultura que, por sus características latitudinales, se
desarrolla bajo una adecuada temperatura y radiación solar
de manera constante, condiciones básicas para el desarrollo
de los procesos metabólicos de los cultivos expresados en
la asociación de cultivos o policultivos, como la más
alta expresión práctica de una unidad de producción
sustentable con un grado de tecnificación apropiada para
la preservación de los ecosistemas naturales, de los factores
sociales y culturales inherentes a los procesos productivos en su
concepto. Este concepto que se expresa en las agriculturas mejicanas,
caribeñas de amazonas, andinas, indígenas y tradicionales,
entre otras a lo largo de la latitud tropical, encierran un componente
técnico básico para el desarrollo de las agriculturas
propuestas. Este componente lo denominamos la práctica del
policultivo o la asociación de cultivos. En estas técnicas
parecieran encontrarse connotaciones biológicas, químicas
y físicas hasta ahora poco estudiadas e investigadas a cabalidad.
Esta biodiversidad expresada en el policultivo influyen sobre la
productividad y los servicios que brindan a los ecosistemas. La
importancia del policultivo es evidente en la actividad agraria
dada las ventajas recogidas. La sabiduría de estas tecnologías
populares y apropiadas, incluido su aporte, es útil para
la protección de las cuencas hidrográficas, el mantenimiento
de la fertilidad del suelo y la receptividad de prácticas
de control biológico de plagas, está siendo confirmada
hoy día por investigadores y productores como opciones válidas
a ser incorporadas a los sistemas productivos para mejorarlos y
aliviar los problemas ocasionados al ambiente.
Para concluir, afirmamos que la agricultura tropical
debe y tiene que ser uno de los apoyos básicos de nuestra
economía nacional, por cuanto la producción de alimentos
se relaciona con la soberanía nacional y con el carácter
de autodeterminación agroalimentaria que podamos ofrecerles
a nuestra sociedad, especialmente a las nuevas generaciones que
nos exigen un nuevo estilo de desarrollo económico y social.
Todo esfuerzo tendiente a entender, proponer y justificar cambios
para lograr una mejor agricultura que ayude a mejorar la economía
del país debe ser considerada y valorado en su justa dimensión.
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