Editorial
Guerra por Guayana
     
 
La guerra económica

  Venezuela desciende por la espiral de su historia. Un retroceso pendular obligatorio: de la ficticia riqueza a la pobreza real. Esta caída diagonal parece sumergirnos en un pozo incierto y profundo que ignoramos donde nos conducirá. Sin embargo los símbolos del país herido y ciego están presentes a la vista. La Venezuela de finales del siglo XX le entrega al capital extranjero sus muchas riquezas minerales y fósiles. Lo que políticamente significó para la "Social Democracia y el "Social Cristianismo" venezolano las banderas de la nacionalización de nuestras industrias básicas, hoy esas mismas banderas han sido arrebatadas por las potencias industriales del primer mundo. Nuestro ejercito de fuerzas económicas y políticas se han dejado arrebatar los estandartes de la nacionalización que enarbolaban apenas hace 20 años.
  Se ha insistido, que en la motiva: ción de toda guerra subyace lo económico. Ahora, muerta la ilusión del petrodólar, sufrimos el reflujo, el contraataque de las fuerzas económicas del Primer Mundo, que siempre nos han enfrentado y que nos esperaban "en la bajadita".

  Pero ese potencial de riquezas que aseguraban para Venezuela un desarrollo sólido y soberano, no se perdió solamente por razones de dialéctica económica, ni siquiera por la lucha despiadada entre los agentes del capital. La riqueza del país se escurrió entre las manos de una dirigencia de escasa formación ética, incapaz de resistir las tentaciones del inmenso poder que ejercían por la coyuntura efímera del petróleo

La negligencia activa

  Nuestros dirigentes de este período democrático, que tanto prometieron y que tanto tenían para emprender una verdadera independencia económica a través de aquellas ya hoy desechadas políticas de sustitución de importaciones y diversificación de la economía, de fomento a la agricultura, a la pequeña y mediana industria, al turismo. Especialmente a partir del primer período de Carlos Andrés Perez, época en que el país se vió inundado de divisas. Todo esto se perdió. Ello no tiene siquiera la excusa de la ineptitud pasiva, sino por el contrario, la pérdida de este inmenso potencial está en razón de una negligencia activa, del egoísmo y la corrupción de toda una pléyade de dirigentes, funcionarios y oficiales - grandes, medianos y pequenos- que pululan desde la década de los sesenta en el inmenso aparato gubernamental venezolano. Este robo, este saqueo, esta entrega complaciente y cómplice de los bienes patrimoniales del país, no tiene otro calificativo que traición a la patria. Seguramente, esos próceres de la guerra de independencia que tanto admiramos, con Bolívar a la cabeza, no hubiesen vacilado en aplicar el castigo reservado a los traidores en tiempos de guerra.

La Venezuela mestiza y el sentido nacional

  Para nosostros, venezolanos mestizos producto de una cultura mestiza se hace dificil visualizarnos como habitantes derechantes de un mundo propio, que desde hace quinientos años ha sido explotado por los europeos y sus descendiente anglosajones del norte de América. Quizás esta falta de ubicuidad racial y cultural pueda explicar en parte la escasa defensa de los intereses nacionales por parte de los líderes venezolanos frente de las potencias económicas durante este siglo XX.
  La gestación de la nacionalidad es seguramente un proceso lento que necesita maduración. Al menos, es lo que siempre se dice para excusar la falta de un sentido de patria y pertenencia que ahoga a nuestro país. A nuestro aparente fracaso como nación joven se le presenta incomoda la experiencia estadounidense y canadiense, tanto o más jóvenes que nosotros y que sin embargo han logrado desarrollar un sentido nacional no solo defensivo sino ofensivo. Esto, si aceptamos la tesis del colonialismo económico, tecnológico, cultural y militar que ejercen ciertos países sobre otros.

