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Como
lo señala la Academia Nacional de Ciencias Norteamericana:
"la agricultura alternativa conforma un enfoque sistemático
de la misma que es más sensible a los ciclos naturales
y a las interacciones biológicas que los métodos
agrícolas convencionales".
Esta visión de la agricultura alternativa
o ecológica, como más frecuentemente suele llamársele,
se conforma, además, a partir de un postulado fundamental,
cual es el incorporar en su estructura tecnoproductiva todo
el arsenal |
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tecnológico
disponible, comenzando por el rescate y la valorización
del soporte tecnológico de las agriculturas tradicionales
y culminando con el apoyo que brinda la más moderna biotecnología.
La
agricultura alternativa se despliega en diversas áreas
de la producción e incluso forma parte de las prácticas
agrícolas convencionales. Destaquemos algunas de ellas:
a) Rotaciones culturales que disminuyen los problemas de malezas,
insectos y enfermedades; aumentan los niveles de nitrógeno
disponible en el suelo, reducen la necesidad de fertilizantes
sintéticos y, junto a prácticas de labranza conservacionista
del suelo, reducen la erosión edáfica.
b) Manejo integrado de plagas, que reduce la necesidad de pesticidas
mediante las rotaciones de cultivos, muestreos periódicos,
registros meteorológicos, uso de variedades resistentes,
sincronización de siembras y control biológico
de plagas.
c) Sistemas de manejo para mejorar la salud vegetal y la capacidad
de los cultivos para resistir plagas y enfermedades. Sistemas
de producción animal que enfatizan el manejo preventivo
de las enfermedades, reducen el uso de niveles subterapéuticos
de antibióticos; mejoramiento genético de cultivos
para que resistan plagas y enfermedades y para que logren un
mejor uso de los nutrientes.
A todo este perfil tecnoproductivo de la agricultura
ecológica que hemos presentado, debería agregarse
un grueso expediente de las implicaciones sociales ampliamente
positivas que el desarrollo de esta agricultura tendría.
Debe destacarse el papel protagónico que
en el despliegue de estas nuevas estrategias juegan y deben
jugar los grupos campesinos que aún perduran, ya que
a pesar de su pobreza constituyen el factor cultural más
importante de apoyo a la biodiversidad y del rescate de las
técnicas tradicionales. Tal vez el mayor aporte de los
organismos multinacionales con motivo de la cumbre ambiental
ha sido el de reconocer esta realidad histórica cultural,
y dar énfasis en el necesario despliegue de estrategias
económicas y sociales que apuntan al refortalecimiento
de las estructuras productivas campesinas, en el marco de un
desarrollo global sustentable.
Como se aprecia de todo lo anterior, estamos urgidos
y requeridos de una reconversión de la agricultura que
se ubica bastante lejos de la visión convencional que
de ésta se tiene. El debate actual que sobre la agricultura
y la alimentación se desarrolla en el país, es
uno más de un círculo vicioso en que los intereses
del agrobussines y del agrobanco se manifiesta más clara
y holgadamente, pues es un debate de corto plazo, en el que
conceptos fundamentales como soberanía, seguridad y orientación
del Estado han sido soslayados.
El cambio y el desarrollo de un país requiere
de orientaciones estratégicas, así muchos lo nieguen.
En el ámbito agropecuario, en Venezuela no se carece
de estas orientaciones. A lo largo de más de un decenio
diversas instituciones universitarias, organismos públicos
y privados, instituciones militares, han venido procesando y
acumulando importante documentación que establece lineamientos
estratégicos específicos sobre lo que es posible
y deseable hacer con la agricultura en Venezuela. ¿Porqué
esto se ha omitido? No es a nosotros, por los momentos, a quienes
corresponde responder esta interrogante.
La reconversión de la agricultura requiere
no sólo de estrategias y políticas de largo plazo
como se ha dicho; exige y requiere sobre todo, de la producción
de un nuevo conocimiento teórico-práctico que
haga viable y factible un nuevo tipo de agricultura en el marco
de nuestras realidades históricas y socieconómicas
específicas. Este nuevo conocimiento está surgiendo,
al menos en el ámbito universitario y de algunos sectores
de la investigación agronómica del país.
Sin embargo, es aún muy poco lo que estamos haciendo
unos y otros para profundizar, discutir e investigar y, sobre
todo, para desarrollar aplicaciones concretas de los importantes
alcances que plantean las nuevas disciplinas de la agroecología
y la economía agrícola ecológica. Pero
también está surgiendo un nuevo conocimiento que
en muchas facetas es mucho más rico, vivencial y audaz
que surge de la exploración y de la inserción
social que realizan numerosos grupos profesionales alternativos,
tecnólogos y organizaciones populares. Pareciera que
es precisamente en estos segmentos de la sociedad civil donde
los reales alcances de la crisis que padecemos y de las acciones
y compromisos necesarios para enfrentarla estuvieran más
nítidamente definidos, cara a una estrategia de largo
alcance para el país.
Después de todo, los problemas del medio
ambiente, la agricultura y la alimentación comprometen
seriamente la calidad de vida de grandes mayorías nacionales
en el presente y el futuro, por lo que discusiones y decisiones
en torno a estos problemas de gran envergadura requieren y exigen
una participación amplia de la ciudadanía y de
sus organizaciones representativas. Debería ser nuestro
compromiso, desde nuestro ámbito de acción, evitar
que el planteamiento ambiental y alternativista se quede en
el discurso cotidiano de políticos y tecnócratas
complacientes. José
Sedek es profesor de la Facultad de Agronomía de la
UCV.

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