Imágenes de oro y selva
Oswaldo Pérez Báez
 


  Como corresponsal de La Era Agrícola en Caracas, me ha tocado presenciar dos acontecimientos que por lo extremadamente contrastante de sus imágenes quisiera reseñar:

Una historia de la selva

  La película "La Casa y la Se va de Volkmar Ziegler presentada en Cinemateca Nacional como parte de la campaña que desarrolla CONIVE contra la impunidad de a masacre Yanomami de Haximú.

   

   Un indio Yanomami, hablando desde El Amazonas, en lengua Yanomami, contando su historia con la musicalidad de su hablar, en armonía total con la selva... escucharlo era como oir el canto de un pájaro. Transmitía verdad sin segundas intenciones.
  
Los Yanomami hablaron durante dos horas, narraron la historia de como fueron invadidos por los mineros y como estos destruyeron sus tierras, sus ríos, sus posibilidades de supervivencia trayendo nuevas y mortales enfermedades.
  
Cuando los Yanomami declararon la guerra a los "Garimpeiros" y deciden enfrentarlos utilizando sus arcaicas armas, se convierten sin proponerselo en revolucionarios, en guerrilleros ecológicos, en el último vestigio de los defensores humanos de la selva amazónica.

   

El poder del oro

   Tercer Simposio Internacional del Oro en Venezuela, realizado en Caracas a principios de Octubre de este año. Logré entrar a la exposición comercial del evento y quedé profundamente sorprendido por varias razones.
  
Lo primero fue percatarme que la casi totalidad de las 32 empresas participantes eran firmas transnacionales. El lujo y la tecnología desplegados en los diferentes puestos de exhibición, en los materiales impresos, videos, multimedias, etc., eran reflejo del inmenso capital que se mueve por detrás del negocio mundial de la minería. La atmósfera que se respiraba era algo más que el de una feria internacional de exposiciones; era un mercado donde se comerciaba -a través de mapas satelitares computarizadospedazos del territorio nacional bajo la forma de conseciones mineras para la explotación.
  
Debo reconocer que me impresionó el poder que maneja el sector minero a escala internacional. Ver esto y presentir la devastación total del Amazonas de sus habitantes, fue para mi una misma cosa. Pensé en todo lo que me informó un eminente científico conocedor de las va riables que rigen los ciclos de lluvia de Venezuela. Como la lluvia en casi todo el territorio nacional está íntimamente ligada con El Amazonas.
  
La analogía en base al paralelismo África-Suramérica, de como llegó Etiopía a convertirse en uno de los países más pobres del planeta por la sequías que generaron las deforestaciones de los bosques que se sitúan debajo de la línea ecuatorial.

Pensé en como ha aumentado la pobreza en Venezuela en los últimos treinta años después que nuestros gobernantes enfatizaran el modelo minero de desarrollo. Pensé en el deterioro del ambiente que se registra en nuestro país como consecuencia de la actividad minera. Lo endeudados que estamos. Los daños en materia ambiental no se reconocen como elementos de negociación al hablar de deuda externa. El oro, el níquel, el uranio, el diamante se los llevan y como compensación nos queda un país cada día más empobrecido, más contaminado, más endeudado y más desgastado en sus reservas.
  
La pregunta que debemos hacernos es: ¿De qué lado estamos?. ¿Del lado del indio Yanomami -que actualmente plantea la creación de un Parque Nacional Yanomami como zona de reserva mundial- o del lado del sector minero transnacional?.
 

 
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