Productos
Químicos Bailado res despachó el 26 de febrero
de 1993 uno de sus camiones, que iría a distribuir
al detal tres mil kilogramos de plaguicidas en algunos pueblos
del páramo de Mérida, donde agricultores de
tubérculos y hortalizas recurren a insumos químicos
para preservar de enfermedades los cultivos que se comercializan
en los mercados del estado.
Luego de haber recorrido sin inconvenientes más
de cien kilómetros, el chofer no pudo controlar el
camión que se precipitó setenta metros al borde
de la carretera. La inclinación de la falda montañosa,
tupida de ramas, amortiguó la velocidad de caída.
Al rato, el conductor y acompañante fueron rescatados
con lesiones menores por los bomberos de Apartaderos, mientras
la carga quedó tirada en el terreno.
No transcurrió una hora del accidente cuando
el penetrante olor a algo similar a naftalina inundó
el sector. Quienes llegaron al sitio del volcamiento debieron
alejarse raudos, por no soportar la emanación de los
químicos.
Los bomberos de la ciudad de Mérida llegaron
al sector hora y media después de ocurrido el volcamiento.
Antes de salir para Escagüey, a treinta kilómetros
de la urbe, los hombres de azul hicieron las diligencias con
otras casas comercializadoras de agroquímicos para
obtener el equipo adecuado para ocuparse de emergencias de
ese tipo.
No les quedó otra opción que enfrentar
el accidente sin el equipo, porque ninguna de las empresas
visitadas lo tenían.
El informe del Subteniente de Bomberos Víctor
Rojas relata que antes de la llegada de la comisión
bomberil ya estaban en el lugar brigadas de Defensa Civil
- quienes llevaron los heridos al hospital -, Guardia Nacional,
Policía y Vigilancia de Tránsito.
En la pendiente del terreno, habitantes del sector
recogieron a mano descubierta algunos envases, no obstante
ser advertidos de la peligrosidad de los agroquímicos
por los bomberos. Esa acción del grupo de habitantes,
casi ochenta, fue calificada por varios como un saqueo.
Otros, al verse autorizados por el chofer del
vehículo para agarrar productos y llevárselos
a los hogares, lo entendieron como una forma de mantener lo
más silenciado posible el hecho, por las implicaciones
legales que tiene. El chofer, a su vez, autorizó la
incineración de los envases rotos.
Funcionarios del gobierno municipal de Escagüey
fueron notificados de¡ volcamiento. Entre estos figura
el síndico del Municipio Rangel quien ya sabía
de lo ocurrido y dijo que buscaría a algunas de las
personas que cargaron los químicos para que los enterraran.
Por su parte, familiares de¡ dueño
de la carga allí presentes ofrecieron un pago acorde
a lo ayudado a recuperar. A los oferentes de la recompensa
se les advirtió de la necesidad de usar equipos especiales
para manipular el cargamento.
No se sabe porqué razón a los restos
de plaguicidas, fungicidas y herbicidas les prendieron fuego.
Esto creó una nube de gases extremadamente tóxica
que llegó al centro poblado y aldeas cercanas siendo
respirada por sus moradores.
Salto
en las estadísticas: un accidente ocultado
En la tarde del 26 de febrero el Hospital Universitario
de Los Andes atendió tres casos de intoxicación
aguda por plaguicidas. Los médicos no obtuvieron información
de cómo fue la intoxicación, sólo se
enteraron que los pacientes provenían del páramo.
Esto hizo presumir que la emergencia era una más de
las que mensualmente se atiende por contaminación de
plaguicidas.
En el transcurso de los días subsiguientes
al accidente, varios pobladores de las aldeas afectadas por
la nube tóxica comenzaron a acudir al hospital universitario
y a la Unidad de Toxicología de la ULA por ardores
en la piel, irritación de las vías respiratorias,
mareos, dolores de cabeza, náuseas y otros síntomas
que ya le avizoraban a los médicos la posibilidad de
un problema de salud pública. El cinco de marzo la
Dirección de Epidemiología del Ministerio de
Sanidad recibió la notificación del accidente.
