Un ecosistema está
determinado, básicamente por la combinación
de tres factores principales: disponibilidad de agua, de radiación
y de nutrientes. Lo que queremos hacer en agricultura ecológica
es aproximar al máximo los agrosistemas a los ecosistemas,
formando así un agroecosistema.
Toda la energía que entra en el ecosistema
bien sea el viento, lluvia, sol, etc., no es aprovechada por
el agrosistema, transformándose así en un problema
con consecuencias negativas, como por ejemplo, erosión
o perturbación de la actividad microbiana, por exceso
de calor.
En climas tropicales y subtropicales es prácticamente
imposible pensar en acumulación de materia orgánica
en el suelo, como fuente de fertilidad para la agricultura,
como ocurre en los suelos templados. Lo que tenemos en los
trópicos es una combinación rica y eficiente
de disponibilidad de agua, radiación y nutrientes para
hacer circular esta materia orgánica intensamente a
través del sistema. Decimos que se trata de una agricultura
de sol y no de suelo, como la de clima templado. Esta riqueza
de recursos naturales es la que tenemos que explotar al máximo.
La radiación (luz y temperatura) es abundante,
por lo cual no es un factor limitante. El agua puede llegar
a ser un factor limitante, especialmente para la olericultura;
no obstante, con su manejo ecológico podemos resolver
el problema.
El recurso natural que con seguridad el productor
tiene mayor acceso para manejar y modificar, positiva o negativamente,
es el suelo, su principal fuente de nutrientes.
En la agricultura ecológica el suelo es
considerado un organismo vivo, con su dinámica propia,
y que, como cualquier ser vivo, necesita alimentación
y estabilidad para poder desarrollar sus actividades biológicas.
La alimentación de un suelo depende de
la materia orgánica que éste recibe, la cual
debe ser en cantidades y frecuencias satisfactorias, para
que los microorganismos y mesofauna existentes en dicho suelo
puedan utilizarla como fuente de energía para su nutrición
y reproducción.
Los micro-organismos del suelo son muy sensibles
a cualquier cambio. Por tanto, para que exista una buena actividad
biológica, es necesario que también exista estabilidad.
Más aún, para un mismo tipo de suelo es importante
que ésta sea la misma a lo largo de las diversas estaciones
del año. Esto implica una protección constante
del exceso de sol, lluvia, viento, etc.
La actividad microbiana de un suelo es responsable
directa de su fertilidad. Esta actividad es responsable de
la producción de sustancias orgánicas que las
plantas utilizan. Además de las bacterias y de otros
organismos fijadores simbióticos o libres de bacterias
y nitrógeno, cada vez se conoce más acerca del
papel de los hongos asociados a las raíces de las plantas
llamados Micorrizas, que aumentan el área de absorción
de diversos minerales del suelo, tales como Fósforo
(P), Calcio (Ca), Magnesio (Mg), etc.
Un suelo cuya roca madre contiene una gran diversidad
de minerales, no necesitará de un "enriquecimiento"
externo, excepto en los dos primeros años de manejo
ecológico, hasta tanto la actividad microbiana se intensifique.
De igual forma, para el control del ph la materia orgánica,
a través de la formación de complejos y la quelatización
de diferentes minerales presentes en suelo, desempeña
un papel tan eficiente como la aplicación de cal.
Como indicadores biológicos tenemos a las
hierbas espontáneas malezas que sólo crecen
en nichos específicos siguiendo un patrón de
sucesión vegetal, desde el punto de vista ecológico,
y no al azar, como muchos creen.
Las hierbas tienen un patrón importante
para el suelo: mejoran su estructura física, química
y biológica, según las necesidades del mismo.
Otros indicadores biológicos son los parásitos
de las plantas (virus, hongos, insectos, ácaros, etc.)
Estos sólo atacan a aquellas plantas cuyo metabolismo
está desequilibrado y no aquellas que se encuentran
sanas. Por lo tanto, si los ataques se repiten, esto es un
indicador de que estamos cometiendo algún error en
el manejo o la escogencia de la especie o variedad.
Finalmente, otros indicadores biológicos
son los predadores. Estos aparecen en grandes cantidades cuando
se les perturba su ambiente, o cuando se utilizan agroquímicos
(venenos y abonos). Sin embargo, a los predadores se les puede
controlar si se mantiene una cierta diversidad biológica
en una misma área.
Los abonos verdes en
la agricultura ecológica
El uso de abonos verdes implica devolver al suelo
nutrientes que se encuentran en cualquier tipo de vegetación:
desde plantas cultivadas -especialmente leguminosas, fijadores
de Nitrógeno- hasta cualquier tipo de vegetación
espontánea, sea herbácea o arbórea, como
por ejemplo malezas.
La agricultura moderna considera el uso de abonos
verdes como fuente de N P K (Nitrógeno, Fósforo
y Potasio) de origen orgánico, sin tener en cuenta
su fantástica influencia sobre el nivel de vida de
micro organismos del suelo.
En la agricultura ecológica, los abonos
verdes son la mayor fuente de materia orgánica de la
cual dispone el productor rural. De una pequeña fuente,
más los recursos naturales agua, radiación y
nutrientes del suelo, se forman toneladas de materia orgánica
disponibles para la microvida del suelo, que proporciona todo
el potencial de producción de un sistema agrícola.
Debe tenerse en cuenta que cerca del 40 al 50
por ciento del volumen de una planta se encuentra dentro del
suelo. Por lo tanto, no sólo la parte aérea
tiene significado como fuente de materia orgánica para
los micro-organismos del suelo.
Resistencia
fisiológica a ataques de parásitos
Uno de los factores responsables de la buena
marcha (salud) de los cultivos en la agricultura ecológica
es el equilibrio entre las diferentes especies animales y
vegetales dentro de un agroecosistema.
También es de igual importancia la salud
o equilibrio interno de la planta. Este equilibrio tiene su
origen, básicamente, en el tipo de nutrientes que recibe
la planta (además de la adaptación de la especie
o variedad) y la disponibilidad de agua, entre otros.
Cuando una planta dispone de un substrato rico
en materia orgánica y actividad biológica intensa,
puede escoger la cantidad y la calidad de los minerales que
necesita para su metabolismo. Por el contrario, en un suelo
que recibe abono químico, la planta no tiene posibilidad
de escoger.
Cuando la planta goza de un metabolismo equilibrado,
ésta no sirve de alimento para sus parásitos,
y, por lo tanto, no es atacada a un nivel de daño económico
significativo.
Ing. Agr. Centro Agricultura
Ecológica IPE. Brasil.