Mantuanos de ayer y de hoy

  A principios del siglo XIX la América hispana surgió una corriente nacionalista que atravesó este continente de norte a sur y que culminó con la independencia política y la consolidación de proyectos nacionales. A pesar de su relativa insignificancia, aquella pequeña colonia que era la Venezuela le tocó jugar un rol político y militar de primer orden exportando la revolución emancipadora a otras muchas regiones del continente y sentando las bases de un panamericanismo incipiente.
  Cabe preguntarse que sentido de patria y pertenencia tuvieron aquellos hombres y mujeres que liderizaron ese movimiento libertario. Sin pretender idealizar globalmente el sentido de justicia social de los próceres -pues como se sabe convivían diferentes intereses y tendencias políticas- es presumible creer que a todos ellos los unía un sentimiento de pertenencia como habitantes derechantes de un país que había que construir. En todo caso, cuando pensamos en los caudillos populares y en los mantuanos de ayer, a quienes tocó hacer la guerra de independencia militar a costa de grandes sacrificios y los comparamos con los líderes políticos y mantuanos de hoy, a quienes correspondería hacer frente a la guerra de independencia económica, la diferencia es abismal no solo por la derrota de Venezuela en la batalla de los mercados capitalistas mundiales, sino sobre todo, por la entrega complaciente que nuestros gerentes (generales) hacen de nuestros recursos naturales convertidos en el botín de la Guerra de la Deuda Externa que se llevarán las potencias industrializadas (Francia, Inglaterra, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Japón) disfrazado bajo el ridículo nombre de "alianzas estratégicas" y que no es otra cosa que una capitulación económica prácticamente total del futuro del país.

 

La guerra por Guayana

  Tal es el caso de la minería que pretende llevarse a cabo en la Guayana venezolana. Si seguimos la misma lógica del capitalismo industrial, tendríamos variadas razones para oponernos -por ejemplo- a la minería del Alto Caroní. Mucho se habla de Guayana como emporio del futuro, pues allí se encuentran aglomeradas las llamadas empresas básicas como la siderúrgica o el aluminio, Los estrategas oficiales de la economía industrial argumentan que Venezuela posee una serie de llamadas "ventajas competitivas" para que estas industrias en proceso o con miras de privatización puedan interesar a los inversionistas foráneos. Entre las ventajas competitivas y por encima de la mano de obra

 

 
barata que ofrece Venezuela está la energía barata proveniente de la "Industria Hidroeléctrica" generada por la represa de El Guri.
  De hecho, la Empresa de Electricidad de El Caroní, EDELCA, representa desde un punto de vista la empresa más importante para el futuro de la Venezuela industrial y tecnológica, pues ella genera la mayor cantidad de electricidad que consume el país, a la vez de poseer un potencial hidroeléctrico capaz de producir 32 millones de kilovatios hora anuales que puede ser exportado a Brasil y Colombia, generando así divisas en dólares.
  Si tomamos el caso de la industria del Aluminio, esta es rentable en Venezuela no porque la Bauxita sea de mayor calidad, ni en razón de los bajos salarios internacionales que se pagan a los trabajadores del aluminio y mucho menos es competitiva por razón a la tecnología que utilizamos, ya que esta es importada. La "ventaja competitiva" tiene que ver con la posibilidad de contar la energía generada por las turbinas de Guri, la cual fluye interminablemente por esa gran vena que es la gigantesca cuenca del Alto Coroní, unos 96.000 Kilómetros cuadrados de superficie, equivalente a casi tres veces la superficie de Holanda y es mayor que las áreas nacionales de países como Hungría y Portugal.
  Y uno se pregunta ¿porqué no ven esto los estrategas del desarrollo industrial de nuestro país? ¿Como es posible que permitan que un sector minero ponga en peligro el "emporio industrial" de Guayana? ¿Es qué nadie quiere sacar la cuenta comparativa entre la productividad de la minería de oro y diamante y la productividad de la industria hidroeléctrica -digamos en lapsos de 50 años, 100 años, 150 años- y medir así cual es más rentable y sustentable para la Venezuela del próximo milenio.

