Para fumigar sin contaminar
La Sabadilla

Carlos Cesari

  Los alquimistas de la antigüedad definieron al agua como un líquido incoloro, inodoro e insípido, y al aire como un mezcla de gases con los mismos caracteres organolépticos mencionados para el agua.
 
Desgraciadamente, los hombres de finales de este siglo debemos enfrentar la paradójica realidad de que el agua tiene sabor y color desagradables y el aire huele mal. Si a eso le sumamos la basura, los desechos industriales (incluidos los radiactivos) los pesticidas y plaguicidas, es probable que todo nuestro planeta tenga mal sabor y olor. Cuando estas característica forman parte de los producto que utilizamos para alimentarnos, la cosa es doblemente grave .
  El tema de la fumigación en la actividad agrícola ha estado en el tapete desde finales del la Primera Guerra Mundial , pero ha sido en los últimos tres decenios que el uso indiscriminado de pesticidas y herbicidas ha llevado a nuestros alimentos a un nivel tal de toxicidad que en muchos casos ha producido

 
muertes masivas, o en el "mejor" de los casos severas intoxicaciones, problemas alérgicos, respiratorios, enfermedades de la piel, etc.
  Cualquier esfuerzo grande o pequeño que se haga para revertir esta nefasta tendencia de seguir envenenando nuestros campos, y por ende toda la vida en ellos cobijada incluida la nuestra, debe ser atendido en procura de que más y más personas tomen consciencia de la gravedad del problema así como también para que se establezca un intercambio de información relativa al empleo de métodos alternativos no contaminantes.

  En Venezuela, tenemos la fortuna de contar entre nuestra flora con La Sabadilla - Schoenocaulon officinale- . Esta planta pertenece a la familia de las Liliaceas, es decir que crece a partir del bulbo, y que puede alcanzar una altura de 1,50 metros. En nuestro territorio ha sido reportada para los Teques, la carretera vieja de la Guaira, Papelón arriba, Macarao, Catuche, Lagunetica, siempre en cotas próximas a los 1.100 metros. Fuera de nuestro país que se ha encontrado en México y en el departamento de Magdalena en Colombia.
  En la carretera que une a La Victoria con la Colonia Tovar, en el estado Aragua , aproximadamente desde los 1000 hasta 1700 metros sobre el nivel del mar, la La Sabadilla crece abundantemente. A partir del mes de julio, podemos verla en flor y a mediados de septiembre, dependiendo del sol y la lluvia de cada año en particular , ya hay semillas maduras para su recolección. Son precisamente éstas las que contienen los principios activos, una serie de alcaloides, entre los cuales los principales son La Veratrina, La Veratridina y La Sabadillina , y que se encuentra en una proporción de 3 a 6 por ciento, En 10 kilos de semillas podemos conseguir 8-9 gramos de Veratrina, 5-6 de Veratridina y 2-3 gramos de Sabadillina.
  Los efectos tóxicos del «guarapo» de Sabadilla son concidos desde hace siglos . Incluso era empleado para curar infecciones cutáneas producidas por piojos y sarna en animales. Aislando los componentes activos de las semillas , durante la primera guerra mundial se fabricaron potentes lacrimógenos y estornantatorios.
  Actualmente , muchos países están interesados en la Sabadilla . El autor ha guiado a personas provenientes de Europa que desde hace años conducen estudios a objeto de determinar las dosis exactas para cada tipo de plantas y de plaga que desea controlar.
  Como podemos ver , tenemos a mano una exelente herramienta de trabajo completamente orgánica y no contaminante. La sabadilla nos brinda la oportunidad de reivindicarnos, por lo menos en parte, del tradicional empleo de plaguicidas químicos en la agricultura contaminante.
  Sería de gran trascendencia que las personas e instituciones que tengan relación directa con el tema de la protección ambiental y sanitaria realizaran pruebas de empleo de La Sabadilla en nuestro territorio con las diferentes especies agrícolas, a fin de poder brindar a nuestros agricultores una alternativa confiable y no contaminante para el control de plagas.
  Alguien dijo una vez «eres lo que comes». Dejemos pues de comer alimentos envenenados y démosle una oportunidad a la La Sabadilla.

 
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