Hacia una Agricultura
Ecológica


José Sedek
 
No obstante el llamado de la Conferencia de Naciones Unidas Sobre Medio Ambiente y Desarrollo en 1992 para adecuar prácticas sustentables a la producción agrícola, los intereses economicistas se apegan a tecnologías destructivas de la tierra mientras la agricultura ecológica confirma su idoneidad para emprender la conservación de la calidad del ambiente y la generación de alimentos. En nuestro país, la reconversión agrícola requiere de mayores conocimientos teórico-prácticos que hagan viable la agricultura ecológica acorde a la realidad nacional (Segunda parte).
     
  Como lo señala la Academia Nacional de Ciencias Norteamericana: "la agricultura alternativa conforma un enfoque sistemático de la misma que es más sensible a los ciclos naturales y a las interacciones biológicas que los métodos agrícolas convencionales".
  Esta visión de la agricultura alternativa o ecológica, como más frecuentemente suele llamársele, se conforma, además, a partir de un postulado fundamental, cual es el incorporar en su estructura tecnoproductiva todo el arsenal
tecnológico disponible, comenzando por el rescate y la valorización del soporte tecnológico de las agriculturas tradicionales y culminando con el apoyo que brinda la más moderna biotecnología.
  
La agricultura alternativa se despliega en diversas áreas de la producción e incluso forma parte de las prácticas agrícolas convencionales. Destaquemos algunas de ellas:

a) Rotaciones culturales que disminuyen los problemas de malezas, insectos y enfermedades; aumentan los niveles de nitrógeno disponible en el suelo, reducen la necesidad de fertilizantes sintéticos y, junto a prácticas de labranza conservacionista del suelo, reducen la erosión edáfica.

b) Manejo integrado de plagas, que reduce la necesidad de pesticidas mediante las rotaciones de cultivos, muestreos periódicos, registros meteorológicos, uso de variedades resistentes, sincronización de siembras y control biológico de plagas.

c) Sistemas de manejo para mejorar la salud vegetal y la capacidad de los cultivos para resistir plagas y enfermedades. Sistemas de producción animal que enfatizan el manejo preventivo de las enfermedades, reducen el uso de niveles subterapéuticos de antibióticos; mejoramiento genético de cultivos para que resistan plagas y enfermedades y para que logren un mejor uso de los nutrientes.

  A todo este perfil tecnoproductivo de la agricultura ecológica que hemos presentado, debería agregarse un grueso expediente de las implicaciones sociales ampliamente positivas que el desarrollo de esta agricultura tendría.
  Debe destacarse el papel protagónico que en el despliegue de estas nuevas estrategias juegan y deben jugar los grupos campesinos que aún perduran, ya que a pesar de su pobreza constituyen el factor cultural más importante de apoyo a la biodiversidad y del rescate de las técnicas tradicionales. Tal vez el mayor aporte de los organismos multinacionales con motivo de la cumbre ambiental ha sido el de reconocer esta realidad histórica cultural, y dar énfasis en el necesario despliegue de estrategias económicas y sociales que apuntan al refortalecimiento de las estructuras productivas campesinas, en el marco de un desarrollo global sustentable.
  Como se aprecia de todo lo anterior, estamos urgidos y requeridos de una reconversión de la agricultura que se ubica bastante lejos de la visión convencional que de ésta se tiene. El debate actual que sobre la agricultura y la alimentación se desarrolla en el país, es uno más de un círculo vicioso en que los intereses del agrobussines y del agrobanco se manifiesta más clara y holgadamente, pues es un debate de corto plazo, en el que conceptos fundamentales como soberanía, seguridad y orientación del Estado han sido soslayados.
  El cambio y el desarrollo de un país requiere de orientaciones estratégicas, así muchos lo nieguen. En el ámbito agropecuario, en Venezuela no se carece de estas orientaciones. A lo largo de más de un decenio diversas instituciones universitarias, organismos públicos y privados, instituciones militares, han venido procesando y acumulando importante documentación que establece lineamientos estratégicos específicos sobre lo que es posible y deseable hacer con la agricultura en Venezuela.   ¿Porqué esto se ha omitido? No es a nosotros, por los momentos, a quienes corresponde responder esta interrogante.
  La reconversión de la agricultura requiere no sólo de estrategias y políticas de largo plazo como se ha dicho; exige y requiere sobre todo, de la producción de un nuevo conocimiento teórico-práctico que haga viable y factible un nuevo tipo de agricultura en el marco de nuestras realidades históricas y socieconómicas específicas. Este nuevo conocimiento está surgiendo, al menos en el ámbito universitario y de algunos sectores de la investigación agronómica del país. Sin embargo, es aún muy poco lo que estamos haciendo unos y otros para profundizar, discutir e investigar y, sobre todo, para desarrollar aplicaciones concretas de los importantes alcances que plantean las nuevas disciplinas de la agroecología y la economía agrícola ecológica. Pero también está surgiendo un nuevo conocimiento que en muchas facetas es mucho más rico, vivencial y audaz que surge de la exploración y de la inserción social que realizan numerosos grupos profesionales alternativos, tecnólogos y organizaciones populares. Pareciera que es precisamente en estos segmentos de la sociedad civil donde los reales alcances de la crisis que padecemos y de las acciones y compromisos necesarios para enfrentarla estuvieran más nítidamente definidos, cara a una estrategia de largo alcance para el país.
  Después de todo, los problemas del medio ambiente, la agricultura y la alimentación comprometen seriamente la calidad de vida de grandes mayorías nacionales en el presente y el futuro, por lo que discusiones y decisiones en torno a estos problemas de gran envergadura requieren y exigen una participación amplia de la ciudadanía y de sus organizaciones representativas. Debería ser nuestro compromiso, desde nuestro ámbito de acción, evitar que el planteamiento ambiental y alternativista se quede en el discurso cotidiano de políticos y tecnócratas complacientes.

José Sedek es profesor de la Facultad de Agronomía de la UCV.


 
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