Recursos naturales e Indicadores biológicos
en agricultura ecológica


María José Guazelli
 

  Un ecosistema está determinado, básicamente por la combinación de tres factores principales: disponibilidad de agua, de radiación y de nutrientes. Lo que queremos hacer en agricultura ecológica es aproximar al máximo los agrosistemas a los ecosistemas, formando así un agroecosistema.
  Toda la energía que entra en el ecosistema bien sea el viento, lluvia, sol, etc., no es aprovechada por el agrosistema, transformándose así en un problema con consecuencias negativas, como por ejemplo, erosión o perturbación de la actividad microbiana, por exceso de calor.
  En climas tropicales y subtropicales es prácticamente imposible pensar en acumulación de materia orgánica en el suelo, como fuente de fertilidad para la agricultura, como ocurre en los suelos templados. Lo que tenemos en los trópicos es una combinación rica y eficiente de disponibilidad de agua, radiación y nutrientes para hacer circular esta materia orgánica intensamente a través del sistema. Decimos que se trata de una agricultura de sol y no de suelo, como la de clima templado. Esta riqueza de recursos naturales es la que tenemos que explotar al máximo.
  La radiación (luz y temperatura) es abundante, por lo cual no es un factor limitante. El agua puede llegar a ser un factor limitante, especialmente para la olericultura; no obstante, con su manejo ecológico podemos resolver el problema.
  El recurso natural que con seguridad el productor tiene mayor acceso para manejar y modificar, positiva o negativamente, es el suelo, su principal fuente de nutrientes.
  En la agricultura ecológica el suelo es considerado un organismo vivo, con su dinámica propia, y que, como cualquier ser vivo, necesita alimentación y estabilidad para poder desarrollar sus actividades biológicas.
  La alimentación de un suelo depende de la materia orgánica que éste recibe, la cual debe ser en cantidades y frecuencias satisfactorias, para que los microorganismos y mesofauna existentes en dicho suelo puedan utilizarla como fuente de energía para su nutrición y reproducción.
  Los micro-organismos del suelo son muy sensibles a cualquier cambio. Por tanto, para que exista una buena actividad biológica, es necesario que también exista estabilidad. Más aún, para un mismo tipo de suelo es importante que ésta sea la misma a lo largo de las diversas estaciones del año. Esto implica una protección constante del exceso de sol, lluvia, viento, etc.
  La actividad microbiana de un suelo es responsable directa de su fertilidad. Esta actividad es responsable de la producción de sustancias orgánicas que las plantas utilizan. Además de las bacterias y de otros organismos fijadores simbióticos o libres de bacterias y nitrógeno, cada vez se conoce más acerca del papel de los hongos asociados a las raíces de las plantas llamados Micorrizas, que aumentan el área de absorción de diversos minerales del suelo, tales como Fósforo (P), Calcio (Ca), Magnesio (Mg), etc.
  Un suelo cuya roca madre contiene una gran diversidad de minerales, no necesitará de un "enriquecimiento" externo, excepto en los dos primeros años de manejo ecológico, hasta tanto la actividad microbiana se intensifique. De igual forma, para el control del ph la materia orgánica, a través de la formación de complejos y la quelatización de diferentes minerales presentes en suelo, desempeña un papel tan eficiente como la aplicación de cal.
  Como indicadores biológicos tenemos a las hierbas espontáneas malezas que sólo crecen en nichos específicos siguiendo un patrón de sucesión vegetal, desde el punto de vista ecológico, y no al azar, como muchos creen.
   Las hierbas tienen un patrón importante para el suelo: mejoran su estructura física, química y biológica, según las necesidades del mismo.
  Otros indicadores biológicos son los parásitos de las plantas (virus, hongos, insectos, ácaros, etc.) Estos sólo atacan a aquellas plantas cuyo metabolismo está desequilibrado y no aquellas que se encuentran sanas. Por lo tanto, si los ataques se repiten, esto es un indicador de que estamos cometiendo algún error en el manejo o la escogencia de la especie o variedad.
  Finalmente, otros indicadores biológicos son los predadores. Estos aparecen en grandes cantidades cuando se les perturba su ambiente, o cuando se utilizan agroquímicos (venenos y abonos). Sin embargo, a los predadores se les puede controlar si se mantiene una cierta diversidad biológica en una misma área.

Los abonos verdes en la agricultura ecológica

  El uso de abonos verdes implica devolver al suelo nutrientes que se encuentran en cualquier tipo de vegetación: desde plantas cultivadas -especialmente leguminosas, fijadores de Nitrógeno- hasta cualquier tipo de vegetación espontánea, sea herbácea o arbórea, como por ejemplo malezas.
  La agricultura moderna considera el uso de abonos verdes como fuente de N P K (Nitrógeno, Fósforo y Potasio) de origen orgánico, sin tener en cuenta su fantástica influencia sobre el nivel de vida de micro organismos del suelo.
  En la agricultura ecológica, los abonos verdes son la mayor fuente de materia orgánica de la cual dispone el productor rural. De una pequeña fuente, más los recursos naturales agua, radiación y nutrientes del suelo, se forman toneladas de materia orgánica disponibles para la microvida del suelo, que proporciona todo el potencial de producción de un sistema agrícola.
  Debe tenerse en cuenta que cerca del 40 al 50 por ciento del volumen de una planta se encuentra dentro del suelo. Por lo tanto, no sólo la parte aérea tiene significado como fuente de materia orgánica para los micro-organismos del suelo.

Resistencia fisiológica a ataques de parásitos

   Uno de los factores responsables de la buena marcha (salud) de los cultivos en la agricultura ecológica es el equilibrio entre las diferentes especies animales y vegetales dentro de un agroecosistema.
  También es de igual importancia la salud o equilibrio interno de la planta. Este equilibrio tiene su origen, básicamente, en el tipo de nutrientes que recibe la planta (además de la adaptación de la especie o variedad) y la disponibilidad de agua, entre otros.
  Cuando una planta dispone de un substrato rico en materia orgánica y actividad biológica intensa, puede escoger la cantidad y la calidad de los minerales que necesita para su metabolismo. Por el contrario, en un suelo que recibe abono químico, la planta no tiene posibilidad de escoger.
  Cuando la planta goza de un metabolismo equilibrado, ésta no sirve de alimento para sus parásitos, y, por lo tanto, no es atacada a un nivel de daño económico significativo.

Ing. Agr. Centro Agricultura Ecológica IPE. Brasil.


 
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