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El
surgimiento de un partido ecológico durante las elecciones
presidenciales de 1993, constituye un hecho notable que izo
puede ser ignorado por quienes trabajamos en la defensa del
ambiente y en pro de un desarrollo ecológicamente apropiado
para Venezuela. |
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La
reaparición del "misterioso" Partido Ecológico
Ve nezolano -el cual según entendemos fue fundado hace
más de cinco años- viene abanderada por la candidatura
del Dr. Blas Antonio García Nuñez, quien además
de ser filósofo y abogado, ejerce como docente en la
Universidad Central de Venezuela. Si bien no contamos con mayores
datos al respecto, sabemos que el candidato presidencia- ecológico
es un naturista convencido que practica a profundidad algunas
disciplinas orientales como las artes marciales y el yoga. De
hecho, el propio candidato prefiere en muchas ocasiones que
lo identifiquen por su nombre espiritual hindú, esto
es: Yogui Shankara.
Tambien
tenemos entendido que el llamado Partido Ecológico Venezolano,
PEV, cuenta con candidatos propios, en varios estados del país,
que optan por los cargos legislativos de la tarjeta pequeña.
Lo que no sabemos es quienes son realmente estos señores
que han hecho suyo el concepto de ecología para fundar
un partido político. No sabemos tampoco cual es su pensamiento
político, su orientación, sus líneas de
acción o sus propuestas. Pero más importante aún,
no sabemos |
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a
quiénes representan o dicen representar con su discurso
político y ecológico los desconocidos compañeros
del PEV.
Seguramente muchos militantes y simpatizantes de
la ecología criolla habrán quedado estupefactos
por el "rnadrugonazo" que esta etérea candidatura
le ha impuesto al movimiento ecológico venezolano.
Para las ONG ambientalistas, que hasta ahora han logrado evitar
el vanguardismo demagógico y han defendido la diversidad
de pensamiento de sus organizaciones, no deja de ser una ironía
encontrarse en una potencial situación de competencia,
donde un grupo aislado y extraño al movimiento organizado
se apropia de la bandera ecologista, la cual a nuestro parecer
no le pertenece. Menos aún cuando se ignora intencionalmente
la existencia y la labor de un conglomerado de organizaciones
que han tenido una presencia activa desde hace muchos años.
En efecto, el movimiento ambiental -que arrancó
con fuerza desde comienzo de la década de los setenta-
ha desplegado un inte nso trabajo que se hizo más notorio
a partir de 199 1 (recuerdese entre otras, la lucha por la aprobación
de la Ley Penal del Ambiente y la movilización previa
y posterior a la Conferencia de Eco 92) y que ha invertido un
extraordinario esfuerzo por reunirse a diferentes instancias,
propiciando la discusión y la negociación en aras
de un entendimiento nacional entre las centenares de organizaciones
que lo conforman.
Sin embargo, durante este fructífero período
de la ecología venezolana, caracterizado por la realización
de centenares de reuniones, encuentros, talleres, seminarios
y congresos, tanto a nivel nacional como internacional, la "vanguardia"
política del PEV ha estado sistemáticamente ausente.
Cabría preguntarle a la gente del PEV ¿a quiénes
conocen o reconocen ustedes dentro del movimiento ambiental
del país?. Y le preguntaríamos al lector ¿a
quién conoce usted de la gente del PEV?.
No es nuestra intención negar la conveniencia de contar
con instancias de poder capaces de promover las iniciativas
ecológicas. La representatividad legislativa de proyectos
ambientales es una necesidad básica que debe ser alcanzada
por nuestras organizaciones. Nadie discute este postulado.
Calibrar la posibilidad de fundar un partido ecológico
capaz de luchar activamente por acciones concretas, desde una
instancia de poder, en favor del ambiente y de un desarrollo
justo y ecológicamente apropiado, ha sido una idea muchas
veces discutida en el seno de las ONG venezolanas.
Pero a la hora de fundar un partido ecológico como el
que pretenden los amigos del PEV, surge inmediata la cuestión
de la representatividad política, entendida aquí
como la concreción de un consenso significativo de la
comunidad, en este caso, la comunidad ambientalista.
La representatividad es determinante de la legitimidad
de las ideas y las acciones que pretendan desarrollarse. Sin
embargo, para lograr esa representatividad debe existir previamente
el consenso. La amplitud de ese consenso se alcanza, gráficamente
hablando, en proporción al flujo de información
dentro de esa comunidad.
Si bien es cierto que el movimiento ambiental ha
crecido en militancia, experiencia y conocimiento: no es menos
cierto que hasta ahora ha sido incapaz de crear un frente común
que responda efectivamente a la realidad venezolana.
Paralela a la potencial capacidad de trabajo de
las ONG ambientalistas, surge el fenómeno de un aislamiento
grupal que desacelera las acciones. Es la imagen de un archipiélago
de esfuerzos desarticulados. No hemos logrado crear una red
funcional que nos permita comunicarnos para actuar. No hemos
sido capaces de crear una instancia organizativa para comunicarnos
en función de proyectos cornunes. |
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Esa
es una realidad fundamental que no se puede obviar.
Además, aún
no contamos con un proyecto político nacional coherente
que represente las innumerables aristas de la sociedad venezolana,
y que sea capaz de ofrecer alternativas claras y factibles a
los muchos cuestionamientos que hacemos del actual sistema minero
rentista.
Por ello nos resulta bien temerario pretender fundar partidos
en esta etapa que aún catalogamos de gestación.
Más aún -como es el caso del partido que lideriza
el doctor Garcia Nuñez- cuando se pretende aisladamente
eregirse como paladín de una causa.
La vanguardia ambientalista no puede caer en la
tentación de saltarse los procesos naturales que deben
darse en un crecimiento organizativo sano. Por ello pensamos
que como primer paso debe darse cabida a un sistema de comunicación
"horizontal", como una estrategia interna del movimiento
que evite que las relaciones de poder se conviertan en "clones"
de formas organizativas caducas para nosotros. Lo contrario
es fomentar el "diversionismo ideológico" y
propiciar los abortos de un proceso de crecimiento social, que
como todo lo ecológico tiene sus ciclos y sus tiempos. |
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