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Pero ese potencial de riquezas que aseguraban para Venezuela
un desarrollo sólido y soberano, no se perdió solamente
por razones de dialéctica económica, ni siquiera por
la lucha despiadada entre los agentes del capital. La riqueza del
país se escurrió entre las manos de una dirigencia
de escasa formación ética, incapaz de resistir las
tentaciones del inmenso poder que ejercían por la coyuntura
efímera del petróleo
La negligencia activa
Nuestros
dirigentes de este período democrático, que tanto
prometieron y que tanto tenían para emprender una verdadera
independencia económica a través de aquellas ya hoy
desechadas políticas de sustitución de importaciones
y diversificación de la economía, de fomento a la
agricultura, a la pequeña y mediana industria, al turismo.
Especialmente a partir del primer período de Carlos Andrés
Perez, época en que el país se vió inundado
de divisas. Todo esto se perdió. Ello no tiene siquiera la
excusa de la ineptitud pasiva, sino por el contrario, la pérdida
de este inmenso potencial está en razón de una negligencia
activa, del egoísmo y la corrupción de toda una pléyade
de dirigentes, funcionarios y oficiales - grandes, medianos y pequenos-
que pululan desde la década de los sesenta en el inmenso
aparato gubernamental venezolano. Este robo, este saqueo, esta entrega
complaciente y cómplice de los bienes patrimoniales del país,
no tiene otro calificativo que traición a la patria. Seguramente,
esos próceres de la guerra de independencia que tanto admiramos,
con Bolívar a la cabeza, no hubiesen vacilado en aplicar
el castigo reservado a los traidores en tiempos de guerra.
La Venezuela mestiza
y el sentido nacional
Para nosostros,
venezolanos mestizos producto de una cultura mestiza se hace dificil
visualizarnos como habitantes derechantes de un mundo propio, que
desde hace quinientos años ha sido explotado por los europeos
y sus descendiente anglosajones del norte de América. Quizás
esta falta de ubicuidad racial y cultural pueda explicar en parte
la escasa defensa de los intereses nacionales por parte de los líderes
venezolanos frente de las potencias económicas durante este
siglo XX.
La gestación
de la nacionalidad es seguramente un proceso lento que necesita
maduración. Al menos, es lo que siempre se dice para excusar
la falta de un sentido de patria y pertenencia que ahoga a nuestro
país. A nuestro aparente fracaso como nación joven
se le presenta incomoda la experiencia estadounidense y canadiense,
tanto o más jóvenes que nosotros y que sin embargo
han logrado desarrollar un sentido nacional no solo defensivo sino
ofensivo. Esto, si aceptamos la tesis del colonialismo económico,
tecnológico, cultural y militar que ejercen ciertos países
sobre otros.
Mantuanos de ayer
y de hoy
A principios
del siglo XIX la América hispana surgió una corriente
nacionalista que atravesó este continente de norte a sur
y que culminó con la independencia política y la consolidación
de proyectos nacionales. A pesar de su relativa insignificancia,
aquella pequeña colonia que era la Venezuela le tocó
jugar un rol político y militar de primer orden exportando
la revolución emancipadora a otras muchas regiones del continente
y sentando las bases de un panamericanismo incipiente.
Cabe preguntarse
que sentido de patria y pertenencia tuvieron aquellos hombres y
mujeres que liderizaron ese movimiento libertario. Sin pretender
idealizar globalmente el sentido de justicia social de los próceres
-pues como se sabe convivían diferentes intereses y tendencias
políticas- es presumible creer que a todos ellos los unía
un sentimiento de pertenencia como habitantes derechantes de un
país que había que construir. En todo caso, cuando
pensamos en los caudillos populares y en los mantuanos de ayer,
a quienes tocó hacer la guerra de independencia militar a
costa de grandes sacrificios y los comparamos con los líderes
políticos y mantuanos de hoy, a quienes correspondería
hacer frente a la guerra de independencia económica, la diferencia
es abismal no solo por la derrota de Venezuela en la batalla de
los mercados capitalistas mundiales, sino sobre todo, por la entrega
complaciente que nuestros gerentes (generales) hacen de nuestros
recursos naturales convertidos en el botín de la Guerra de
la Deuda Externa que se llevarán las potencias industrializadas
(Francia, Inglaterra, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Japón)
disfrazado bajo el ridículo nombre de "alianzas estratégicas"
y que no es otra cosa que una capitulación económica
prácticamente total del futuro del país. |