Una ganga llamada Venezuela

  Cuando leemos los boletines editados en inglés por las empresas mineras transnacionales y constatamos la manera como se publicita a Venezuela frente al mundo, uno no puede dejar de avergonzarse.
  Para los mineros anglosajones y europeos, nuestro país viene a ser "la Nueva Suráfrica", pero advirtiendo entusiasmados que "con costos mucho menores" a los del país de la segregación racial.   Impresos en tinta anaranjada, los titulares de estos periódicos mineros gritan: "¡Bonanza, bonanza en Venezuela!...", a la vez que le explican al lector-inversionista las muchas ventajas que ofrece el gobierno nativo a los entrépidos empresarios que al grito de "¡Eureka! " decidan comprar acciones en la Bolsa de Valores de Montreal, Nueva York o Londres sobre concesiones en tierras venezolanas para la explotación aurífera o diamantífera.   Una de las "ventajas comparativas" que allí se explica -con número de decreto y demás señas legales- es la posibilidad ¡limitada de repatriar el capital obtenido «sin importar el monto de dicho capital»: todo un negoción.

 
 
 
 

Canje de deuda por naturaleza

  No es de extrañar que sea bajo el gobierno del Dr. Rafael Caldera que tome fuerza el interés por la minería como una manera de "desarrollar" las regiones al Sur de Venezuela. Sea por la época que le toco nacer, sea por su formación, pensamos que el actual Presidente de la República, hereda de alguna manera esa visión "Gallegiana" de las regiones remotas. Donde la Venezuela de selva e indio contrastan con la Venezuela floreciente y petrolera de la década de los cuarenta. Es la nostalgia por la imagen prometedora de industria y progreso, de colonos blancos que llegan a mestizar las regiones de piel oscura y costumbres bárbaras. Es ciertamente aquella esperanza que se gestó en muchos venezolanos de la postguerra por un país que surgía lleno de posibilidades para desarrollarse siguiendo el modelo estadounidese. Como un elemento de esa interpretación de la lucha entre civilización y barbarie, surge, a finales de los sesenta, el proyecto de "La Conquista del Sur" de Venezuela. De corte netamente "desarrollista" y con semejanzas al proyecto de los militares de la dictadura brasileña, la Conquista del Sur planifica centros urbanos e industriales y vías de comunicación que hagan posible la expansión y control del territorio bajo la premisa de la soberanía nacional y la independencia económica.
  Hoy, la conquista minera de Guayana, plantea un escenario enteramente diferente: 1) La penetración a este territorio es llevada a cabo no por agentes nacionales sino por compañías extranjeras. 2) La razón de esta penetración no busca el desarrollo de una industria nacional sino generar divisas para pagar una deuda externa que nos agobia.
  Hace unos cuatro años comenzó una polémica internacional sobre el tema de los mecanismos de canje el país deudor ofrecía una porción de su territorio virgen para que fuesen preservados en estado natural y asegurar así la conservación de los recursos naturales allí existentes. El mecanismo de canje tenía variadas modalidades de implementación, dando por lo general la intermediación de una organización no gubernamental -nacional o extranjeracomo gerente del área a preservar. Por su parte el país acreedor, a través de una operación bursátil canjeaba bonos de la deuda por "bonos de conservación ambiental" que estaban a disposición de aquellas organizaciones de cooperación internacional que desearan colaborar con la preservación del medio ambiente. En Venezuela este mecanismo no logró cuajar dada la estricta y avanzada legislación ambiental venezolana. A pesar de que organizaciones como Bioma hicieron lobby a favor de propuestas de deuda por naturaleza", se argumentó -con razón- que el valor de la deuda eximida no correspondía al valor de la hipoteca que incluía dicho mecanismo sobre porciones del territorio nacional y que, entre otras cosas, lesionaba nuestra soberanía.
  Para los que vieron en el sistema de canje de deuda externa por naturaleza un mecanismo del colonialismo -que buscaba de alguna manera apropiarse de la riqueza en diversidad biológica que poseen estos ecosistemas tropicaleshoy asistimos a un sistema mucho más burdo y directo del canje de la deuda externa venezolana a cambio del sacrificio de los preciosos ecosistemas del macizo guayanés, donde se encuentra uno de los potenciales hídricos más grandes del planeta.

