producción
urbano-industrial, vale decir, de la especialización;
de la gran escala de producción, de la integración
agroindustrial, de la utilización intensiva de capital
y de la producción de alimentos como una mercancía
más. De hecho este modelo se despliega particularmente
en las naciones industrializadas durante la postguerra, tiempo
en el cual se consolida la dinámica industrialista
de desarrollo en que la producción agrícola
es vista más que todo como un problema de abastecimiento
urbano, y, su especificidad, es al fin "sometida"
por la dinámica de los procesos industriales.
La expansión del industrialismo en la agricultura
planteó de hecho la creación de una nueva agricultura
y la desaparición progresiva de los elementos fundamentales
de las agriculturas tradicionales, no sólo en las naciones
industrializadas sino también en los países
de la periferia.
La
nueva agricultura que surge, a diferencia de las agriculturas
tradicionales, se estructura a partir de la especialización
y artificialización de los ecosistemas agrícolas
y va a apoyarse en el desarrollo vertiginoso de las tecnologías
energéticas agrícolas, lo cual es facilitado
por las disponibilidad a precios increíblemente bajos
del principal combustible fósil, es decir, el petróleo,
precisamente en esa fase histórica de mayor expansión
del modelo urbano-industrial en el mundo.
De hecho, esta nueva agricultura que se caracteriza
en sus elementos básicos por conformar un paquete tecnológico,
en el que destacan: la motorización de las labores
agrícolas, la aplicación masiva de derivados
de la petroquímica -agrotóxicos, fertilizantes-,
la monoproducción en gran escala de sistemas de cultivos
vegetales y animales de alta especialización, la transformación
agroindustrial y el transporte de productos y derivados en
grandes distancias, fue posible y es posible, por lo que se
ha llamado "el cultivo intensivo del petróleo".
Más que una revolución verde, como también
suele denominarse a este paquete tecnológico, se trata
de una revolución en la que la industria petrolera
y petroquímica transnacional ha jugado y juega un importante
papel de control y difusión de este modelo por todo
el mundo, lo cual ha hecho de éste un modelo de aplicación
universal y cuya adopción irreflexiva en muchos países
ha ocasionado serios problemas en sus estructuras productivas
y alimentarias, como veremos más adelante.
Desde la crisis energética de 1973, la
crítica a ese modelo de agricultura ha sido contundente.
Como ha sido demostrado a través de numerosísimos
estudios, la eficiencia técnico-económica de
este modelo se ve afectada seriamente si se estudia desde
el punto de vista del rendimiento técnico-energético.
Se ha demostrado que este modelo de agricultura y ganadería
consume más energía -a través del subsidio
energético que se le aporta a los sistemas productivos-
que la que realmente produce. Este modelo, como se aprecia,
no cultiva el petróleo, al contrario, lo despilfarra.
También se ha demostrado que si este modelo energético
de agricultura se difundiera aún mas, con miras a saciar
el hambre del mundo pobre, que por lo demás no dispone
de petróleo, las reservas actuales de este energético
se verían muy probablemente agotadas antes del año
dos mil. A esta crítica del modelo, tan contundente,
se diría casi irrefutable, se agregan otras no menos
importantes, y quizás más conocidas. Entre éstas,
la desertización de tierras por el uso inadecuado de
la mecanización agrícola, la desestructuración
absoluta de los ecosistemas naturales por la aplicación
desmedida de agrotóxicos, lo cual ha acarreado no sólo
la aparición de insectos resistentes a éstos
y la desaparición de los benéficos, sino también
la contaminación y muerte de los trabajadores del campo,
la contaminación de lagos y ríos, muy especialmente
la contaminación de alimentos con estas sustancias
que son altamente cancerígenas.
Sería
muy extenso explicar, aunque es fácilmente comprensible,
por qué este modelo que fue concebido y creado para
ser aplicado en el marco de sistemas ecológicos de
clima templado y de acuerdo a demandas específicas
de un determinado tipo de desarrollo urbano industrial,
fue aplicado
y continúa siendo aplicado, casi sin mediación
alguna, en nuestros países, especialmente en los
países
tropicales, cuyos sistemas ecológicos por sus características,
estructuración y diversidad, difieren
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