"No podemos dejar que cuatro indios quieran impedir que ocupemos sus tierras y los recursos que allí haya" Es la voz de nuestra actual civilización de origen europeo, que los indios americanos siguen llamando colonizadora, observándola con desconfianza y aun esperando estoicamente que se pase su hora y se destruya a sí misma, en su avaricia, en su contaminación, en sus nacionalismos anacrónicos.
  Los documentos sobre los congresos "El Indígena y la Tierra" y sobre las Federaciones Indígenas Americanas, revelan una capacidad intelectual y de organización asombrosa y una vitalidad latente del aborigen americano andino y de la selva, tanto más sorprendente tras siglos de persecución y explotación. Los "cuatro indios" (hablando sólo de Sud y Centro América) son etnias que suman millones de aborígenes, pertenecientes a miles de grupos y comunidades, desde los Mapuches del sur, los quechuas de los Andes, los Shuar de las selvas amazónicas, hasta los Mikitos y Lacandones de tierras centroamericanas y de México.
  Sus territorios fueron y siguen siendo secuestrados, sus elementos culturales se declararon obsoletos, su organización comunitaria, una sabia estructura de ayuda mutua y solidaridad humanas, es mirada por el oficialismo como un peligro o "foco de subversión". Frente a esto, en una obra ya clásica sobre "El Estado socialista de los Incas" de un grupo de científicos europeos, se tiene el modelo de sociedad comunitaria integrada, que según muchos políticos de diversas tendencias constituye la organización social y económica del futuro. Cierto que aquellas eran monarquías absolutistas; pero, después de todo, no se diferenciaban tan diametralmente del poder centralista de muchas democracias, con sus aristocracias, oligarquías y grupo ceremoniales.
  Existen los testimonios imperecederos de la vitalidad y creatividad de aquellas sociedades, por nosotros llamadas atrasadas o abúlicas. Tales juicios no se compaginan con las altas manifestaciones del arte, de la arquitectura, las construcciones viales y de drenaje, la artesanía de oro y la plata, la cerámica refinada, la música y la danza, el acabado arte agrícola de auténticos ecologistas y que hoy en día no somos capaces de emular. Como tampoco nos igualamos en la distribución social de los frutos del trabajo, en los cuidados de la vejez, de la niñez, de los enfermos e incapacitados. No había desempleados ni criminalidad organizada.
  Quien ha vivido en contacto con los indígenas y conoce algo de su indiosincrasia, comprende que ellos permanecen conscientes de su cultura pasada y de su extrañamiento actual. Desde luego muchos, despojados de su tierra, se han refugiado en las ciudades, donde los "incorporaron" a la civilización. Pero las mayorías permanecen aparte, cerca de la tierra, conservando su idioma propio (qhechua) y su historia, que es transmitida de generación en generación. No pocos indígenas se gradúan en las universidades y vuelven a reincorporarse a su pueblo, necesitado de ayuda honesta.
  "Abya-Yala" se llamaba su América, su "madre patria", desde milenios antes de las repúblicas, y así se sigue llamando. La cosmovisión del aborigen, el del altiplano, de la costa y de la selva, abarca el "sacha pacha", que es su mundo; y luego el territorio, "allpa" en quechua, como el lugar de la existencia del grupo o la comunidad, y la "llacta", su residencia actual con sus huertos ("huasipungo" no es de su mundo; es una mini parcela que le presta al latifundista). Esos tres elementos hacen el entorno geográfico del existir indígena;
ahí están su historia y los huesos de sus antepasados. Y están los espíritus cosmogóricos y las fuerzas mágicas que se mezclan con el destino de su vida y de su supervivencia milenaria, y están las fuerzas vitales de la naturaleza, ante todo el "inti" el sol que ellos adoran. "Somos seres que prestamos vínculos de amistad y colaboración", dice un indio Shuar de la selva ecuatoriana.
  La destrucción del mundo indígena es sistemática. Se los aisla y se los induce a un individualismo alienante. basta con decir (en forma muy legal): "Toma esta parcela" (si es que se la dan, generalmente de mala calidad) "y defienda los linderos", para que el indio quede desamparado. El concepto de "propiedad" individual de un pedazo de suelo le es ajeno, no hace sentido. Lo demás es fácil: le caen los leguleyos y lo aniquilan definitivamente. Es tan fácil comoeso.
  De ahí que ocurren hechos, para nosotros inconcebibles, como el caso de un alcalde de un pueblo del Perú, que hizo cambiar el busto del Libertador Simón Bolívar por el de manco Cápac II - no del invasor del sur que en el siglo 12 estableció el "Tahuantinsuyo", el imperio incaico
"sobre las cuatro direcciones del mundo", sino de manco Cápac II, que combatió a los españoles y fundó en las montañas de Vilcabamba un estado NeoInca, el que. resistió más de treinta años a los enemigos españoles. Manco Cápac II cayó luchando, fue hecho prisionero y descuartizado por los españoles, ante su propio pueblo.

*Escritor y Educador ambiental, Fallecido en 1991.

 
 
 
 

 
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