Dentro
del peculiar escenario político que envuelve las presentes
elecciones, surge nuevamente la interrogante en torno al papel que
debe jugar la ecología en la contienda política.
Por una parte constatamos con preocupación la
notoria ausencia del tema ambiental dentro de los programas de gobierno
de los candidatos. Salvo alguna que otra referencia general sobre
la importancia de preservar el medio ambiente, el discurso político
ignora la variable ambiental como factor determinante de una política
de desarrollo nacional a largo plazo. Los programas de gobierno
eluden las interrogantes que plantea la ecología acerca de
la sustentabilidad de los modelos de desarrollo industrialistas.
Con una aparente falta de perspectiva global respecto a las repercusiones
económicas y sociales que llevan consigo los procesos de
deterioro ambiental, los candidatos y sus asesores han sido incapaces
de interpretar las relaciones evidentes entre, por ejemplo: pobreza
y deterioro ambiental, calidad de vida y ambiente, caos urbano y
ordenación ecológicamente apropiada del territorio.
De igual manera el discurso electoral pasa por alto
contradicciones inherentes en ciertas políticas económicas
propuestas como solución a nuestros problemas. Tal es el
caso de las multimillonarias inversiones que se pretenden llevar
a cabo para ampliar la capacidad de la economía petrolera.
Además de comprometer el futuro ambiental del país
-ya que ciertamente los impactos ambientales de la actividad minera
producirán modificaciones importantes en los ecosistemas
que se encuentren dentro del radio de acción y reacción
de las petroleras- se ignora abiertamente el valor económico
real que puede asignarsele a los recursos naturales que serán
sacrificados en aras de la minería.
Pero quizás lo más contradictorio de todo
radica en la postura de aquellos candidatos que están dispuestos
a "restearse" y apostar recursos a futuro en favor de
una actividad energética -como lo es el petróleo-
que por su propia naturaleza contaminante parece condenada a desaparecer
a mediano, sino a corto plazo.
Apartando la existencia real de investigaciones científicas
e innovaciones tecnológicas -por parte del Primer Mundo-
que preludian un cambio de patrón hacia otros modelos energéticos,
podemos afirmar que la Transición Energética comenzó
oficialmente a nivel mundial, a partir de la Conferencia de Naciones
Unidas sobre Ambiente y Desarrollo realizada en 1992. Existen documentos
como la Convención Marco sobre Cambio Climático y
el Programa 21, elaborados por Naciones Unidas -y de los cuales
Venezuela es signatarioen respuesta a los fenómenos
de "calentamiento de La Tierra" y "efecto invernadero",
los cuales son consecuencia de la contaminación global que
se genera por la quema de combustibles fósiles, principalmente
petróleo. Esta situación ambiental ha producido un
cambio de óptica política y económica a nivel
planetario, el cual tendrá graves consecuencias para los
países productores de petróleo. A pesar de ello, los
políticos venezolanos parecen ignorar estas macro tendencias
a la hora de embarcar al país en sus limitadas visiones de
desarrollo. |