 
 
 

Garimpeiros de cuello blanco

  Sería estúpido pensar que el Fondo Monetario- Internacional -el cual nos presiona a pagar compulsivamente la deuda- no está detrás de estas negociaciones mineras que se llevan a cabo entre el gobierno nacional y las transnacionales. La avalancha de compañías extranjeras que han incrementado su presencia en Venezuela durante los últimos meses hace pensar en negociaciones de alto nivel. Es particularmente importante la presencia canadiense que conforma un lobby poderoso, el cual se refleja muy bien en su lema «Canadá lo tiene todo». Son 34 empresas dedicadas a través del mundo entero a la explotación de oro, diamante, níquel, y otros minerales. Estas empresas publicitan su capacidad tecnológica para diferenciarse de los vulgares garimpeiros.
De hecho poseen un alta tecnología para localizar y diagnosticar yacimientos, gracias al uso de satélites y computadoras con sofisticados programas geodésicos. Sin embargo los métodos de exploración y explotación son solo más sofisticados dada su mayor capacidad financiera que les permite la utilización de equipo pesado y laboratorios más tecnificados para producir los químicos como el cianuro- que amalgaman el oro.

 


La gran mentira de la Minería sustentable

  No obstante el impacto ambiental de esta actividad, que descaradamente quieren vender con la imagen de "minería sustentable" es prácticamente el mismo que producen los miles de garimpeiros brasileños en las cuencas del Orinoco. Se trata en todo caso de ecocidios «legalizados», planificados con criterios tecnológicos, que cuentan con el respaldo de una imagen corporativa de cuello blanco.   Algunas de estas empresas, a través de elegantes y costosos folletos de presentación, nos ofrecen poéticamente explicaciones sobre su preocupación por el medio ambiente y su capacidad para reparar cualquier daño causado. Argumentan esta de deuda externa por naturaleza. El sistema en cuestión consistía en que falacia con fotografías de sus operaciones en regiones septentrionales, donde los ecosistemas se caracterizan por su uniformidad y se hace posible una cierta "reconstrucción" artificial del paisaje. Es bueno que se sepa de una vez por todas que los ecosistemas tropicales, especialmente los amazónicos, dada su altísima diversidad biológica y su también altísima fragilidad, hacen imposible su reconstrucción. Si se destruyen estos ecosistemas guayaneses tenemos que saber que su destrucción será para siempre. Quien ofrezca lo contrario es un farsante y un mentiroso. ¿podremos ser tan tontos para no sacar la cuenta final de la productividad neta que nos dejará la extracción de unas cuantas toneladas de oro y diamante comparada con la productividad sustentable proveniente de recursos hídricos y el potencial hidroeléctrico de Guayana?

Los nuevos Welsares

  A pesar de la terminación de la «guerra fria», a pesar de la llamada «muerte del comunismo", a pesar del "fin de las ideologías", a pesar de lo mucho que nos duela reconocerlo, Venezuela es - hoy más que nunca- una colonia periférica del imperio tecnológico global que se reparten el grupito de los siete, G- 7. Tal como hace quinientos anos, una nueva oleada invasora llega hoy a nuestro territorio con ánimo de ver que se lleva al menor costo Posible. El discurso ha cambiado de forma, pero el contenido ha sido hasta ahora el mismo. En el pasado, la avasallante arrogancia del conquistador dio pie para que se irrespetaran todos los tratados que los europeos firmarán con los indígenas americanos, a lo largo y ancho del continente. Cabría preguntarse si el impulso colonialista que animó esa primera invasión europea -es decir el ansia de riqueza haya variado sustancialmente los últimos quinientos años. Cabría preguntarse también cual será el bando que tomaremos nosotros los venezolanos -derechantes de este territorio y descendientes mestizos de invasores e invadidos- quinientos años después.

 

 
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