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"Hermano
indio"
Carlos H. Durand *
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Desde
la conquista europea se pretendió que los pueblos
indios negaran su historia y distorsionaran su práctica.
Los dominadores impusieron modelos sociales que legitimaron
su poder, obligando a los autóctonos a sobrevivir
en las selvas, sierras y desiertos, o en su caso utilizándolos
como fuerza de trabajo de minas, haciendas y plantaciones.
En
algunos casos la ocupación europea llevó
al exterminio de la población, como sucedió
en ciertas latitudes del Caribe antillano y del Uruguay.
En el caso de México, a la llegada de los peninsulares
la Población sería de entre 25 a 30 millones.
A sólo 60 años de la conquista, el número
de naturales se redujo a tan sólo 3 millones.(1)
En
otras regiones, el genocidio se combinó con el
etnocidio(2) en el que sin matar
los cuerpos, se controló la concie ncia de los
dominados. |
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Fue así
como, ante la magnificencia de 1500 años de producción
científica, cultural y socioeconómica,
los centros urbano- religiosos fueron destruídos,
los códices incinerados, la estructura social
desaparecida, el modelo de producción readecuado
y su fuerte religiosidad convertida en sacrilegio.
Patrón
«útil» de aculturación lo
constituyó la palabra «indio» con
la que fueron« bautizadas» más de
mil culturas, encajonando de la misma forma a pueblos
que se diferenciaban en sus contenidos y expresiones.
Mayas, Chibchas, Caribes, Quechuas, Aymaras, Quichés,
etcétera, fueron integrados a una sola identidad,
la de ser indios... sin serlo.
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| Sin
embargo, no obstante el permanente asedio del que fueron
víctimas, las poblaciones indias, contra todo y
contra todos, lograron sobrevivir, las más de las
veces por sus luchas de resistencia o por haberse mantenido
en el ocultamiento, conservando algunos de sus principales
rasgos culturales dentro de los que sobresalen, su lengua
y diversos aspectos de su organización socio- económica,
algunos de ellos en la actualidad representan auténticos
modelos alternativos para alcanzar un mundo mejor. ¿Que
decir, por ejemplo del conuco indígena desarrollado
milenariamente por las culturas amazónicas y del
que reiteradamente los |
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científicos
han reconocido sus virtudes en el equilibrio de las
regiones selváticas?
Hoy
nos encontramos en un nuevo momento del movimiento indio
latinoamericano, en el que, bajo la antigua tradición
libertaria de Canek, Jerónimo, Tupaj Katari,
Emiliano Zapata y de tantos otros, los
indios mexicanos, (los zapatistas) le están planteando
al mundo la crisis de modelos sociales que se presumen
«post modernos» pero que no son sino avasalladores
del medio que les rodea, colocándose los pueblos
indios con sus tradiciones y aportaciones como una opción
para un mundo equitativo.
El
indígena no es sólo, ni fundamentalmente,
digamos una vivencia
material objetiva, sino también una postura,
una definición, una fuerza libertaria. Es la
convicción de que nuestras raíces son
ecológicamente equilibradas, económicamente
igualitarias, políticamente solidarias, con una
cosmovisión sobre la familia, la salud, la vivienda,
el amor y la amistad fundada y sostenida en un cooperativismo
a toda prueba y en un constante refrendar de lo humano
que es capaz y
con el cosmos.
La
irrupción indígena del sureste mexicano
no representa un grito desesperado de algún núcleo
indio en particular, constituye más bien el afianzamiento
de una nueva conciencia étnica que expresa la
voz de más de cincuenta millones de «indios
latinoamericanos » que reconocen que sus derechos
se encuentran pendientes. De esta manera a más
de quinientos años de su negación «lo
indio» ha adquirido en el rostro de los zapatistas
mexicanos, una nueva expresión de la época
de cambio que se aproxima hacia el año 2000...
a decir de los propios indios «Ya se avecina el
siglo de las luces en el que los humanos volveremos
a encontrarnos con nosotros mismos»(3).
1.-Cook
F. Sherboone, et al. Ensayos Sobre Historia de la Población,
México y el Caribe. 2.- Pierre Clastres advierte
el etnocid1p como la destrucción sistemática
de los modos de vida y pensamiento diferentes a quien
lleva a cabo la destrucción. Cf. Clastres Investigación
en Antropología Política, Ed., Gedia México,
1984. p. 34. 3.- Tomado de Avendaño de Durand,
El Combate de la Luces, Los Tacuates, México
1993.
* Abogado
agrarista. Profesor de la Universidad de Chapingo, México. |
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