Conversación con Max Leuzinger, representante de la Fundación Max Havelaar

Café por solidaridad
Esta organización busca romper el monopolio de las grandes
transnacionales a través del mercadeo de productos provenientes
de pequeños agricultores de América Latina.


La Era Agrícola.
 

¿Qué es exactamente la Max Havelaar?
  La Max Havelaar es una fundación sin fines de lucro, que nació en Holanda hace cinco años, con la idea principal de relacionar grupos de pequeños productores ya bien organizados, con empresas torrefactoras en Europa que están dispuestas a pagar más por un café de alta calidad proveniente de pequeños productores y relacionar también a estos productores con una parte de los consumidores en Europa que estarían dispuestos a pagar un poco más por ese café, a fin de remunerar dignamente el trabajo del pequeño campesino.

¿Cómo nace esta fundación?
  Nació con una idea de solidaridad, pero al mismo tiempo presionada por la inquietud de miles de pequeños productores del tercer mundo, que años antes ya habían vendido su café en las llamadas tiendas de solidaridad y que ahora necesitaba ensanchar su mercado de café, miel, cacao, etc.; y así se creó la fundación con objeto de penetrar las grandes cadenas de supermercados.

 
 
 


¿Quiénes conforman y apoyan la Max Havelaar?
  En Suiza son seis agencias de cooperación internacional que colaboran en proyectos de desarrollo en países del Tercer Mundo. Entre ellas están Cáritas, Helvetas, Swiss Aid. En este sentido los campesinos del tercer mundo son los contrapartes productoras de nuestra organización.

¿Que es el café de solidaridad?
  Nosotros seleccionamos a las organizaciones de productores que envían muestras de café a las torrefactoras que nosotros autorizamos. Ellos eligen cierto café pagando el precio mínimo que nosotros establecemos y que representa el doble del de la bolsa de Nueva York, por lo tanto el precio se encarece a nivel del consumidor y se dirige entonces a los consumidores más conscientes y solidarios que están dispuestos a pagar más por ese café.

¿En que consiste la certificación de productos orgánicos?
  Si bien existe una estrecha colaboración entre los certificadores orgánicos, debo aclarar que nosotros no hacemos este tipo de certificación. Pero consiste en que se inspeccionan los proyectos en base a criterios establecidos que consisten principalmente en la total ausencia de productos agrotóxicos en la producción y procesamiento de los productos agrícolas.

¿Quiénes serían entonces los asesores que respaldan esas certificaciones con las cuales la Max Havelaar hace sus transacciones?
  Tenemos que diferenciar entre la certificación "biológica" y la que nosotros hacemos, que es una certificación de tipo socio-económico, asegurando que ese sobre precio que llega al productor está bien justificado y será bien utilizado y que los productores puedan participar democráticamente sobre el destino de ese sobreprecio en su propia organización.

¿Cuál es la capacidad de compra y rango de acción de la Max Havelaar?
  Unos 120 mil sacos de café al año, lo que beneficia a cerca de 30 mil pequeños productores, principalmente en México, Guatemala, Costa Rica y otros países latinoamericanos y africanos.

¿Piensa usted que este nuevo mecanismo que son las certificaciones pudieran convertirse en nuevos filtros elitescos que impidan o dificulten la participación de pequeños y medianos productores o promueva nuevos tipos de roscas donde simplemente el productor de escasos recursos no pueda pagar los costos que se exigen para poder recibir esta certificación de parte de los expertos europeos, cosa que además queda por dilucidar: ¿quién es el experto, quién rija los parámetros?
  Sí, indudablemente existe el riesgo de que nuevamente haya una nueva dominación por expertos europeos y sean ellos quienes determinen cuales productos o productores puedan ser aceptados. Pero por otra parte, según lo que nosotros vemos, las certificadoras orgánicas hacen un trabajo serio, de acuerdo a normas bien establecidas, que todo mundo puede conocer e inclusive puede decidir si quieren colaborar con este tipo de certificadoras.
  En nuestro caso es un poco distinto, porque los delegados de las diferentes organizaciones de productores de países africanos o latinoamericanos afiliadas a la Max Havelaar participan en la elaboración de los criterios y se permite entonces una verdadera participación democrática.

Qué actitud tienen ustedes frente al Mercado Internacional del Café y explíquenos sí han recibido algún tipo de presiones por parte de ellos?
  Nosotros creemos que es necesario se restablezca el Pacto Internacional del Café, que se está discutiendo en Londres desde hace tres años, para que todos los productores puedan beneficiarse de

unas condiciones de intercambio mas justas.
Nuestra actitud es sumamente crítica, pues ese pacto beneficiaba a los grandes productores, a las multinacionales. y a otros intermediarios y transaccionistas financieros que se aprovechaban de ese negocio del café.

¿Cómo han podido llevar esa lucha adelante frente a esos grandes intereses económicos?
  En Suiza las multinacionales no participan en la idea Max Havelaar. Más bien ellos están combatiéndonos, diciendo que no vale la pena apoyar a un pequeño productor. Pero gracias a la presión de una parte de la población de Suiza, hemos logrado imponer este café Max Havelaar que le quitó un 5 % al mercado de las transnacionales.

¿Qué posibilidades tiene Venezuela de ser incluida en el Mercado Max Havelaar?
  Ya seleccionamos un grupo de productores, que es COPALAR, en Guarico, en el estado Lara. Yo acabo de visitarlos a ellos durante tres días y pude comprobar que es una organización digna de esa cooperación, que reúne las condiciones establecidas. Por ahora vamos a hacer una exportación de prueba de 250 sacos y si la calidad satisface a las necesidades o gustos de las torrefactoras de Europa, esa cantidad puede aumentar a varios miles de sacos para la próxima cosecha.

 
 

 
 inicio