Comunicación y Educación
 

Periodismo ambiental
para otro tiempo
Marisela Salvatierra

 
  Las realidades adversas obligan a adoptar cambios para encontrar soluciones a los problemas. El creciente deterioro del ambiente en el planeta impone a los periodistas y a los medios de difusión masiva, especialmente en Venezuela y otros países no industrializados, más y mejor tratamiento de la información ambiental para la preservación del hábitat.
 
  Para nadie es un secreto que el siglo XX ha llegado a su etapa final con un modelo de civilización, que pese a sus notables avances, está evidenciado cada día manifestaciones inequívocas de una crisis que amerita urgente intervención.
  Mientras de una lado se celebran los signos de un progresivo ascenso en algunas áreas del acontecer humano, en la otra cara de la moneda se refleja el galopante deterioro económico y social de muchas regiones que conforman el planeta, a la vez que se hacen más evidentes los avances de degradación ambiental y situaciones que desmejoran la vida de la población.
  Si hacemos una rápida revisión de los acontecimientos que con mayor frecuencia han dominado la información contemporánea, nos encontramos tres aspectos interrelacionados que han sido disociados en su tratamiento, y que ahora convergen en la búsqueda de soluciones a esta nueva crisis. Ellos son los temas relacionados con el progreso científico y tecnológico, los diferentes aspectos del desarrollo económico asociados a la economía mundial y, particularmente, los concernientes a la problemática ambiental.

  El problema ambiental tiene una dimensión global que supera límites geográficos,  barreras económicas y
 
posiciones políticas e ideológicas. Dentro de esta globalidad, la postura que los individuos tienen en la sociedad, los niveles de desarrollo económico y social alcanzados por cada país y sus regiones determinan una percepción diferente y una forma distinta de jerarquizar los problemas ambientales.
  Vemos así, entonces, que mientras para los países industrializados y prósperos del norte el problema se centra en la cuestión general de la calidad de vida, amenazada por los propios problemas ambientales globales, originados en sus modelos de industrialización y consumo; para los países en desarrollo, en muchos de los cuales las necesidades básicas de la gran mayoría de la población están lejos de satisfacerse, más aún, donde el número de desposeídos y subalimentados aumenta, el problema fundamental es cómo utilizar racionalmente los recursos ambientales para superar la pobreza, permitir el crecimiento sostenido de la economía y alcanzar el desarrollo, sin menoscabar, destruir o arriesgar las capacidades del sistema natural, el cual, finalmente, constituye la base sobre la cual se sustenta el sistema social, determinando sus posibilidades de sobrevivencia.
  Ya en 1993 no existen dudas de que la sociedad mundial es un sistema cuyas interdependencias son cada vez más evidentes. La flagrante contradicción entre un centro industrializado próspero, que busca en la diversidad la creación y la satisfacción de nuevas necesidades, y una periferia que lucha cotidianamente por sobrevivir, implica una gran inestabilidad del sistema. Las contradicciones y conflictos que surgen de esta diferencia de bienestar y desarrollo están en el centro mismo de una potencial crisis del sistema.
  La urgencia de la humanidad por resolver esta nueva crisis, desarrollada por los problemas ambientales y del desarrollo, exige ahora una información adecuada que permita movilizar la opinión pública y sea capaz de influenciar las decisiones de los gobiernos. Esto sólo será posible a través de un proceso que le dé relevancia en los sistemas educativos al componente ambiental y desarrollo, para impulsar cambios de valores en la sociedad.
  El desarrollo sustentable, que ha sido concebido como la vía más efectiva para superar los problemas ambientales a que están sometidas nuestras sociedades, exige promover aceleradamente cambios actitudinales individuales y colectivos que propicien modificaciones sustantivas en los estilos y patrones de vida de los países desarrollados, y mejoramiento de las condiciones de salud, vivienda y alimentación en los países en desarrollo. En tal sentido, se ha planteado un programa mundial para el desarrollo sustentable. Es en este proceso, que no debiera ser utópico, le corresponde un nuevo papel histórico al periodismo.
  Pero están los medios de información listos, como formadores de una conciencia ecológica, para asumirla responsabilidad que le han asignado los estrategas de la educación ambiental. He aquí el gran dilema que debemos resolver, ya que numerosas evidencias, sobre todo en los países de América Latina, demuestran lo contrario.
  En la pasada Conferencia Internacional de Prensa sobre Ambiente y Desarrollo, evento paralelo a la Conferencia de Naciones Unidas, pudimos conocer que el desarrollo del periodismo Ambiental en Latinoamérica se encuentra rezagado y no supera aún la simple denuncia conservacionista, cuando se hace imperativo el análisis y la propuesta de solución. Esta información no supera el 2% de la cobertura realizada por los medios y en el caso concreto venezolano, la última investigación realizada por quien suscribe logró confirmar que la misma no supera el 1% en todo el país.
  Ante esta realidad que amerita urgente intervención, fue que la Comisión de Ambiente del Círculo de Periodismo Científico, diseñó una estrategia de acción para desarrollar la comunicación ambiental en Venezuela, atacando diversos frentes que incluyen programas formativos en las universidades nacionales, eventos para el encuentro y la discusión y grupos regionales, cuya misión será el desarrollo de proyectos de comunicación que permite consolidar el periodismo ambiental regional, en defensa de los ecosistemas y el bienestar de la población.
 

 
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