Editorial
Agricultura
ecológica. Agricultura orgánica. Agricultura sustentable.
Denominaciones oscuras y enigmáticas para una inmensa mayoría
de nuestros campesinos, técnicos, ingenieros agrónomos,
investigadores, agroindustriales y para los consumidores de productos
alimenticios. De hacerse una encuesta sobre este tópico, las
respuestas reflejarían el nivel de desinformación existente,
a la vez que mostrarían el trasfondo de los intereses económicos
que sustentan este planificado estado de ignorancia que vive el sector
agrícola hacia temas relacionados con el ambiente.
Pero, ¿qué significan estos conceptos?. ¿Qué
trascendencia tienen para la economía del sector?. ¿Qué
importancia guardan con la nutrición y la salud pública?.
¿Qué trascendencia tienen para la preservación
del medio ambiente y de la vida misma?. ¿Qué tiene que
ver todo esto con la marcha de la sociedad, con su cultura y sus valores?.
Tal como lo expresa el texto del Tratado de Agricultura
Sustentable de las Organizaciones No Gubernamentales que participaron
en la Conferencia de Río sobre Ambiente y Desarrollo: "La
agricultura Sustentable es un modelo económico y social de organización
basado en una visión integral, equitativa y participativa del
desarrollo, que reconoce en el Ambiente y los Recursos Naturales el
fundamento de su actividad económica. La agricultura es sustentable
cuando está basada en principios ecológicos, es económicamente
viable, socialmente justa, culturalmente apropiada y esta sustentada
en una visión holística de la ciencia."
Sin embargo, a diferencia de países de gran tradición
agrícola como Brasil, Argentina, Colombia o México, el
movimiento agroecológico venezolano recién comienza a
enfrentar las dificultades propias de las distorsiones impuestas por
nuestro modelo económico minero. Este modelo ha provocado desprecio
e incomprensión hacia el sector agrícola en general y
mucho más aún hacia las alternativas agroecológicas
que pudieran plantearse como vías de solución para el
maltrecho Sistema de Seguridad Alimentaria de nuestro país.
Dentro de este panorama, el manejo deficitario de la información
ha jugado a favor del estancamiento de nuestra agricultura. Por ello,
el movimiento agroecológico venezolano debe plantearse como prioridad
absoluta la creación de mecanismos de acceso continuo a fuentes
de información confiables y seguras, que permitan democratizar
y difundir los resultados de las investigaciones y experiencias que
sobre agricultura ecológica se realizan en Venezuela y otros
países tropicales.
Este razonamiento por sí solo, justifica el trabajo
de la Fundación La Era Agrícola a lo largo de estos 7
años. Para nosotros, agricultura, ecología y comunicación
conforman una suerte de triángulo equilátero que ha definido
nuestros objetivos como organización no gubernamental. Y esta
es precisamente la labor que esperamos seguir cumpliendo por muchos
años más.