Comunicación y agricultura sustentable

La Era Agrícola
como instrumento de una estrategia


Desde 1986 la revista La Era Agrícola representa un instrumento informativo y educativo de primer orden dentro del movimiento ambiental de nuestro país. Su meta es contribuir con la gigantesca tarea deformar la conciencia agrícola y ambiental que requiere la Venezuela del siglo 21.

 

Comunicación para la participación

  Para los que trabajamos desde el campo de acción de la comunicación, en favor del medio ambiente y el desarrollo, se nos plantea como objetivo el encontrar los puntos claves donde nuestra labor informativa puede potenciar y multiplicar la efectividad de las nuevas ideas y experiencias que pregona interdisciplinariamente la ecología, desde su perspectiva biológica, física y social.
  Desde nuestro punto de vista, el interés por promover las ideas y experiencias sobre agricultura ecológica forma parte de una estrategia más amplia, que busca en definitiva una transformación paulatina y radical hacia un nuevo modelo de desarrollo, partiendo de los parámetros que rigen nuestra actual civilización. Es lo que muchos llamarían la utopía ecológica.
  Surge entonces un primer gran objetivo de trabajo para los sistemas de información y los medios de comunicación social en general: poner a disposición de todos los ciudadanos ese inmenso potencial tecnológico de la informática y las telecomunicaciones, sumado al inmenso poder de penetración de los medios de comunicación social, a fin de informar, educar y concientizar al conjunto de la sociedad humana sobre la crisis ambiental que padecemos.

Por una estrategia de comunicación

  Entre los múltiples campos de acción de la ecología, la agricultura ocupa un puesto de primer orden, ya que de su desarrollo presente y futuro dependen e interactúan múltiples factores.
  La producción de alimentos y su relación con los índices de población; el impacto de las tecnologías agrícolas sobre suelos, aguas y bosques; la tenencia de la tierra y su influencia en la expansión de la frontera agrícola; las relaciones de comercio mundial y la sobre explotación de recursos vegetales; etc., son algunos de los aspectos evidentes de las interrelaciones que guarda la agricultura con el tema del medio ambiente.
  Entre los promotores del desarrollo rural sustentable existe el consenso sobre la apremiante necesidad por transformar el enfoque "clásico" y economicista de la llamada agricultura "moderna" hacia un nuevo o modelo de Agricultura Ecológicamente Apropiada; que permita, además de la preservación de los ecosistemas, una producción de alimentos capaz de suplir las necesidades de los pueblos.
  Dependiendo de la profundidad del planteamiento de las nuevas propuestas que se orientan hacia una agricultura y un desarrollo rural sustentable, estas se enfrentarán, en mayor o menor grado, a los obstáculos que presentan las estructuras agrarias de cada nación, condicionadas a su vez por factores y relaciones de producción y por factores y relaciones sociales.
  Son precisamente estos últimos los factores y relaciones sociales los que condicionan el campo de acción de la comunicación. De la efectividad de ese proceso de comunicación dependerá a su vez el nivel de participación o incorporación de la sociedad rural y urbana a la adopción de las innovaciones y nuevas propuestas que plantean, concretamente, las tesis de agricultura ecológica.
  Es cierto que el movimiento internacional de agricultura ecológica cuenta con argumentos contundentes para defender sus posiciones y reclutar nuevos aliados: la insostenibilidad ambiental, económica, energética y social del modelo agrícola vigente, por una parte, sumada a la viabilidad científica (teórica y práctica) de una agricultura ecológicamente apropiada, son algunos de los puntos que marcan la balanza a su favor.
  No obstante, a nuestro entender, el incipiente movimiento agroecológico venezolano adolece de una estrategia comunicacional que le permita crear la plataforma necesaria para difundir sus propuestas a la sociedad civil y lograr así la participación efectiva de la misma. Es allí donde el aporte de La Era Agrícola puede jugar un papel importante como instrumento de cambio social.

La Era Agrícola como alternativa de comunicación.


  Convencidos de la necesidad de dedicar un esfuerzo especial para diseñar una estrategia de comunicación a mediano y largo plazo, nace en 1986 el proyecto editorial de La Era Agrícola. De este proyecto surge la revista, planteada como medio de comunicación social de amplia audiencia, que incluye entre su potencial público lector a todo tipo de productores rurales, investigadores, técnicos y agrónomos, estudiantes y profesores de variadas disciplinas, grupos ambientalistas y ciertos sectores urbanos interesados en temas agrícolas y ecológicos. Diseñada en un principio como una publicación regional andina; el vacío informativo existente respecto a estos tópicos nos lleva en poco tiempo a distribuirla en 14 estados del país.

  Si bien la revista ha logrado mantener una línea editorial coherente con las necesidades del país, el paulatino contacto con organizaciones internacionales ambientalistas nos ha permitido aumentar la perspectiva informativa, dando cabida a experiencias y planteamientos surgidos de necesidades similares a las nuestras, provenientes de otras latitudes, especialmente de países latinoamericanos.
  Hoy, gracias a un crecimiento sostenido y a una cierta madurez de conceptos, la revista La Era Agrícola abre un segundo frente de expansión, dirigido esta vez a penetrar el hermetismo de la opinión pública urbana, bajo la necesidad irrefutable de influenciar en la óptica del país centralista, que decide prepotentemente desde la ciudad lo que habrán de ser las políticas del campo.
  El objetivo de esta estrategia no puede ser otro que el de incorporar al mayor número de personas posibles a este gigantesco proceso de transformación social, económica y científica planteada por la nueva relación ambiente y desarrollo. Al igual que hace siete años, la revista La Era Agrícola lucha hoy por mantener su filosofía de comunicación: informar, educar y concientizar, al hombre del campo y la ciudad, sobre los graves problemas agroalimentarios y ambientales que padece la Venezuela post-saudita.

 
 

 
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