¿Cuál Partido Ecológico?
Alfredo Lascoutx
 
El surgimiento de un partido ecológico durante las elecciones presidenciales de 1993, constituye un hecho notable que izo puede ser ignorado por quienes trabajamos en la defensa del ambiente y en pro de un desarrollo ecológicamente apropiado para Venezuela.
     
  La reaparición del "misterioso" Partido Ecológico Ve nezolano -el cual según entendemos fue fundado hace más de cinco años- viene abanderada por la candidatura del Dr. Blas Antonio García Nuñez, quien además de ser filósofo y abogado, ejerce como docente en la Universidad Central de Venezuela. Si bien no contamos con mayores datos al respecto, sabemos que el candidato presidencia- ecológico es un naturista convencido que practica a profundidad algunas disciplinas orientales como las artes marciales y el yoga. De hecho, el propio candidato prefiere en muchas ocasiones que lo identifiquen por su nombre espiritual hindú, esto es: Yogui Shankara.
  Tambien tenemos entendido que el llamado Partido Ecológico Venezolano, PEV, cuenta con candidatos propios, en varios estados del país, que optan por los cargos legislativos de la tarjeta pequeña.
Lo que no sabemos es quienes son realmente estos señores que han hecho suyo el concepto de ecología para fundar un partido político. No sabemos tampoco cual es su pensamiento político, su orientación, sus líneas de acción o sus propuestas. Pero más importante aún, no sabemos
a quiénes representan o dicen representar con su discurso político y ecológico los desconocidos compañeros del PEV.
  Seguramente muchos militantes y simpatizantes de la ecología criolla habrán quedado estupefactos por el "rnadrugonazo" que esta etérea candidatura le ha impuesto al movimiento ecológico venezolano.
Para las ONG ambientalistas, que hasta ahora han logrado evitar el vanguardismo demagógico y han defendido la diversidad de pensamiento de sus organizaciones, no deja de ser una ironía encontrarse en una potencial situación de competencia, donde un grupo aislado y extraño al movimiento organizado se apropia de la bandera ecologista, la cual a nuestro parecer no le pertenece. Menos aún cuando se ignora intencionalmente la existencia y la labor de un conglomerado de organizaciones que han tenido una presencia activa desde hace muchos años.
  En efecto, el movimiento ambiental -que arrancó con fuerza desde comienzo de la década de los setenta- ha desplegado un inte nso trabajo que se hizo más notorio a partir de 199 1 (recuerdese entre otras, la lucha por la aprobación de la Ley Penal del Ambiente y la movilización previa y posterior a la Conferencia de Eco 92) y que ha invertido un extraordinario esfuerzo por reunirse a diferentes instancias, propiciando la discusión y la negociación en aras de un entendimiento nacional entre las centenares de organizaciones que lo conforman.
  Sin embargo, durante este fructífero período de la ecología venezolana, caracterizado por la realización de centenares de reuniones, encuentros, talleres, seminarios y congresos, tanto a nivel nacional como internacional, la "vanguardia" política del PEV ha estado sistemáticamente ausente. Cabría preguntarle a la gente del PEV ¿a quiénes conocen o reconocen ustedes dentro del movimiento ambiental del país?. Y le preguntaríamos al lector ¿a quién conoce usted de la gente del PEV?.
No es nuestra intención negar la conveniencia de contar con instancias de poder capaces de promover las iniciativas ecológicas. La representatividad legislativa de proyectos ambientales es una necesidad básica que debe ser alcanzada por nuestras organizaciones. Nadie discute este postulado.
  Calibrar la posibilidad de fundar un partido ecológico capaz de luchar activamente por acciones concretas, desde una instancia de poder, en favor del ambiente y de un desarrollo justo y ecológicamente apropiado, ha sido una idea muchas veces discutida en el seno de las ONG venezolanas.
Pero a la hora de fundar un partido ecológico como el que pretenden los amigos del PEV, surge inmediata la cuestión de la representatividad política, entendida aquí como la concreción de un consenso significativo de la comunidad, en este caso, la comunidad ambientalista.
  La representatividad es determinante de la legitimidad de las ideas y las acciones que pretendan desarrollarse. Sin embargo, para lograr esa representatividad debe existir previamente el consenso. La amplitud de ese consenso se alcanza, gráficamente hablando, en proporción al flujo de información dentro de esa comunidad.
  Si bien es cierto que el movimiento ambiental ha crecido en militancia, experiencia y conocimiento: no es menos cierto que hasta ahora ha sido incapaz de crear un frente común que responda efectivamente a la realidad venezolana.
  Paralela a la potencial capacidad de trabajo de las ONG ambientalistas, surge el fenómeno de un aislamiento grupal que desacelera las acciones. Es la imagen de un archipiélago de esfuerzos desarticulados. No hemos logrado crear una red funcional que nos permita comunicarnos para actuar. No hemos sido capaces de crear una instancia organizativa para comunicarnos en función de proyectos cornunes.
 Esa es una realidad fundamental que no se puede obviar.
  Además, aún no contamos con un proyecto político nacional coherente que represente las innumerables aristas de la sociedad venezolana, y que sea capaz de ofrecer alternativas claras y factibles a los muchos cuestionamientos que hacemos del actual sistema minero rentista.
 
 Por ello nos resulta bien temerario pretender fundar partidos en esta etapa que aún catalogamos de gestación. Más aún -como es el caso del partido que lideriza el doctor Garcia Nuñez- cuando se pretende aisladamente eregirse como paladín de una causa.
  La vanguardia ambientalista no puede caer en la tentación de saltarse los procesos naturales que deben darse en un crecimiento organizativo sano. Por ello pensamos que como primer paso debe darse cabida a un sistema de comunicación "horizontal", como una estrategia interna del movimiento que evite que las relaciones de poder se conviertan en "clones" de formas organizativas caducas para nosotros. Lo contrario es fomentar el "diversionismo ideológico" y propiciar los abortos de un proceso de crecimiento social, que como todo lo ecológico tiene sus ciclos y sus tiempos.

 
 inicio