Los médicos de Epidemiología del Ministerio
de Sanidad y Toxicología-ULA comenzaron un estudio
clínico en el sitio con las personas más afectadas
por la intoxicación. No todos los intoxicados acudieron
al centro de asistencia por temor a alguna represalia, pues
tendrían que explicar cómo fue la contaminación,
por lo cual muchos tendrían que confesar haber recogido
envases del cargamento esparcido en la pendiente montañosa.
Las medidas ambientales que se ejecutaron fueron
"echarle tierra" a la zona del derrame químico
y realizar algunas pruebas de calidad de agua porque no se
conoce qué cantidad de agrovenenos cayó o fue
tirado al río Chama, de donde se surten de agua varios
caseríos y siembras.

Desastre
Químico
Después de observar el punto del accidente,
conocer los resultados de más de 250 muestras de sangre
y orina de intoxicados, identificar los productos derramados
y su grado de toxicidad, el doctor Luis Lacruz, coordinador
de la Unidad de Toxicología de la Universidad de Los
Andes, refirió que lo sucedido en Escagüey entra
en la categoría legal de Desastre Químico, como
lo han sido los hechos de Tree Miles Island, Estados Unidos;
Chernobyl, Rusia; y Bophal, India. La misma calificación
le dio el Informe de la Comisión de Ambiente y Recursos
Naturales de la Asamblea Legislativa del Estado Mérida.
Este Desastre Químico de Escagüey
no se notificó a las autoridades sanitarias al mismo
instante cuando las autoridades municipales se enteraron.
Esta función no la cumplieron quienes como autoridad
militar o civil atendieron el asunto.
Tampoco lo informó el personal de la medicatura rural
al Distrito Sanitario y por dicha razón, en parte,
no se actuó con la celeridad que urgió el suceso.
El doctor Lacruz comentó que prácticamente
se estudió a toda la población porque el contacto
con los agroquímicos fue general, aunque en rangos
de incidencia diferente.
En base a las personas que se pudieron examinar,
se sabe que 78 individuos están muy afectados, 250
padecieron exposición directa y casi 700 personas resultaron
indirectamente dañadas por la nube de humo enrarecido
originada por la quema de los productos químicos.
Para el toxicólogo Lacruz, el accidente
refleja que en Mérida y en todo el país no se
cuenta con los recursos para actuar en emergencias como la
de Escagüey
A lo anterior debe sumársele que Mérida
es el estado de Venezuela con mayor porcentaje de intoxicados.
Esto se refleja en el repunte de contaminados
y muertes por agroquímicos clorados, siendo el Paraquat
la principal sustancia.
El Desastre de Escagüey dejó consecuencias
nocivas irreversibles, como los deterioros crónicos
por efecto de acumulación de residuos de plaguicidas
en el cuerpo humano, animales y plantas.
¿Se hará
justicia?
La situación es de suma gravedad. Aparte
del aspecto salud, hay elementos que comprometen la actitud
de personas y organismos que actuaron al principio del desastre.
Estos señalamientos se coligen de las investigaciones
del cuerpo legislativo, quien precisa omisiones y negligencia
de la empresa y personal de organismos como Tránsito,
Policía, Guardia Nacional, Ministerio de Agricultura,
Ministerio del Ambiente y Ministerio de Sanidad para la determinación
de responsabilidades.
Entre los señalamientos se cita el allanamiento
sin orden judicial de casas donde presuntamente se guardaron
envases y la recuperación por esa vía de otros
que fueron entregados al propietario de Productos Químicos
Bailadores; la carga del camión no estaba autorizada
para vender al detal, como lo hacía hasta el momento
del accidente la empresa; en los puestos de vigilancia y control
vial no hay información sobre plaguicidas de uso agrícola
permitidos nacional e internacionalmente; se presume el contrabando
de agroquímicos porque se encontró en la carga
del camión el pesticida DDT, prohibido en el país
desde 1980.
El Desastre Químico de Escagüey constató
la peligrosidad de muchos agroquímicos pero también
las complicidades intencionales y culposas de una práctica
económica que pone en vilo la salud. ¿Actuará
la justicia? |