Empresarios
agroecológicos
Un negocio verde
en pequeña escala
David Ruiz |
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de haber estudiado la carrera de Técnico Agropecuario
en el Instituto Universitario Tecnológico de Ejido -en
Mérida- Enrique Hernández decidió que era
el momento de llevar a la acción toda la teoría
que le habían enseñado. Junto con su amigo Favio
Galavís, estudiante de Ingeniería Industrial de
la Universidad Nacional Abierta, núcleo Táchira,
Enrique compartía el interés por los retos que
plantea la preservación del medio ambiente, especialmente
aquellos relacionados con la agricultura. La conciencia sobre
el deterioro de los suelos agrícolas y la contaminación
de las aguas, producto del uso indiscriminado de plaguicidas
y abonos químicos, los llevó a imaginar una actividad
que pudiera ser beneficiosa a la vez de lucrativa. |
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Es entonces que deciden fundar
su pequeña empresa - Desarrollos Agrícolas PROAPI,
productos orgánicos y apícolas- con sede en
San Cristóbal, en base a la producción de miel
y abono orgánico.
Si bien la producción apícola tiene
un peso importante en el funcionamiento de esta pequeña
industria rural; es sobre todo la fabricación del abono
el rubro más novedoso desde el punto de vista productivo
y de comercialización.
La empresa elabora un humus de alta calidad, obtenido
a través del proceso de degradación de la lombriz
roja californiana. Este humus se vende como abono orgánico
al incipiente mercado de productores agrícolas que
trabajan con técnicas de manejo ecológico de
cultivos y a consumidores urbanos, que utilizan este producto
para la jardinería en general.
En este sentido, es importante destacar que la
industria de fabricación de abono orgánico plantea
una alternativa de producción de abono vegetal capaz
de frenar el tráfico ilegal de "brosque",
" maporas" y humus proveniente de los bosques húmedos
andinos, los cuales son extraídos - también
ilegalmente - por comerciantes inescrupulosos, avalados por
permisos chimbos que llevan el sello del Ministerio del Ambiente,
y cuyo destino final serán los viveros de las ciudades
más importantes del país.
Según nos explica Hernández, esta
aventura empresarial comenzó a finales de 1991, cuando
él y Galavis decidieron unir sueños y esfuerzos
y reunieron "una vaca" de 10 mil bolívares
para arrancar con el proyecto de lombricultura. Hoy día
- según ellos mismos lo refieren - mueven un capital
superior al medio millón de bolívares y se encuentran
en pleno proceso de expansión.
Con una actitud franca y abierta, estos jóvenes
empresarios - de 26 años de edad - nos explican que
para instalar hoy día una pequeña empresa de
lombricultura se necesitan unos 60 kilogramos de lombrices,
y unas sencillas instalaciones consistentes en camas o lechos
de 2 mts. x 1 mt., lo que representa un capital cercano a
los 60 mil bolívares. Para el próximo trimestre,
PROAPI espera cosechar 5 toneladas de humus de primera calidad,
el cual ya está comprometido para una importante empresa
agropecuaria en el Estado Bolívar, a través
de sus propios mecanismos de comercialización.
Convencidos de las implicaciones ecológicas
del producto que ellos elaboran, Enrique Hernández
insiste en la filosofía que mueve su producción
y que radica en la búsqueda de alternativas a prácticas
agrícolas no contaminantes: "El potencial de la
lombricultura radica en su capacidad de ofrecer productos
hortícolas más sanos, libres de plaguicidas,
que se favorecen con una tierra de excelente calidad que les
da la fortaleza necesaria para enfrentar muchas de las plagas
que atacan tradicionalmente a los cultivos".
Para los interesados en
adquirir este abono orgánico o simplemente para aquellos
que requieran más información respecto a la
lombricultura comercial, PROAPI esta situada en la Zona de
la Vega de Aza, San Cristóbal, Edo. Táchira.
Teléfono: 076-572189. Fax: 076462403.
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